



María Teresa Díez Martín
Universidad Nacional de Educación a Distancia.UNED/ España
Hacer visibles a las mujeres como sujetos activos de la historia es uno de los objetivos elementales de la Historia de Género y de las Mujeres, que, inevitablemente, ha conducido a la indagación sobre los sistemas sustentantes de la subordinación femenina. Una investigación que se viene desenvolviendo, hace ya tiempo, en el marco multidisciplinar de los Estudios de Género. Dinámica que ha generado propuestas indispensables a las corrientes historiográficas renovadoras y continúa planteando a la práctica histórica retos de importancia. Pues aún está en marcha la articulación entre los logros que produjo la historia social y las perspectivas abiertas desde el campo de lo discursivo de la historia cultural, además de la necesaria normalización de la Historia de Género y de las Mujeres dentro de una historia integrada.
Estos son los puntos de referencia para el trabajo que ahora presentamos en síntesis. En él se ha tratado de explorar las experiencias históricas de las mujeres vallisoletanas durante la II República(1), y de indagar a través del discurso público y privado en las prácticas políticas y sociales; dialéctica que define la ciudadanía de las mujeres plenamente adquirida durante el período republicano. Pues, por primera vez en nuestro país, las mujeres fueron parte de lo público legitimadas por los derechos de ciudadanas. Lo que fue una nueva y esperanzadora situación para las mujeres, se ha confrontado con la formulación de los idearios culturales de género, ya fueran estos tradicionales, feministas, de clase o partidistas. En último caso, se pretende que esta investigación sea una aportación a la historia del período republicano en Valladolid.
Por otra parte, el estudio ha dejado planteadas novedosas y prometedoras líneas que apuntan a categorías de análisis complementarias, como la de las culturas políticas de género que se recogen para un proyecto futuro.
Se han utilizado tanto fuentes escritas como orales. Entre las primeras han sido fundamentales los diarios El Norte de Castilla y el Diario Regional, junto al semanario socialista Adelante y el falangista Arriba. Sobre la filiación ideológica de los dos diarios, brindan una precisa caracterización las consideraciones de Checa Godoy: " Diario Regional será órgano a caballo entre e integrismo y de la CEDA y el Norte de Castilla, más influyente, oscilará entre el conservadurismo independiente y una cierta simpatía hacia el radicalismo, pero en cualquier caso fieramente enfrentado a la izquierda"(2). La oposición a estas posturas sería uno de los fines del socialista Adelante, erigido en el mejor defensor de la política municipal republicano-socialista. La misma que El Norte de Castilla y Diario Regional silencian o critican. También, el semanario socialista abanderó la lucha anticlerical, siendo el acicate continuo de la línea confesional-católica del Diario .Regional.
La prensa, pues, muestra la escena política local y nacional conformada en espacio creador de los discursos de género. Así, la derecha católica y conservadora sublimaba el destino natural de la mujer como esposa, madre, piedra angular de la familia y espejo de las virtudes cristianas. De la misma forma reivindicó la prensa fascista la condición femenina y, además, enfatizaba su subordinación al destino guerrero de los varones, en una perfecta apología sacrificial de inmolación y culto al dolor(3).
La lucha por la igualdad de los sexos fue la tarea que se marcaron las izquierdas republicanas. Impulso que amparó los objetivos del feminismo liberal, y que encontró su portavoz en El Norte de Castilla. Por último, la difusión del ideario feminista de clase ocupó continuamente las páginas socialistas de Adelante, en una doble tarea de propaganda y educación política.
Las fuentes orales se han manifestado como un instrumento primordial, y han aportado los factores de interpretación sobre la memoria histórica individual y colectiva. Las entrevistas grabadas han permitido conservar unos valiosos testimonios humanos, y han dado a esta investigadora una lección de historia viva. Vaya por delante mi agradecimiento a las mujeres y hombres que, con entusiasmo y generosamente, han contribuido con sus recuerdos a este estudio.
La presencia femenina: población, trabajo e instrucción
Los aspectos poblacionales de Valladolid durante los años de la II República siguieron la pauta nacional del modelo demográfico de nuevo régimen, que se aprecia durante el decenio de los años treinta más acusado en la ciudad que el campo. Se constata así, una mayor población femenina sobre la de varones debido al menor índice de mortandad, superior esperanza de vida y tasa de supervivencia.
Se acusa, igualmente, un descenso de las tasas de nupcialidad y natalidad condicionadas en gran medida por la crisis económica, e indicadoras de prácticas anticonceptivas voluntarias que sugieren un cambio en la mentalidad femenina. Por otra parte, el retraso en la edad de los matrimonios provocó un aumento de solteras y la mayor demanda de trabajo remunerado. Necesidad que se impuso también a las casadas y viudas ante el aumento del desempleo masculino.
Valladolid, como capital regional, fue un centro de acogida de la emigración rural, y principalmente la de los núcleos urbanos periféricos, población migrante que en una alta proporción fue femenina, contrastando con la preferencia masculina por la emigración a la periferia peninsular y extranacional. El importante contingente de mujeres que acogía la ciudad se dedicaba, en su mayoría, a las labores domésticas y ocupaciones derivadas de la reproducción. Una minoría de ellas se contabilizan entre las activas, de éstas los índices más altos corresponden al servicio doméstico y trabajos relacionados con las tareas tradicionalmente adjudicadas a las mujeres. Porcentualmente, la ocupación en el sector secundario se muestra muy pequeña respecto al total de activos, y es la rama del textil el sector que más trabajadoras agrupaba. Fue, no obstante, un colectivo escaso en relación con las concentraciones industriales de primera línea peninsulares, pero el más alto en el ámbito regional. Pues, Valladolid durante las tres primeras décadas del siglo XX fue una provincia dinámica cuya capital se encontraba en proceso de industrialización, de tal forma que se constituyó en foco de atracción de los recursos periféricos regionales.
La alta proporción del analfabetismo femenino es otra de las características a destacar, como sinónimo de una triste realidad nacional. Situación que experimentaría una mejoría notable en los años republicanos, por los programas gubernamentales que propiciaron la extensión de la educación en general, y la corriente ideológica que incentivaba la incorporación activa de las mujeres a la vida social a través de múltiples proyectos culturales, institucionales o alentados por las formaciones políticas. Estas últimas desarrollaron sus actividades en Valladolid a través de la Casa del Pueblo y la Casa Social Católica. Todos estas iniciativas se situaron en el centro de la polémica nacional sobre la educación e instrucción de las mujeres, y que en sus diversos matices refleja la prensa local(4).
Aún acusando la crisis económica, el período republicano significó una mejora apreciable en el nivel de vida de la población vallisoletana(5). A la que contribuyó, de forma decisiva, una normativa laboral más progresista con los derechos de los trabajadores, que fue intención preferente de los gobiernos republicanos-socialistas. Las obreras se beneficiaron de las ventajas generales y algunas que les afectaban singularmente, como las prestaciones de los seguros públicos a la maternidad y sus servicios asociados. Disposiciones gubernamentales que, aún estando lejos de una efectiva implantación por múltiples causas(6), comprometieron al Ayuntamiento de Valladolid en algunos de sus fines, entre los que destaca la promoción del "Instituto de Maternología y Puericultura"(7), primera institución en su género promovida por una municipalidad.
Complementariamente, y con semejantes fines asistenciales, las Mutualidades fomentadas por las agrupaciones políticas ofrecieron una cobertura importante, y acogieron a un número elevado de mutualistas. Organizaciones que, como efectivo instrumento de propaganda política, se dirigieron directamente a las mujeres, desde los diferentes presupuestos ideológicos que representaban en la ciudad la Mutualidad Obrera(8), vinculada a la Casa del Pueblo, y la Mutualidad Maternal ligada a la Casa Social Católica(9).
Sin embargo, y a pesar de estas condiciones favorables, la situación de las mujeres trabajadoras en Valladolid como en el resto del país, no experimentó avances sustanciales, porque la Legislación Laboral, en lo que a ellas les afectaba, contenía disposiciones discriminatorias que legalizaron una explotación sin atenuantes(10). Esta situación no fue objeto de lucha frontal por parte del sindicalismo reivindicativo socialista, que defendío la igualdad de los derechos laborales de las mujeres desde sus convicciones programáticas de clase. Y en consecuencia, la discriminación del menor salario femenino no supuso una reivindicación diferenciada.
La falta de empuje del propio sindicalismo femenino se muestra como causa elemental que contribuye a una contestación débil. Si esto es una realidad en el contexto general del país, mayor peso tuvo en Valladolid, donde la posible vanguardia de las obreras industriales quedaba anulada por su mínima presencia, lo que condicionó la afiliación sindical(11) .
La derecha aunque también denunció la situación de las trabajadoras y demandaba soluciones, lo hizo desde presupuestos diferentes, pues, le animaba un reformismo social con tintes cristiano-caritativos que testimoniaba la actuación del movimiento sindical-católico de la ciudad.
La práctica ciudadana de las vallisoletanas.
Cuando el cuerpo legislativo del proyecto democrático republicano-socialista estableció formalmente la igualdad de los sexos, posibilitó la plena participación política de las mujeres. Es ésta una afirmación que se debe subrayar, independientemente de las inevitables contradicciones o de los límites ideológicos que la mentalidad tradicional impuso a la práctica total de la ciudadanía femenina. Porque, en cualquier medida que se considere, supuso la transgresión de los valores sociales conservadores. Una percepción, si cabe, más acusada en la mentalidad provinciana de la sociedad vallisoletana que entra de lleno en un exacerbado debate, mediatizado por las coordenadas ideológicas y políticas de un discurso polarizado entre la derecha católica agrarista y la izquierda socialista. Dualidad aún más relevante ante la mínima organización de fuerzas radicales como la comunista, la anarquista o un feminismo de vanguardia.
Son factores que aparecen como decisivos a la hora de rentabilizar los votos femeninos, o de contener lo que fue un nuevo poder en manos de las mujeres. Así, la consecución del sufragio femenino como derecho político por excelencia, logró movilizar múltiples recursos políticos. En este sentido, se recogen los discursos de la política electoral, que desvelan, en un rápido bosquejo, claves decisivas para la interpretación del período en la ciudad: el inicial miedo al voto de la mujer tanto de la izquierda como de la derecha(12), los discursos de Gil Robles poniendo en píe de guerra a un ejército femenino integrista-católico(13), el efectivo activismo político de la Liga Anticomunista Femenina abanderada de la lucha contra el marxismo y la masonería(14), o las ultramontanas arengas de Falange Española que anunciaban a la nueva mujer española(15); en contraste, se registra el discurso radical de los partidos republicanos, que tienen en la Unión Republicana Femenina liderada por Clara Campoamor(16) su foro feminista, o la decidida defensa de la izquierda obrera socialista por el voto y los derechos de la mujer(17).
Si la relevancia de la práctica electoral de las mujeres alcanzó a todas las esferas de la vida ciudadana, quizás mayor significación adquirió la militancia política. Con independencia del número o los porcentajes de las afiliadas, la incidencia fue claramente cualitativa en el área social y cultural. Una importancia que asumieron todas las formaciones políticas, que crearon y apoyaron el desarrollo de sus ramas femeninas.
La izquierda obrera lideró el feminismo socialista organizado en el Grupo Femenino Socialista(18), que señalaba una intención de ruptura con la mentalidad tradicional de y sobre la mujer, y una sincera batalla por la emancipación femenina, sin embargo, subordinada a los intereses del partido que eran los de la revolución social. Es precisamente el ímpetu revolucionario el que explica la mayor iniciativa y responsabilidad organizativa en los temas de las mujeres de la Juventud Socialista. Por otra parte, parece que faltó, o fue muy débil, entre la familia socialista vallisoletana el asentamiento de corrientes coincidentes con propuestas feministas más avanzadas dentro del PSOE, como la que representó Margarita Nelkel.
En el movimiento de derechas, que aglutinó con ventaja a la mayor parte de mujeres organizadas, el protagonismo perteneció a la Liga Anticomunista Femenina dirigida desde el integrismo agrario y el obispado. La Liga se integraría en la órbita de la CEDA, bajo cuyo impulso una parte de la organización se constituyó en Acción Popular Femenina. La recuperación de Acción Católica a partir de 1934, reforzó las filas de la derecha femenina con Acción Católica Femenina y Juventud Femenina de Acción Católica.
En una caracterización común de las fuerzas conservadoras resalta su dependencia de un ideario patriarcal cerrado, el que se asumió como parte característica de su cultura política contraria a cualquier libertad de las mujeres, sin ambigüedades. No obstante, y entrando en contradicción con la usual ausencia de las mujeres en los espacios públicos, la alianza de la derecha y la Iglesia promocionó la movilización femenina de forma masiva en apoyo de sus intereses. Lo cual, suponía el ejercicio activo de sus derechos de ciudadanas, aun contando con el efectivo control partidista y espiritual. El peso decisivo de la militancia femenina conservadora en el devenir político del período republicano es un hecho que hay que destacar, y sobre el que aún faltan estudios locales de entidad como ocurre en el caso de Valladolid.
Sobre lo anteriormente expuesto, se puede deducir que tanto en el bloque ideológico de la derecha como en el de la izquierda se impuso una general prioridad partidista sobre las reivindicaciones propias de las mujeres. Y aun considerando las diferencias entre los dos bloques, hay que contemplar esta actuación como un condicionante que limitó el acceso de las mujeres a los puestos de poder dentro de los organismos institucionales, movimientos sociales o políticos. De hecho, en Valladolid tal presencia es prácticamente anecdótica.
Para finalizar, interesa constatar que la práctica de la ciudadanía femenina, en cualquiera de sus dimensiones, o nivel geográfico, fue una escuela de aprendizaje para las mujeres y la sociedad en general. Y un proyecto desgraciadamente truncado por el levantamiento militar franquista. En cualquier caso, constituyó una experiencia imprescindible para el proyecto democrático de la II República.
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NOTAS
1-El grueso de la investigación se ha centrado en la ciudad de Valladolid, aunque se aporta una visión general del conjunto provincial.
2-CHECA GODOY, A. (1989) Prensa y partidos políticos durante la II República en Valladolid. Salamanca: Universidad de Salamanca.
3-Consideraciones que corroboran ampliamente las fuentes consultadas, y que coinciden con las reflexiones de GALLEGO MÉNDEZ, M. T. (1983) Mujer, falange y franquismo. Madrid: Síntesis.
4-Abunda el recelo sobre la instrucción de la mujer, y así se expresa lo legítimo de la educación intelectual cuando obliga la penosa necesidad de ganarse la vida, tal y como escribe Graciela Madero desde El Norte de Castilla, 15- III- 1936; o se insiste en la necesidad de apartar a las mujeres del peligroso camino del intelecto que las lleva descuidar sus deberes naturales. Buen ejemplo de ello es el artículo que publica el Diario Regional el 10- I- 1936, en el que anuncia la apertura de la “Escuela Hogar” en Valladolid.
5-Es ésta una de las principales conclusiones expresadas por PRADO MOURA, A. de (1985) El movimiento obrero en Valladolid durante la II República. Valladolid: Junta de Castilla y León, Consejería de Educación y Cultura
6-Memoria de la Caja de Previsión Social de Valladolid- Palencia en el ejercicio de 1932. Archivo Histórico Provincial de Valladolid. Signatura U-75-1917
7-El Norte de Castilla. 8- II- 1933 y Adelante 23- IV- 1933, pág. 1
8-Información al respecto en PALOMARES IBÁÑEZ. J.M. (1988) El Socialismo en Castilla. Partido y Sindicato en Valladolid durante el primer tercio del siglo XX. Valladolid: Universidad de Valladolid. Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Salamanca
9-Memoria Histórica de la Casa Social Católica. 1915-1938. (1939). Valladolid. Archivo Histórico Provincial de Valladolid- V- 9/157
10-Sobre esta cuestión es obligatorio citar el minucioso trabajo de NÚÑEZ PÉREZ, M.G. (1989) Trabajadoras en la Segunda República. Madrid: Centro de Publicaciones del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social.
11-De las fuerzas político-sindicales a considerar: socialista, católica, anarquista y comunista, las dos últimas no fueron representativas en Valladolid dado lo escaso de su militancia. La primera en afiliados y poder político fue la socialista, conjuntamente PSOE-UGT, en segundo lugar se situaron las formaciones católicas. Sin embargo, es presumible que la sindicación femenina dispusiera de mayores efectivos en los sindicatos católicos que en los socialistas.
12-Como ejemplo el artículo de Carmen de Burgos" Colombine" en El Norte de Castilla 24- VI- 1931, o el de Francisco de Cossio en el mismo diario 20- X- 1933.
13-Al respecto véase: "Discurso de Gil Robles en el Teatro Calderón", El Norte de Castilla 13- I- 1932
14-El Diario Regional ofreció numerosas noticias de las actividades y evolución de esta organización. También, de sumo interés es la información de Adelante, que dirigió una campaña de ataques contra la Liga especialmente beligerantes durante los períodos electorales.
15-Una magnífica muestra es el discurso de Rosario Pereda en el Teatro Calderón de Valladolid, organizado por Falange Española el 16 de enero de 1936: Arriba. Reproducción facsímil.
16-Dejó Clara Campoamor constancia de su coherencia personal en el acto celebrado en el Ateneo de Valladolid, y organizado por la Unión Republicana Femenina de la ciudad: El Norte de Castilla. 7- I- 1933
17-Adelante mantuvo una continuada llamada a las mujeres, en un discurso que combinaba la propaganda electoral con la labor educadora. Se insistió en la deuda moral de la mujer con la República y el socialismo que las hizo ciudadanas de derecho.
18-Las puntuales informaciones de Adelante sobre el Grupo Femenino Socialista y la Juventud Socialista, han permitido un excelente seguimiento de sus actividades, completadas y contrastadas con los testimonios de antiguas militantes.
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LOCALIZACIÓN DE FUENTES
Archivo Histórico Nacional de la Guerra Civil, Salamanca.
Archivo Histórico Provincial, Valladolid.
Biblioteca Universitaria Reina Sofía, Universidad de Valladolid.
Testimonios orales.
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Mi agradecimiento a todas las personas que compartieron su memoria conmigo haciendo posible este trabajo y el premio de investigación que el mismo obtuvo. Un recuerdo especial para Pilar Barajas Fernández, Isaías García Clemente y Julia Pérez Cabello, fallecidos recientemente. Tristes pérdidas que hacen doblemente valiosos sus testimonios. Las demás voces de esta historia fueron la de: Manuela González Maestro, Marina Zarzuelo García, María de la Encarnación Rodríguez de Castro y Leonor González Cabeza. También, gracias a Pilar de la Torre Montiel del PSOE de Valladolid y a Julio Fernández Barajas, cuya ayuda y apoyo han sido esenciales en la investigación. Por último, es obligado dejar constancia del sustento que para este trabajo supuso la ayuda de la doctora Celia Parcero Torre.
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FOTOGRAFÍA
1932 - Grupo de la Juventud Socialista y miembros del Grupo Femenino Socialista de Valladolid, en una visita al Monasterio del Escorial con motivo de unos cursillos.
De pie, tercera por la izquierda, Pilar Barajas Fernández, una de las mujeres que nos ha prestado su recuerdo.
Sentadas en la primera fila, algunas de las jóvenes socialistas que se han nombrado en este trabajo: primera por la izquierda María Ayllón, fusilada en 1937;segunda por la izquierda, Carmen Martín; tercera por la izquierda Vicenta Bermejo, fusilada en 1936.
El original de esta fotografía pertenece a Julio Fernández Barajas, hijo de Pilar Barajas Fernández, quien ha autorizado su reproducción en esta investigación y en este blog. Se recuerda expresamente la obligatoriedad, según la ley de la propiedad intelectual, de citar su procedencia y la prohibición de su reproducción con fines lucrativos.
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Este resumen fue publicado en: adistancia, Revista de la Universidad Nacional de Educación a Distancia, Vol. 20, nº 1 ( octubre 2002), (pp.101-107).
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LA AUTORA
Es Licenciada en Geografía e Historia por la Universidad Nacional de Educación a Distancia, U.N.E.D. Actualmente cursa el doctorado en la misma universidad, en el área de Historia de América con la tématica de "Colonialismo y género en el siglo XVIII", bajo la dirección de la doctora Marina Alfonso Mola. Ha obtenido el Diploma de Estudios Avanzados (DEA).
PUBLICACIONES
-- Artículo, “Ciudadanas de Valladolid en la II República”, en adistancia, Revista de la Universidad Nacional de Educación a Distancia, UNED, Volumen 20, nº 1, octubre 2002, pp.101-107.
-- Artículo, “Perspectivas historiográficas. Mujeres indígenas en la sociedad colonial hispanoamericana”, en Tiempo y Forma, Revista de Historia Moderna, UNED, nº 17 (2004), pp. 215- 253, y en Sara Beatriz Guardia (Ed.) Escritura de la historia de las mujeres en América Latina. El retorno de las diosas, Ed. Minerva, Lima, 2005.
-- Artículo[en prensa] "Viajeras transoceánicas al servicio de Su Majestad en el siglo XVIII. Prácticas y representaciones del colectivo social de los hombres de armas", en Sara Beatriz Guardia, Viajeras entre dos mundos, CEMHAL, Lima
-- Libro, [en prensa] Colonialismo y Género en el siglo XVIII. Representaciones y prácticas.
DISTINCIONES
*- 2002, 8 de marzo. Premio Elisa Pérez Vera de investigación, U.N.E.D, por el trabajo Ciudadanas de Valladolid en la II República
*- 2007, 19 de septiembre. Mención especial en el concurso de investigación “Otras Miradas”. Convocado por el Ayuntamiento de Palencia, por el trabajo Señoras brigadieras, coronelas, capitanas…Colonialismo y género en el siglo XVIII.
Plantilla basada en http://blogtemplates.noipo.org/