UTOPÍAS Y PROGRESOS: MUJER SANTIAGUERA EN LA ENCRUCIJADA DE LA MODERNIDAD

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Ivette Sóñora Soto  

Universidad de Oriente, Santiago de Cuba[1]

 

Los fundadores de la República en Santiago de Cuba tenían entre sus propuestas hacer realidad las ideas de la democracia, consideraban establecer un régimen de amplias libertades públicas nacidas del sufragio universal; la reestructuración de las instituciones y de las prácticas sociales se convirtió, entonces, en pieza indispensable para la modernización de la sociedad. Los santiagueros planteaban, en un primer momento, la autonomía y la descentralización de los municipios, para ello se acogen al Decreto Autonómico de 1897[2] y con ello la salida de los moldes coloniales que entroncaban con la decadencia de la dominación de la metrópoli española. Sin embargo, esto entraba en contradicción con los intereses del Gobierno interventor que buscaba mantener las ataduras y definió su intención neocolonialista y anexionista en el manejo que se realizó en la organización del poder municipal al mantener parcialmente la arcaica legislación colonial[3].

Los santiagueros concebían la transformación de la sociedad a partir de las nuevas visiones de modernidad[4] y progreso que traían entre sus presupuestos la intervención militar norteamericana. La presencia de Estados Unidos significó la redefinición de las representaciones de la nación, la ciudadanía y la identidad que hasta ese momento se definía en constante antítesis de la visión que proyectaba la corona española, lo que aceleró un proceso de confrontación entre las costumbres y tradiciones heredadas de España y las nuevas traídas por el otro.

 

Esta identificación diferente, nacida desde considerarse más moderno que el español, pues estaba dispuesto a asimilar con mayor presteza las conquistas del progreso[5], mentalidad enriquecida además, por la emigración tan fuerte que hubo en el último tercio del siglo XIX, que les permitió comparar y advertir la delineada desproporción entre la sociedad estática y jerarquizada de la colonia con el desarrollo que percibían en el “gran país”[6]; no obstante, esto generó la reflexión y la necesidad de fortalecer la identidad y los conceptos de nación y patria como pautas inevitables contra la avalancha de nuevas simbologías que intentaban opacar la necesidad de un estado independiente[7].

 

También significó un proyecto de transformación de la sociedad cubana, la cual no tenía más opción que seguir el patrón de modernidad diseñado por los norteamericanos, impregnado por la admiración que sentían por las expresiones culturales, el sistema de Gobierno y el modo de vida estadounidense. No obstante, tal proceso no supuso la adopción mimética de los modelos importados, pues emergieron a la par fuertes corrientes de patriotismo nacionalista que se enzarzaban en batallas simbólicas, de costumbres y hábitos que decidían el derrotero de lo cultural y lo nacional. Este rumbo ayudó a llenar la crisis de identidades que traía aparejada el nuevo estado de cosas, “el modernismo cultural en vez de ser un desnacionalizador, dio el impulso y el repertorio de símbolos para la construcción de la identidad nacional”[8].

 

La modernidad no funcionó como el rompimiento abrupto entre lo tradicional y lo moderno, sino que se dio un proceso de hibridación donde no hubo una sustitución radical de la herencia hispánica y lo autóctono por los intentos de renovación a ultranza de la tradición norteamericana. La modernidad se convirtió en un entramado de definiciones, arquetipos y tomas de conciencia. El rechazo a las formas caducas y degenerativas de los moldes coloniales atrasados, envejecidos, se proyectó como un valor de la sociedad moderna, pero con un sentido de pertenencia al mercado de símbolos transmitidos por las guerras de independencias. José Martí se convirtió en la metáfora por antonomasia de la patria y la libertad. Se redefinían así las nociones de pertenencia a la nación y los conceptos de identidad nacional y nacionalismo en relación con la presencia imperialista de Norteamérica, a partir de las interpretaciones en el universo de lo simbólico-discursivo devenidas de la intervención.

 

A pesar de las desventajas económicas y políticas con relación a La Habana, estos hombres acometieron la construcción jurídica de su ciudadanía, y excluyeron de facto a la mujer como ciudadana. En los debates de la Convención Constituyente de 1901, opinaron contra la participación femenina en el sufragio universal. La mujer en este caso se debatiría en el cuestionamiento: ¿súbditas o ciudadanas dentro de la República? Esto hizo que inclinaran su mirada hacia un discurso feminista de mayor solidez heredado, en principio, de la emigración. La fundación del Partido Revolucionario Cubano, junto con la labor de las mujeres dentro de los clubes y su participación activa en la organización y el apoyo a la guerra, creó en ellas nuevas perspectivas identitarias. El cambio de mentalidad se hizo evidente, los clubes femeninos facilitaron la participación pública de las mujeres en los mítines y reuniones  donde se debatían los destinos de la patria. Esta nueva visión entra a Cuba. No en balde fue una mujer santiaguera quien puso flores, a un año de la muerte de José Martí, en el nicho donde se guardaban los restos del Apóstol y en 1899 fundara junto a otras mujeres, la Sociedad Admiradoras de José Martí. Por tanto, se puede decir que el período de intervención también fue un facilitador en la divulgación del feminismo como ingrediente importante de la modernización social.

 

Al ser Santiago de Cuba la primera ciudad ocupada por los Estados Unidos durante la Guerra Cubana Hispanoamericana, se apreció más definida la intención neocolonialista y anexionista de la potencia norteña en el manejo que se realizó en la organización del poder municipal. Poder que, carente de una legislación orgánica y controlado por la fuerza interventora, derivaría en centro de luchas y tendencias políticas, más acentuadas una vez instaurada la República por la práctica política corrupta y personalista del Estado [9].

 

La Ocupación norteamericana negó la autonomía de los municipios al adecuar a sus intereses la legislación española. Instaurada ya la República los Concejales exigieron autonomía, además de incluir en el presupuesto de la nación una suma que permitiera rebasar la huella colonia y salir de la insalubridad así como superar la condición rural en que aún estaba sumida la ciudad. Según lo interpreta María de los Ángeles Meriño:

 

Lo digno de toda esta oposición es el reiterado reclamo de autonomía para los municipios, el constante llamado de atención sobre la situación del país y de la ciudad en particular. Todos se perdían en la impotencia de no poder hacer realidad las ideas de modernidad, de ampliar los horizontes materiales y espirituales de los habitantes de Santiago de Cuba, capital de Oriente, con toda la carga de simbólico patriotismo que esto encerraba[10].

 

En medio de estas circunstancias, los presupuestos de la modernidad que traía la presencia militar norteamericana en la ciudad y el mantenimiento de los moldes coloniales en lo administrativo de la ciudad, ¿qué significaba ser mujer moderna y santiaguera?

 

El feminismo, como postulado de una actitud y un modo de pensar, resultó un camino en medio de un escenario donde la mujer se mantenía excluida. El movimiento feminista se presentó como una fuerza cuadriculada, trazada por cuatro coordenadas: emancipador, renovador, democratizador, expansivo[11]. Lo tomé como proyecto emancipador porque produjo un discurso autoexpresivo donde las prácticas simbólicas se hicieron comunes en la lucha por el sufragio; el individualismo característico del capitalismo se resolvió en el reconocimiento y redefinición identitaria, creó en las mujeres que se inscribieron o no en el presupuesto feminista una nueva perspectiva de género.

 

Como proyecto renovador planteó el mejoramiento de vida, y político al hacerse visible dentro del entramado de la sociedad; y un cambio de conceptos, en cuanto a la visión de la mujer: ángel del hogar y en su función como ser – para – los – otros. Es la óptica que expresa las aspiraciones de participar como alteridad social del hombre.

 

Denominamos proyecto democratizador a la confianza en la educación que facilitaría igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres, el conocimiento especializado adquirido en la participación amplia en las universidades para lograr una evolución racional y moral de la República por la cual se derramó tanta sangre.

 

Lo llamamos expansivo porque no sólo se quedó en la élite, sino que trascendió a las clases más pobres e intentó ir más allá del color de la piel, promovió una simbología donde todas las mujeres pudieran mirarse en su propio espejo.

 

Esto permitió a la santiaguera (re) definirse como agente activo en uno de los movimientos basado en la identidad femenina al encarnar la categoría de ciudadana cubana. Es el discernimiento de un “nosotros” que lleva implícita la idiosincrasia particular donde delimita o sustenta relaciones de alteridad o conflicto de distanciamiento con el “otro” y la visión que tiene de “nosotros”, en la diferencia.  Es la creencia en valías propias compartidas y diferenciadas de las de “otros”. Esta conciencia de lo nacional entronca en símbolos, iconos[12] que se determinaron en la participación de las santiagueras por el cuidado y la construcción de un mausoleo al Maestro. El ideal martiano se convirtió en marca de identidad, presente no sólo en el accionar de estas mujeres sino en la actuación como herramienta esencial de memoria y valores cotidianos.

 

Ante la segregación política, las mujeres se adscribieron a la lucha por el sufragio, el cual redefinía sus aspiraciones hacia la igualdad civil y política de hombres y mujeres. El sufragismo intentó disciplinar, dar una visión de la identidad de la mujer cubana para hacerla compatible e inscribirla en los discursos democráticos y liberales que presupuestaban y sustentaban el edificio republicano.

 

La identidad femenina, bajo el constructo ciudadana cubana, constituía un axiomático argumento a favor del sufragio femenino, lo que representó un intento de legitimación a través de una (re)definición identitaria y un empeño de reclamar la “existencia pública” o la ciudadanía política. 

 

El voto instrumentó el medio por el cual las mujeres podrían insertarse como “seres humanos” racionales y como ciudadanas políticas, responsables dentro de la macro política de la República, al posibilitar así su entrada en relaciones y espacios contestatarios de poder hegemonizados por los hombres. Hicieron valer su participación en las guerras de independencias. La ciudadanía política sería la legitimación de su voz en el proceso de delinear el futuro de la nación. De esta manera, se viabilizaba la apropiación de una ciudadanía cultural que simultáneamente legitimaba y reforzaba el reclamo de la ciudadanía política pues se inscribieron en las tendencias políticas que marcó por la diversidad el entorno social cubano.

 

 

Mujeres: Opinión y estrategias

 

El proceso económico, político-social sobre el cual se construyó el imaginario y el simbolismo del discurso femenino en las primeras décadas de la República fue sumamente dinámico y complicado para todas las capas y sectores sociales. La reflexión y exposición de las mujeres se vertebraron en un papel diferente hasta ese momento asumido y establecido, decidieron trascender los marcos del hogar y la identidad personal de “ángel” o “la perfecta casada”, se decidieron por la lucha para obtener el sufragio y la prerrogativa de hablar sobre igualdad. Simultáneamente entre ellas se plantearon un cambio de mentalidad: hacer comprender no sólo a los hombres sino a las mismas mujeres cuál era el significado del feminismo.

 

¿Cómo pensaba la intelectual del feminismo?

 

Ante esta interrogante Ofelia Rodríguez Acosta[13] responde en “La intelectual feminista y la feminista no intelectual”. Con luces claras definiría esta necesidad del cambio de mentalidad:

 

¿Qué entiende la mujer por feminismo? Simplistas en sus apreciaciones, rudimentarias en sus procedimientos, la mayoría de las mujeres ven en el feminismo sólo una doctrina implantadora de ideales de libertad y emancipación…

Los conceptos más conocidos del feminismo, esos que inflaman la palabra de la militante, y que llegan como una información previa a la mentalidad común, son: la emancipación secular esclavitud en la que con respecto al hombre, ha  vivido la mujer, la independencia económica, y el derecho político.

Pero todo esto, de una gran importancia y de un gran interés en el movimiento feminista no es lo de más trascendencia. El genuino triunfo del feminismo no está en las urnas, ni en la independencia social y económica de la mujer. Está en su estructura mental, en su concepto de la vida y en la apreciación que haga, en la intervención que tenga de la cultura del mundo.

Porque es el cerebro de la mujer donde se debe dar el pensamiento, la idea del feminismo, y mientras ella no depure sus sentimientos en el estudio doloroso, la mujer no habrá hecho más que cambiar de esclava pasiva en esclava rebelde, pero no habrá llegado a ser aún mujer libre[14].

 

La mujer debía comprender que en sus manos estaba ejercitar sus derechos con plena conciencia de sus deberes y derechos cívicos, a convertirse en ciudadana activa y responsable, también debía proponerse un cambio en sus actitudes mentales. Ahora bien, ¿qué hicieron las mujeres santiagueras para participar en este cambio de mentalidad y convertirse en ciudadanas dentro de la República?

 

El conflicto estaba planteado desde la concepción de participación de la mujer en la vida política y la tradición antifeminista planteada por los hombres que nació a partir de los primeros planteamientos hechos por la mujer. Esta dicotomía se reveló a partir de la lucha por el sufragio y del acceso a la vida política y económica, que constituyen las coordenadas para estudiar las mentalidades de las mujeres y, particularmente, de las santiagueras.

 

Ellas, permeadas por el imaginario de las mujeres norteamericanas vistas  a través del tamiz habanero, estuvieron muy influidas por el positivismo de la época, que  exaltaba los valores de la igualdad, el afán de progreso, la creencia ciega en la ciencia, la admiración por los intelectuales y la cultura como factores de modernización. Esta corriente de pensamiento influyó en la formación de un grupo de mujeres que participaron notablemente en la construcción de una ciudadanía más amplia y diferenciada, así como en la configuración de una identidad de género[15]. Así fue como se imbricaron en las luchas por el sufragio.

 

Entre 1909 – 1913, se organizaron las primeras asociaciones feministas en La Habana[16]. Sin embargo la necesidad de unificarse llegó a Santiago de Cuba hacia 1920, cuando se integraron en la filial creada por el Club Femenino de Cuba. Mariblanca Sabas Alomá, comisionada por la Directiva Nacional, da a conocer en el Diario de Cuba el programa por el que se regirían:

 

A ellos  se encaminan todos nuestros esfuerzos; elevarla por medio de la institución fundando escuelas nocturnas para obreras, escuelas de enseñanzas cívicas, escuela de economía doméstica, labores, artes y oficios; dignificándola por medio de leyes justas y necesarias gestionando en la actualidad tales como: “Nacionalidad propia para la mujer”. –“Acceso a los mismos destinos que el hombre, con derecho a los mismos sueldos que ellos perciban”. –“Revisión de la Ley sobre el adulterio, de la Ley sobre la trata de blancas y del Código penal”. –Concepción de todos los derechos políticos[17].

 

También alude a los nuevos proyectos, como la elección de la comisión que se reunirá para estudiar y redactar el programa del nuevo Club, la fundación de la Sociedad de Maternidad, que le prestaría a las mujeres pobres la asistencia necesaria antes y después del parto, mediante una módica cuota;  la organización del  primer Congreso Femenino Nacional; exigir que en los establecimientos de moda femenina el personal fuera exclusivamente femenino y realizar la gestión con el gobierno de seis becas en Roma para estudiar el Sistema de Enseñanza Monteson. Además de organizar certámenes literarios y fiestas culturales, Mariblanca Sabas para lograr realizar estos proyectos cuenta sobre todo con las profesoras de Instrucción Pública[18].

 

¿Por qué las maestras? Ya éstas habían legitimado su participación dentro de la sociedad. Perpetuar la obra de José Martí fue el principio de unión, de identidad por el bien de la Patria, el ideal de organización y responsabilidad cívica y política, de identidad genérica.

 

El Diario de Cuba, en ocasiones, se hizo eco de la importancia de la integración de las mujeres en federaciones femeninas. Bajo el sugestivo título: “La mujer cubana se dispone a laborar en bien de su Patria”, anunciaba que: “Las mujeres más cultas, las que más nombre tienen en las ciencias y en las artes y las letras, y las que tienen la gloria de pertenecer a familias que más se distinguieron en la emancipación de Cuba, formar parte principalísima de la Federación de Asociaciones Femeninas”[19].

 

En el mes de  marzo de 1923, antes de que se realizara el Congreso Nacional, el día 5, en el Grop Catalunya se efectúa la asamblea de constitución del comité provincial que designaría la representación femenina por Oriente al magno evento[20], la misma quedaría integrada por: Presidenta: María Caro de Chacón, 1er Vice: Dra. Libia Escanaverino; 2da Vice: Amelia Casado de Carbonell; Secretaria: Mariblanca Sabas Alomá; Vice secretaria: Amparo Soler Soler; Tesorera: Violeta Cardero; Vice tesorera: Gloria Ortiz Portuondo; Vocales: Teresa Cardero de Molina, Juana Pell de Martínez, Lina Abreu, Concepción Ortiz, Juana Falcón Mariño, Fe Cardero, María Ávila, Vda. de Martínez; Aurora Cazade; Dolores Martínez, Vda. de Aguirre, Claro Mayore, Lorenza Cuesta, Luz Paeau, Joaquina Bosdoutt Martínez, Julia Breu, Ana Caballero y María González. Terminado el proceso de elección, Mariblanca Sabas Alomá, en sus funciones de secretaria leyó el Reglamento del futuro Congreso[21], y el evento terminó con un apasionado discurso de la señora Isabel Martínez de Alquizar[22], donde se refirió a los ideales feministas y las expectativas que despertaba Oriente en el movimiento, en pro de los ideales promovidos por esta organización.

 

Por último, y después de lo expuesto se puede concluir que la manifiesta orientación futurista de la modernidad estuvo estrechamente relacionada con la fe en el progreso y en el poder de la razón humana para impulsar la libertad. Aunque se enmarca en logros científicos, la tecnología y la política democrática, también se refleja en cambios profundos en la vida cotidiana. Los temas sobre la identidad y la autoridad se presentan de formas nuevas y apremiantes, a la vez que se cuestionan, pues se renuevan las normas que se dan por supuestas por otras diferentes vinculadas con la rutina de la vida. Si lo que caracteriza la modernidad está dado en gran medida por contraste con la época que la antecede, no debe extrañar que la ruptura con la tradición aparezca como su condición cardinal. De ahí se deduce como el principal impulso de la modernidad, la transformación de las sociedades tradicionales, la idea del cambio y progreso.[23] La implantación de la República era el rompimiento con la sujeción española, el atraso que significaba la metrópoli. La República significaba desarrollo y nuevas miras, la fe en el futuro y el valor de lo nuevo, a partir de los modernos símbolos que entraban con Norteamérica en la cultura y en lo económico.

 

La mujer se sitúa dentro de un eje de redefiniciones y aprehensión de la conciencia y la identidad genérica, a partir de las luchas por la emancipación de la patria. Su entrada a la modernidad le permitió entroncar con el feminismo que, al organizarse dentro de una lucha emancipadora y en la búsqueda de hacer realidad sus planteamientos con la lucha por el sufragio. Logró articular teóricamente un conjunto de ideas y de reivindicaciones coherentes, que le permitiría a la mujer incorporarse como alteridad del hombre en la sociedad.

 

Aunque el sufragio femenino no trajo un cambio de significación considerable, sí modificó, de cierta manera, la visión de los partidos políticos del período, ya que trataron de usar las peticiones femeninas en uno u otro momento para obtener preeminencia política. El movimiento feminista y, en particular, las sufragistas, contribuyeron a modificar las opiniones y la orientación de las iniciativas de las administraciones en las primeras décadas de la República, para llegar a soluciones concretas.

 

 

Notas

 

[1] Departamento de Historia de la Universidad de Oriente. Grupo Equidad de género

[2] Este Decreto les permitía elegir a sus alcaldes y a los tenientes de Alcalde sin que el Gobernador de la provincia  interviniera y designara los que habrían de ocupar estos puestos, ya que sufrían demasiado la centralización y concentración del poder en manos del Capitán General en La Habana y del Gobernador de provincia designado y controlado por éste, y sobre todo porque el peso de los cargos de administración públicas estaban reservados para los españoles y esto les impedía un desarrollo social, político y económico según sus intereses. España al decidir expulsar a los representantes de las islas de Puerto Rico y de Cuba de las Cortes españolas, les hacía difícil promover sus inquietudes, y al mismo tiempo que estas islas fueran regidas por leyes que excluían a los súbditos coloniales de las instituciones jurídicas, políticas de la metrópoli, la centralización de funciones le restaba autoridad a los ayuntamientos y gobiernos provinciales, con estas medidas buscaba un mayor control de lo que les quedaba de sus posesiones coloniales.

[3] Es importante señalar que el Gobierno militar de intervención (1898-1902) no prestó interés en modernizar la legislación española en torno al municipio, sino que a tono con sus aspiraciones de dominio emplea las directivas de dicha legislación adecuándolas al experimento neocolonial, negándole la autonomía a los municipios e instaurando un verdadero caos legislativo con las Órdenes Militares que trataron de superar los inconvenientes más notables de las leyes españolas. María de los Ángeles Meriño: “A manera de introducción”, en María de los Ángeles Meriño: Gobierno municipal y partidos políticos en Santiago de Cuba (1898- 1912). Ediciones Santiago, Santiago de Cuba, 2001, p. 28.

[4] Así, para el análisis del caso cubano, la “modernidad” se entenderá […] como una realidad social caracterizada por el libre flujo de mercancías y factores productivos, cuya economía se sustenta en el trabajo asalariado y tiene al predominio de la producción industrial. La organización de esa sociedad ya no descansa en diferencias de origen o condición, de modo que sus formas jurídicas y estatales responden a los requerimientos del mercado y el régimen de propiedad; las formas de sociabilidad se reajustan sobre una base individual representada por los ciudadanos. Los estados se rigen por sistemas representativos de Gobierno y sus estructuras políticas se adecuan a los espacios –nacionales e internacionales –, en los cuales se verifican los procesos económicos. La creciente presencia de la vida urbana y las formas de conciencia vinculadas a las relaciones mercantiles calorizan la adopción de costumbres laicas y seculares, el predominio de una visión científica de la realidad y un ansia de progreso que tienen su sustrato en la universalización de la educación. Oscar Zanetti: “Nación y modernización; significados del 98 cubano”, en República: notas sobre economía y sociedad, pp. 7-8.  

[5] Ibíd. p. 16.

[6] Bienes materiales, costumbres e ideas norteamericanas vendrían a enriquecer así los atributos que distinguían a los cubanos de los españoles. Y en ciertos casos –como el del béisbol – esos valores culturales fueron aprovechados de manera consciente a escala social para marcar, distancias con lo español, de forma tal que se hiciese todavía más evidente la existencia en Cuba de una identidad nacional bien diferenciada. Ibíd. p. 17.

[7] La confrontación de los valores y las costumbres coloniales con las representaciones políticas y culturales patrocinadas por las autoridades interventoras, generó un proceso de profunda reflexión sobre las bases mismas de la cultura nacional, de singular importancia para el devenir posterior de la nación en la era republicana […] Marial Iglesias Utset: “Introducción”, en Marial Iglesias Utset: Las metáforas del cambio en la vida cotidiana: Cuba 1898-1902, p.15.

[8] Néstor García Canclini: Culturas híbridas. Estrategias para entrar y salir de la Modernidad, pp. 65 – 93.

[9] Para profundizar en el tema ver María de los Ángeles Meriño: Op. cit.

[10] Ibídem, p. 58

[11] Néstor García Canclini reconoce en la modernidad cuatro movimientos básicos: un proyecto emancipador, un proyecto expansivo, un proyecto renovador y un proyecto democratizador. Tomé los conceptos para explicar el movimiento feminista porque considero que se adaptan perfectamente para explicar la influencia del movimiento en Cuba y en particular en Santiago de Cuba.

[12] Para tener una visión de conjunto de estos cambios ver de Marial Iglesias Utset: Op. cit. Revisé su tesis para optar el título de Maestría que dio como fruto dicho libro.

[13] Ofelia Rodríguez Acosta (1902-1975), nacida en Pinar del Río, fue escritora, y colaboradora de diferentes revistas y periódicos del período. En la Revista de La Habana estaba a cargo del sector Feminista.

[14] Ofelia Rodríguez Acosta: “La intelectual feminista y la feminista no intelectual”, en Revista de La Habana, La Habana, Año 1, nº 1, enero, 1930, p. 75 – 79.

[15] Joan. W Scott: “El género: una categoría útil para el análisis histórico”.

[16] Julio César González Pagés: En busca de un espacio: Historia de mujeres en Cuba.

[17] Mariblanca Sabas Alomá: “El Club Femenino de Cuba”, en Diario de Cuba, Santiago de Cuba, 25 de noviembre de 1920

[18] Ibídem

[19] “La mujer cubana se dispone a laborar en bien de su Patria”, en Diario de Cuba, Santiago de Cuba, 27 de febrero de 1923

[20] “El Primer Congreso Nacional de Mujeres de Cuba”, en El Cubano Libre, Santiago de Cuba, 5 de marzo de 1923

[21] “El Primer Congreso Nacional de Mujeres en Cuba”, en El Cubano Libre, Santiago de Cuba, 6 de marzo de 1923

[22] Comisionada por la Federación Nacional de Asociaciones Femeninas para crear y organizar en Santiago de Cuba el Club y elegir la delegada al Congreso Nacional de Mujeres a celebrarse del 1 al 7 de abril en La Habana

[23] David Lyon: Postmodernidad, pp. 44 – 57.

 

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      Bibliografía

 

Formente Rovira, Carlos E.: Crónicas de Santiago de Cuba. Era Republicana 1912-1920 (II). Presentación, revisión y notas Olga Portuondo Zúñiga, Ediciones Alqueza, Santiago de Cuba, 2006.

 

García Canclini, Néstor: Culturas híbridas. Estrategias para entrar y salir de la Modernidad, Grijalbo, México, 1998.

 

González Pagés, Julio César: En busca de un espacio: Historia de mujeres en Cuba,  Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2003.

 

Ibarra Cuesta, Jorge: Cuba: 1898-1958. Estructuras y procesos sociales, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1995.

 

Iglesias Utset, Marial: Las metáforas del cambio en la vida cotidiana: Cuba 1898 – 1902, Ediciones UNIÓN, Ciudad de La Habana, 2003.

 

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“El Primer Congreso Nacional de Mujeres de Cuba”, en El Cubano Libre, Santiago de Cuba, 5 de marzo de 1923.

 

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Rodríguez Acosta, Ofelia: “La intelectual feminista y la feminista no intelectual”, en: Revista de La Habana, La Habana, Año 1, nº 1, enero, 1930.

 

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Sóñora Soto, Ivette: “De la mujer a José Martí: Un homenaje desde Santiago de Cuba”, en Colectivo de autoras y autores: Donde son más altas las palmas. La relación de José Martí con los santiagueros, Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 2003.

 

Sóñora Soto, Ivette: “Mentalidad de la mujer santiaguera en el período 1902-1934”. Tesis para optar el grado de Maestría en Cultura Latinoamericana. Filial Instituto Superior de Arte. Centro de Estudios Nicolás Guillén de Camagüey. Tutora: Doctora Olga García Yero, 2006, 125 p.

 

Zanetti, Oscar: República: notas sobre economía y sociedad, Editorial de Ciencias Sociales, Ciudad de La Habana, 2006.

 

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LA AUTORA

 

Ivette Sóñora Soto (Santiago de Cuba, 1963). Lic. en Filología. Master en Cultura Latinoamericana. Profesora del Departamento de Historia de la Universidad de Oriente. Investigadora y poetisa.

 

 

Méritos

 

Mención de poesía, Premio Heredia, 1994,  La soledad de los comienzos.

 

Gran Premio Palma Real, 2004, con el cuento Borrascas y Elegía, convocado por la ACI, Torino, Italia y la Filial provincial de la UNEAC, Santiago de Cuba.

 

Premio de investigación al trabajo De la mujer a José Martí. Un homenaje desde Santiago de Cuba, auspiciado por la Oficina del Historiador de la Ciudad de Camagüey y la Filial Camagüeyana de la Unión Nacional de Historiadores de Cuba.

 

Mención con el trabajo Cotidianidad, ciudad, cultura, poesías: en confluencia, en el Primer Coloquio Internacional José María Heredia y Heredia: poesía, Identidad, Independencia y Nacionalidad.

 

 

Publicaciones

 

Poemas en las revistas La Porte des Poètes, Francia (1995); Fidelia, Ciego de Ávila (1995); Imago, Ciego de Avila (2000); Alhucema, España (2000); El Caserón, Santiago de Cuba.

 

Colina de los Espíritus, Ediciones Ávila, Ciego de Ávila, 2004.

 

 “La ciudad y su cultura”, en: Santiago de Cuba en su 485 aniversario, Santiago de Cuba, 2000.

 

Ivette Sóñora y Alfredo Sánchez Falcón: “José María Callejas, el precursor”, en Rafael Duharte, Olga Portuondo, Ivette Sóñora (Coordinadores), Tres siglos de historiografía santiaguera, Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 2001.

 

“Max Henríquez Ureña, un libro”, en: Rafael Duharte, Olga Portuondo, Ivette Sóñora (Coordinadores), Tres siglos de historiografía santiaguera, Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 2001.

 

“Hacia una conciencia ciudadana de la mujer”, en: Olga Portuondo Zúñiga, Michael Max P. Zeuske Ludwig (Coordinadores): Ciudadanos en la Nación. Fritz Thyssen Stiftung, Oficina del Conservador de la Ciudad, Santiago de Cuba, 2003, Tomo I.

 

“De la mujer a José Martí. Un homenaje desde Santiago de Cuba”, en: Donde son más altas las palmas. La relación de José Martí con los santiagueros. Santiago de Cuba. Editorial Oriente, 2003.


“Utopía y progresos: Mujer santiaguera en la encrucijada de la modernidad”, en: Ivette Sóñora, Aida Morales, Rafael Duharte (Coordinadores): Memorias. Santiago de Cuba, Ediciones Santiago, Santiago de Cuba, Año 1, no.1, 2004.

 

“La Rémora. Obra notable de anticlericalismo”, en: Ivette Sóñora, Aida Morales, Rafael Duharte (Coordinadores): Memorias. Santiago de Cuba, Ediciones Santiago, Santiago de Cuba, Año 2, no.2, 2005.

 

“Ideario de San Antonio María Claret y Clara. Educación de la mujer y su ¿misión?”, en: Iglesia Católica y Nacionalidad Cubana. Memoria de los cuatro Encuentros Nacionales de Historia convocados por la Comisión Nacional de Pastoral de Cultura de la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba, celebrados en la ciudad de Camagüey, Cuba. Joaquín Estada Montalbán, Editor y Compilador. Miami. Ediciones Universal, 2005. Tomo II.


“El mundo espiritual y ético- religioso de Tristán Medina. Momentos de su vida”, en: Iglesia Católica y Nacionalidad Cubana. Memoria de los cuatro Encuentros Nacionales de Historia convocados por la Comisión Nacional de Pastoral de Cultura de la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba, celebrados en la ciudad de Camagüey, Cuba. Joaquín Estada Montalbán, Editor y Compilador. Miami. Ediciones Universal, 2005. Tomo II.


 “Luis Carbonell, pincel de la poesía afrocubana”, en: SIC. Revista Literaria y Cultura, Santiago de Cuba, No. 30. Abril, mayo, junio, 2006.


“El silencio: “Laberinto y voz de la Identidad femenina”, en: De la historiografía Cubana. Memorias de la XV Feria del Libro, Santiago de Cuba, 2006. Natividad Alfaro Pena e Israel Escalona Chádez (Coordinadores). Santiago de Cuba. Ediciones Santiago, 2007.

 

 

“1898: Significación y resignificación de la masculinidad hegemónica y la Colonialidad del Poder” en  Actas del Congreso Internacional de Psicología, VII Taller Internacional de Psicología Latinoamericana y del Caribe, en: Santiago. Revista de la Universidad de Oriente. Santiago de Cuba. Edición Especial 2007, No. 115, p. 938- 951. Publicado en la Red el 12 de julio de 2007 en el portal de literatura cubana Cuba Literaria   

 

“María Cabrales: vida y acción revolucionarias”, en: De la tribu heroica. Anuario del Centro de Estudios Antonio Maceo Grajales, Santiago de Cuba, No. 3-4, 2006-2007. Ediciones Santiago, 2008.

 

“Estrategias y prácticas de la educación, ¿un modo peculiar de sortear la discriminación?” en: Acta de la Conferencia sobre la Diáspora en el Caribe. IX Taller de Africanía en el Caribe Ortiz- Lachatañeré, 12-16 de marzo de 2007. Santiago de Cuba. Centro Cultural Africano Fernando Ortiz. En: Actas del Congreso Internacional de Psicología, VII Taller Internacional de Psicología Latinoamericana y del Caribe, 2009.

 

"Conciencia Ciudadana. Cambio de Mentalidades y Utopías de la Mujer Santiaguera", en: VII Taller Internacional Mujeres en el Siglo XXI, 18 – 22 de mayo de 2009. Ciudad de La Habana. Universidad de La Habana Cátedra de la Mujer. 


 

E- mail: ivette@csh.uo.edu.cu 

 

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Fotografía de portada: Ofelia Rodríguez Acosta. Fuente: http://lanzarlaflecha.blogspot.com


Otros artículos sobre Ofelia Rodríguez Acosta en la Red : Zaida Capote Cruz "Otra de las figuraciones de la mujer moderna: la viajera", en laJiribilla, revista de cultura cubana

 

 


gravatar.comAutor: Rafael Pardo

Me parecio un un buen articulo, es muy interesante todo lo que nos dice de las mujeres, felicidades por tan buen trabajo.

un saludo.

Fecha: 04/01/2010 01:23.


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