EL “PUNTO DE VISTA” O LA REVISIÓN DE DOS VIAJES A EXTREMO ORIENTE: EL HÉRCULES, DE LA COMPAÑÍA GADITANA “USTÁRIZ Y SAN GINÉS”

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María Dolores Herrero Gil

Universidad de Sevilla


Sobre el título1

“La aventura del San Francisco de Paula (a) el Hércules no constituye en sí una mera anécdota, sino que tiene, ante todo, el valor de constituir una anticipación (aunque fuese por la vía excepcional de una autorización individualizada del gobernador del archipiélago frente al rechazo del Consulado de Manila) del sistema comercial que terminará estableciendo progresivamente la Real Compañía de Filipinas a partir de 1785”2

 

Índice de contenido

TABLAS

Tabla 1 - Aseguradores del Hércules, viaje de 1779

Tabla 2 - Interesados en la expedición

Tabla 3 - Liquidación en Macao

Tabla 4 - Liquidación retorno 1785 a precios de Asia

Tabla 5 - Valoración con precios de América

Tabla 6 - Anexo I

Tabla 7 - Anexo II

 

I- La importancia de los antecedentes

El comercio con Filipinas en 1779

La comunicación entre el puerto de Cavite, en Filipinas, y el de Acapulco, en Nueva España, tuvo sus comienzos en 1565 y se prolongó hasta principios del siglo XIX. Perfectamente regulado, el Galeón de Manila, o Nao de la China, llegaba en diciembre a su destino después de una travesía de cuatro o cinco meses. El regreso comenzaba en marzo para alcanzar en julio las islas. Tras la promulgación del Reglamento de Comercio Libre, y por iniciativa de poderosos comerciantes gaditanos, tal vez alentados por el secretario de Estado y ministro de Indias José de Gálvez3, se intentaría establecer un nuevo y más rápido circuito a través del cabo de Buena Esperanza.

El 15 de enero de 1779 la compañía “Ustáriz y San Ginés” exponía al monarca que se encontraba “trazando un proyecto” de comercio directo a las islas Filipinas, Indias Orientales y costas de África por la ruta que desde 1765 utilizaban los navíos de la Real Armada. Conociendo los promotores el fracaso de tentativas similares, que no llegaron a materializarse efectivamente, enfrentaban a su temor una resolución decidida y manifestaban la necesidad de dar destino adecuado a sus embarcaciones, proponiendo, en tanto maduraban su idea, realizar un ensayo con dos navíos, uno en el mismo año de 1779 y otro en el inmediato siguiente. Exigían que, además de cumplirse la reciente normativa de 12 de octubre de 1778, se les concediesen algunas gracias especiales que compensasen las dificultades a las que deberían enfrentarse4.

Quince días antes de redactarse el anterior escrito se habían fechado en Cantón las Reflexiones de un comisionado en Asia de los Cinco Gremios Mayores de Madrid sobre un meditado establecimiento de comercio directo con Filipinas5. Indicaba que dicho informe era consecuencia del ofrecimiento efectuado en una carta anterior y de la obligación en que se había constituido. Por tanto, puesto que se alude explícitamente a comunicados previos, puesto que se hace referencia a la utilización del puerto gaditano y puesto que venía de antiguo la íntima relación en el mismo de ambas compañías, es posible que los socios de Ustáriz y San Ginés tuvieran noticias de las intenciones que barajaban sus competidores e intentaran anticiparse en la solicitud del novedoso giro, acuciados por las necesidades de la coyuntura. Aunque también resulta plausible que se vieran empujados a ello en el ámbito de otras negociaciones y reconocimientos, entre ellos la concesión del título de conde de Torrealegre a San Ginés en diciembre de 1779, relacionándola con diversos servicios a la Corona6.

El 11 de octubre de 1784 Íñigo de Abad remitía desde El Escorial una copia de dicho escrito de Reflexiones con el nombre de “cuaderno segundo”. Desconocemos la identidad de su destinatario, pero estaba próxima la creación de la Compañía de Filipinas y podía haber muchos interesados en recibirlo7. En cuanto al “cuaderno primero” era fruto de sus propias elucubraciones, y posiblemente ambos fuesen dirigidos al mismo receptor que el de un tercer escrito, enviado desde San Ildefonso el 2 de septiembre del mismo año8. Abad se permitía una breve crítica sobre las exigencias que estimaban necesarias los Cinco Gremios para iniciar el comercio con aquella parte del mundo: “...los 22 artículos de los privilegios que proponen se pidan al rey para establecerlo son ambiciosos, destructivos del comercio en general, y sin otro objeto que el interés particular de su cuerpo, que debe ser inseparable de el de el Estado”9. Nada comparable con las exiguas exigencias de la sociedad de Juan Agustín de Ustáriz y Francisco de Llano San Ginés.

La Real Orden de 21 de febrero de 1779, que aceptaba el ensayo propuesto por dicha Compañía, se iniciaba con una exposición del motivo que la generaba: el deseo del rey de promover el comercio directo desde los puertos de la península con los citados por los solicitantes. Deseo que se fundamentaba, principalmente, en frenar las salidas de las inmensas sumas de dinero que extraían las potencias del norte a través del abastecimiento de los géneros y frutos de Oriente. Seguidamente se tenía en consideración el temor y la desconfianza que inspiraban a los comerciantes lo incómodo y peligroso del viaje y la demora en los retornos, valorando muy positivamente el ofrecimiento de la Casa de Ustáriz y San Ginés, que debería servir de estímulo a expediciones futuras.

Se admitió que la carga de ambos navíos fuese de cuenta de la Compañía, como solicitaban, dejando a su arbitrio la posibilidad de admitir partidas a flete. Se estableció exención de derechos para las sedas, especiería y algodones, excluidas las muselinas.10 Se aceptó la propuesta de utilizar las expediciones para transportar a los misioneros de las diferentes órdenes percibiendo 750 pesos fuertes por cada uno de ellos en concepto de pasaje.11 Se consideró habitual la exigencia de exclusividad en tanto se verificaba el ensayo y, condición de extrema importancia, se les concedió preferencia en el futuro por su calidad de iniciadores. Por último, se les agradecía la propuesta de conducir efectos del rey sin coste alguno para la Real Hacienda y se prevenía al gobernador de Filipinas de que a los interesados no se les pusiera el menor reparo para la ejecución de lo concedido12. Recibida la comunicación el 26 de febrero, prepararon la salida inmediata haciendo constar que entendían disponer de libertad de franquicia desde el puerto de Manila a cualquiera del continente asiático, aunque no se especificaba en el Real Decreto. Pretensión que resultó aceptada el 8 de marzo13.

Los antecedentes inmediatos a la propuesta de la Casa “Ustáriz y San Ginés” se remontaban a 1742, cuando Jerónimo de Ustáriz sugería la ruta de Buena Esperanza recogiendo anteriores proyectos. Durante un largo periodo de tiempo se sucedieron ofertas alternativas que intentaban irrumpir en el espacio largamente vedado por el Tratado de Tordesillas y modificar el flujo mercantil español del Pacífico. Proceso que se aceleró a partir de 1764, pues tras la toma de Manila por los ingleses se hacía evidente la necesidad de acometer cambios estructurales14.

En el año 1766 Francisco de Aguirre, Lorenzo del Arco y Antonio Rodríguez de Alburquerque habían hecho la oferta de formación de una compañía comercial a Filipinas con navegación directa por el cabo africano, oferta que fue analizada en el Consejo de Indias dentro de la Junta Especial creada para tratar temas relacionados con la mejora de comercio con el archipiélago. Elevada consulta al rey, Arriaga transmitía al marqués de Piedras Albas, Presidente del Consejo, la resolución acordada, fechada el 6 de diciembre de 1769. Recogía varias conformidades, pero especificaba que se entendía todo lo acordado: “...ínterin no determina S. M. el comercio directo desde estos Reynos a aquellas Islas”15. Tal determinación tardaría unos años en manifestarse.

Resulta curioso el expediente, al parecer paralelo, seguido por la gaditana firma de Francisco Melgarejo en nombre de Bernardo Van Dahl16 y otros sujetos, entre los que aparecen los anteriormente reseñados que, por lo tanto, duplicaban su intento17. Bernardo, de ascendencia rusa y vecino y del comercio de Cádiz desde hacía años18, propuso en varias ocasiones la posibilidad del comercio directo recibiendo advertencias en cuanto a la necesidad de presentar sólidas firmas españolas que le apoyaran y demandándosele capitales en consonancia al proyecto, en el que aseguraba tener interesados a personajes muy importantes que no querían hacerse “sonar” hasta conocer que contaban con el beneplácito del rey. Debió mostrar tanta insistencia que Arriaga ordenó el 22 de diciembre de 1768 que se repasaran los memoriales de Van Dahl, añadiendo una drástica nota personal: “...que ante todas las cosas presente firmas de casas acreditadas que afiancen sus proyectos, y que sin esta circunstancia excusase él u otro presentar por su mano papelones”.19

Durante un tiempo Bernardo se movió en la Corte, argumentando que en 1766 se habían aprobado en Cádiz sus iniciativas y que tenía encargo de Esquilache para desarrollarlas, llegando incluso a reclamar gastos por su estancia y gestiones. La Junta resolvió en su contra considerando la inexistencia de dicho encargo y la falta de afianzamiento por casas acreditadas en el comercio. Además, su calidad de extranjero llevaba a considerar la posibilidad de que operase en nombre de comerciantes holandeses, amén de que resultaba impensable llegase a dirigir una empresa integrada por españoles, por “violenta y poca airosa” situación20. En diciembre de 1769 se desestimaba en su totalidad el proyecto y se comunicaba al demandante la imposición de perpetuo silencio en el asunto, para evitar la molesta continuación de sus instancias21.

Cuando diez años más tarde se produjo el ofrecimiento de la sólida “Ustáriz y San Ginés” parece que quedaban resueltos los anteriores imponderables: la empresa contaba con una larga trayectoria comercial en la Carrera de Indias, estaba integrada por dos reputados hombres de negocios súbditos de Su Majestad y era sumamente conocida en Cádiz.

 

                           Rutas interoceánicas del comercio con Filipinas (Fuente: Exploramex 2.0)

 

                         Ruta por el Pacífico del galeón de Manila (Fuente: Asociación Cultural Galeón de Manila) 

 

La compañía “Ustáriz y San Ginés” en 1779

Los Ustáriz asentados en Cádiz durante el siglo XVIII provenían del valle de Vertizana y eran descendientes de Miguel de Ustáriz y Vertiz22, casado con María de Vertiz y Varverena. Se diferenciaban en dos ramas, una de la casa de Reparazea, la otra de la casa de Echandía23.

A la primera de ellas pertenecían los hermanos Juan Miguel24, Juan Bautista, Juan Felipe y Juan Francisco Ustáriz Gaztelu, que formaron compañía mercantil, así como José Joaquín, sacerdote, y otro Juan Miguel, denominado “menor”, que parece se mantenía al margen de las principales actividades del resto25. En la segunda estaba integrado Juan Agustín Ustáriz Micheo, marqués de Echandía desde 1763, que sería, a partir de 1772, compañero de Francisco de Llano San Ginés. La relación entre ambas ramas familiares se manifiesta muy intensa desde fecha temprana, aunque Juan Agustín solía actuar de forma independiente y al margen de los negocios de sus primos26, constando que, al menos desde 1750, ejercía en calidad de apoderado de los Cinco Gremios Mayores de Madrid27.

Cuando el 4 de diciembre de 1752 surgía la primera compañía mercantil de los Cinco Gremios, concertaron inmediatamente compañía con los Ustáriz, que ya se encontraban situados en la ciudad de Cádiz28, empezando su andadura conjunta el primer día del año de 1753 bajo el nombre de “Ustáriz y Compañía”29, actuando en Madrid Juan Miguel y en Cádiz Juan Agustín y Juan Bautista. Se estipuló una vigencia de la compañía de seis años, renovándose en términos de mayor grado de independencia para los respectivos socios30. En 1761 se iniciaban operaciones al margen de la actividad conjunta, que culminaron con la formación, por parte de los Cinco Gremios, de una nueva sociedad en 1764, explícitamente al margen de los Ustáriz31. Por parte de los hermanos aparecen fechados en 1762 los primeros síntomas de que también se preparan para trabajar de forma independiente, tanto de su socios madrileños como de su primo gaditano, y lo hacen acometiendo una doble actividad: la explotación de las fábricas textiles de Talavera de la Reina y el transporte de mercaderías propias y ajenas en los navíos que comienzan a incorporar a su patrimonio32.

Desconocemos la fecha exacta de formación de la sociedad “Hermanos Ustáriz y Compañía”, pero debió de producirse con anterioridad a la del 30 de marzo de 1762, pues en ésta ya habían firmado como tal empresa y con la citada denominación la proposición para mantener todas las fábricas de Talavera33. Sus primeras dificultades intentaron solventarlas con la creación, el 21 de junio de 1766 y por un plazo inicial de cuatro años, de la compañía”San Juan Evangelista”, formada por cuarenta y seis interesados34. No obstante, la sociedad tuvo una corta existencia35 y no solucionó los problemas económicos de los Hermanos Ustáriz, agravados por los recelos de guerra, las pérdidas económicas de las fábricas de Talavera y, más tarde, por el naufragio del Oriflame en la costa de Chile36. Por fin, el 23 de abril de 1772 se convocó el concurso de acreedores ante la imposibilidad de atenderlos37. Los de la plaza gaditana sumaban un total de 3.205.563 pesos y los de otras plazas alcanzaban 443.230 pesos, resultando un total de 3.648.793 pesos de 128 cuartos. La evidencia de la situación les llevó a aceptar un calendario de pagos dentro de la proposición que realizaron Francisco de Llano San Ginés y Juan Agustín de Ustáriz para seguir el giro de la sociedad por término de ocho años, con la denominación de “Juan Agustín de Uztáriz, San Ginés y Compañía” y bajo la dirección de ambos, asumiendo los activos y los débitos de los concursados hermanos38.

En cuanto a Francisco y José de Llano y San Ginés procedían del Concejo de San Pedro de Galdames, en Vizcaya. José, el primogénito, fue bautizado el 20 de marzo de 1720, y Francisco Antonio, el menor de la familia, el 4 de octubre de 1732. Eran hijos de Lucas de Llano y Arce y de Catalina San Ginés Somiano39.

Ambos hermanos pasaron unos años en América. Francisco, que contrajo matrimonio el día 7 de junio de 1753 con Doña Francisca Fernández Justiniano en la ciudad de Buenos Aires, había ejercido en el Río de la Plata varios puestos de importancia, entre ellos el de Administrador General de los treinta pueblos guaraníes, habiendo contribuido económicamente a la expulsión de los jesuitas40. Tras su retorno a Cádiz en 1770 y una vez afianzada su posición en la ciudad41, acometió en 1772 la gestión de la Compañía Ustáriz y San Ginés asociado con Juan Agustín de Ustáriz, tras el descalabro de la empresa antecedente42. Según Pedro de Cevallos, acérrimo crítico del gobernador Bucarelli, Francisco estuvo involucrado en las actividades del mismo durante su estancia en Buenos Aires, acusando a ambos de enriquecerse con medios ilícitos. Afirmaba que San Ginés se había visto obligado a invertir en la Casa de Ustáriz aceptando el chantaje al que le había sometido Vertiz, sucesor de Bucarelli, a cambio de ignorar sus actividades delictivas:

Las cosas de esta provincia están en malísimo estado desde que el bueno de Bucarelli sirvió de azote y lo puso todo en un desorden imponderable. Sus robos y maldades carecen de ejemplo [... ]Y no se hace increíble a los que saben, haber registrado Don Francisco San Ginés, que a mi salida de Buenos Aires era un pobrete, y que fue en su compañía, y le sirvió para sus robos, quinientos mil pesos.

[…] se metió en la Casa de Ustáriz, aunque hundida, para que Vertiz, que es pariente y acérrimo apasionado de la misma Casa, no le descubriese sus cacas, antes le apoyase, y favoreciese, como en virtud de las fuertes recomendaciones de sus parientes lo ha practicado.43

Entre la fecha en que asumieron el giro de la empresa y la que posteriormente pasará a ocuparnos, en relación al viaje a Filipinas, habían transcurrido siete años. Los nuevos socios habían realizado 25 expediciones a Indias y se habían distinguido por una conducta agresivamente innovadora dentro del sector naviero gaditano. Afectados por la legislación de febrero de 1778, que ampliaba las primeras disposiciones liberalizadoras de Barlovento a las zonas del Río de la Plata y Callao, donde disponían de permisos de registros anuales que quedaban sin sentido, la promulgación del Real Decreto de Comercio Libre de 12 de octubre de 1778, y posiblemente alguna instrucción desde altas instancias, abrió nuevos cauces muy acordes con su marcada iniciativa empresarial.

 

El Hércules en 1779

El navío San Francisco de Paula, alias el Hércules, se había construido en 1766 a expensas de Manuel Prudencio de Molviedro44 en el paraje nombrado Roqueta, en la bahía de Puntales, en la costa de camino de Cádiz a la Isla de León. Su construcción, que fue dirigida por Matheo Mullan, había sido diseñada para utilizarlo como buque mercante. Según la evaluación efectuada en el viaje que efectuó en 1776, tenía una eslora de 62 metros, 54 de quilla, 16 de manga y 8 de plan, con un tonelaje de 505 3/8 de bodega y 50 de entrepuentes, y estaba armado con 22 cañones de calibre de 6.

En su primer viaje partió hacia El Callao el 19 de marzo de 1768, actuando como maestre Matías Manuel de la Peña. Hubo de vencer dificultades en la travesía al haberse estropeado parte de la alimentación, y llegó a su destino el 18 de noviembre de 177045. Tras su regreso a Cádiz realizó su segundo viaje, todavía bajo la propiedad de Molviedro, integrado en la Flota capitaneada por Luis de Córdoba, que se dirigía a Veracruz, volviendo a Cádiz en 177446.

Su adquisición por la compañía Ustáriz y San Ginés se efectuó de forma tan forzada que incluso requirió investigación demandada por el monarca47. Las dimensiones de los barcos propiedad de la compañía habían levantado protestas entre los navieros, que se dirigieron al monarca exponiendo los problemas que atravesaba la plaza. Argumentaban que aplicando los precios de fletes usuales las expediciones solían ser deficitarias y que la limitación del tamaño de la nave impedía las ventajas de la economía de escala proporcionada por la utilización de los grandes barcos propiedad de Ustáriz y San Ginés, que optaban por competir con bajada de fletes de forma reiterada y agresiva:

...acaba de avisar por medio de Cartas circulares, firmadas de su puño, a todos los Individuos Cargadores de este Comercio, que se obliga a llevar voluntariamente a los dichos Puertos del Sur, todas las ropas que se le cargasen en su Navío San Nicolás, por sólo el flete de nueve dozavos... este paso tan extraordinario, como hasta ahora no visto en este Comercio, así por la sustancia de él, como por el modo con que se ha dado, no parece conspirar menos, que a la ruina general del Ramo de Navieros.48

Y no obstante todas las consideraciones que se le han hecho presente al Don Francisco de San Ginés, socio de dicha Compañía, no han sido suficientes a persuadirle siga con el arreglo a que los demás estamos sujetos; mediante del último de S. M. de fletar a doce dozavos, haciéndole conocer que de lo contrario, es pretender su sacrificio, y el nuestro…49

...hallándose prontos a recibir carga el navío El Buen Consejo, El Hércules, y las Fragatas Astuto y Jesús María y Joseph, con el propio destino, a imitación del año antecedente, con cartas circulares, ofrecieron la misma bajada de fletes los citados Ustáriz, San Ginés y Compañía, dueños del Buen Consejo, que es el navío marchante de mayor buque que se conoce…50

Según los firmantes, dicha política de rebajas había conseguido que ni el navío el Hércules ni la fragata Jesús, María y José pudiesen conseguir habilitación de carga y que los dueños del primero se vieran obligados a vender su barco a la empresa que tan duramente les agredía51. Estimaban que conseguirían arruinar a todos los demás dueños de embarcaciones si no se tomaban urgentes medidas al respecto, y recordaban que en los últimos 10 o 20 años eran muchos los empresarios declarados en quiebra, entre ellos la misma Casa (aunque con distinto nombre) que era objeto de sus encendidas denuncias: “...habiendo suspendido el pagamento de 3.648.000 pesos en el año próximo pasado de 1772, descubierto de la mayor cantidad que hasta el presente se haya visto en España en ninguna Casa de Comercio”52.

La compraventa de la nave, por un precio de 24.500 pesos de a quince reales de vellón53, no se documentó formalmente hasta el 17 de mayo de 1776, aunque el viaje de 1774, tercero en la historia de la nave, en que el registro se iniciaba a nombre de su anterior propietario, ya se efectuó por cuenta de la compañía “Ustáriz y San Ginés”. Salió de Cádiz el 18 de enero de 1774, actuando como maestre Manuel Martínez Romo, y volvió el 13 de septiembre del siguiente año54.

Admitido el Hércules para la realización de un viaje a Buenos Aires en 1776, resultó incautado por Pedro Cevallos para su segunda expedición al Río de la Plata, que partió de Cádiz el 13 de noviembre de 177655. La vuelta, en febrero de 1778, lo hizo por cuenta de la Compañía por permiso especial y con cargamento de cueros, actuando como maestre Juan Ángel Calvo56.

En el año 1779 se encontraba preparado para iniciar un nuevo viaje, pero esta vez en dirección a Extremo Oriente a través del cabo de Buena Esperanza.

 

             Galeón. Pintura de Rafael Monleón. Museo Naval de Madrid. (Fuente: Foro Xerbar)

 

II- Los proyectos de José de Gálvez y la colaboración de Francisco de Llano San Ginés: Málaga, Annobón, Fernando Poo y... Filipinas

Tal vez la primera relación conocida de José de Gálvez con las remotas tierras de Filipinas sea su nombramiento en 1750 como gobernador de Zamboanga durante un período de cinco años, empleo por el que tuvo que pagar un total de 1.500 pesos fuertes57. Al parecer no llegó a ejercer el cargo, tal vez porque su matrimonio con Lucía Romet posibilitó su integración en determinados círculos económicos58, pero sus actuaciones posteriores demostraron que no había perdido el interés por las islas.

En 1764 era Alcalde de Casa y Corte y entre los años 1765 y 1772 ejerció el cargo de Visitador de Nueva España donde, en la expedición fronteriza de 1768, cedió el mando de las tropas al coronel de Dragones Domingo Elizondo59. En nuestro intento de buscar explicaciones a las manifiestas relaciones entre Gálvez y los hermanos Llano San Ginés anotamos la circunstancia de que José de Llano estaba casado con María Elisa de Elizondo, desconociendo si existía entre los citados la relación familiar que insinúa el apellido. Otra característica común que hemos considerado era la de que tanto Gálvez como Francisco de Llano se habían distinguido en las expulsiones jesuíticas del virreinato de Nueva España y de la gobernación del Río de la Plata respectivamente, pero desconocemos igualmente si esa circunstancia pudo establecer algún tipo de vinculación entre ellos. De cualquier forma, es frecuente la alusión bibliográfica a la amistad que los citados personajes se profesaban60 y resulta evidente, por los hechos que protagonizan, que las relaciones entre ellos debían ser, cuanto menos, cordiales.

A partir de 1776, en que Gálvez asumía la Secretaría de Estado del Despacho Universal de Indias, comienza su implicación en numerosos proyectos innovadores. Precisamente en ese año se creaba el Virreinato del Río de la Plata de forma provisional, esperándose al siguiente para la ratificación definitiva por Carlos III, a propuesta de Gálvez, en su calidad de ministro de Indias. Y también precisamente en ese año había partido el navío Hércules en la expedición de Casa Tilly, incautado para transportar las tropas de Cevallos, necesarias en dicha zona a causa de las desavenencias que venían sucediéndose con los portugueses61. Uno de los oficiales enviados en esa expedición era el coronel Felipe de los Santos Toro, conde de Argelejo62.

Por el tratado de San Ildefonso, fechado en 1777, y su ratificación en El Pardo en 1778, España recuperaba la colonia de Sacramento y las misiones orientales del Uruguay. Pero de forma secreta se le cedían, además, las islas de Fernando Poo y Annobón. El 2 de febrero de 1778 la fragata Santa Catalina llegaba a Montevideo con el nombramiento de Argelejo, firmado por José de Gálvez, para capitanear la expedición que debería tomar posesión de aquellas islas. En abril partían de Montevideo hacia las mismas las fragatas Soledad y Santa Catalina y el bergantín Santiago63. La expedición se había clasificado de secreta64.

Es cierto que la posesión de las islas africanas podría aportar alguna solución a las necesidades atendidas principalmente por negreros holandeses65. Pero, sobre todo, no podía escapar a Gálvez la importancia de la colonización mercantil de la costa de Guinea para ser utilizada como escala en la posible ruta a Filipinas por el cabo de Buena Esperanza66. Ello explicaría su intervención en el tratado del Pardo y su atención entusiasta a la expedición de Argelejo67, conductas que entendemos se encuadraban en su proyecto de navegación a Asia por una ruta alternativa. Años más adelante los apoderados de Ustáriz y San Ginés recordaban su implicación cuando se referían al viaje entre Cádiz y Manila: “Y aunque esta expedición, hecha a impulsos de V. E. y en crédito y beneficio de la nación...68

En ambas expectativas, relacionadas con los continentes africano y asiático, así como en su deseo de integrar el puerto malacitano en el libre comercio a América, contó Gálvez con el decidido apoyo de Francisco de Llano San Ginés a través de las dos sociedades en las que participaba: “Ustáriz y San Ginés” en Cádiz y “José de Llano San Ginés y Compañía” en Málaga.

En los primeros días del año 1779 se comenzaron a manifestar los importantes proyectos de José de Gálvez, relacionados con el nuevo marco jurídico definido en el Reglamento de Comercio Libre. En la península destacaba su interés por la provincia de Málaga, de donde era oriunda su familia, y más concretamente por la villa de Macharaviaya, cuna de la misma, donde se implantó una fábrica de naipes. En la citada localidad pensaba Francisco de Llano San Ginés establecer una fábrica de toda clase de sombreros y en sus inmediaciones otra de medias a la genovesa69. De esta forma completaba su vinculación a la provincia tras el ofrecimiento de establecer una Casa de Giro en Málaga con el nombre de “José de Llano San Ginés y Compañía”, con participación de ambos hermanos y la incorporación como delegado en la plaza del yerno de Francisco, Juan Felipe de Madariaga Arzueta. La aprobación de tal iniciativa llegaba el 22 de febrero, siete días más tarde de la solicitud inicial.

En principio tenían previsto matricular dos barcos, la Divina Pastora, alias el Brillante, y el San Pedro, al que nos referiremos posteriormente. Ambos pertenecían a José de Llano que, a partir de ese momento, cambia documentalmente su titularidad personal por la de la razón social que constituye con su hermano para volver, tras la muerte de Francisco, a su denominación particular. Desistimos de enumerar las condiciones en que se realizaría el tráfico de la sociedad, pues ha sido suficientemente reseñado en anteriores trabajos70. El 15 de abril partía la Divina Pastora de Cádiz a Málaga para proceder a su carga y el 15 de junio lo hacía desde este último puerto con rumbo a Veracruz portando, entre otras mercaderías, barajas de naipes de Macharaviaya por cuenta de la Real Hacienda71. Resulta interesante conocer la importante financiación de los Cinco Gremios Mayores de Madrid que se elevaba, en una única escritura, a 208.053 pesos y cuatro reales de plata72, prácticamente la totalidad de la que requirió la expedición73, corriendo riesgo sobre 9.700 barriles de aguardiente y con la obligación mancomunada de los hermanos Llano. La Casa de Giro malagueña, como el resto de los proyectos a los que venimos aludiendo, tuvo una existencia efímera por la temprana muerte de Francisco.

Como indicamos anteriormente, un mes antes de iniciar la negociación malagueña, concretamente el 15 de enero, la empresa “Ustáriz y San Ginés”, formada por Francisco de Llano San Ginés y Juan Agustín de Ustáriz, había propuesto acometer una ruta directa a Filipinas. La concesión se fecha el día anterior al que se otorgaba el comercio con Málaga a la otra sociedad participada por Francisco. Pero, además, tres días antes se emitía una Real Orden con instrucciones de enviar socorros urgentes a las islas y costa de África, donde la expedición de Argelejo llevaba meses afrontando serias dificultades, a pesar de haberse visto reforzada con la fragata Nuestra Señora de Gracia74. El día primero del agitado mes de febrero -en que tantas decisiones importantes se tomaban en relación a Francisco de Llano y sus sociedades- se había firmado un extenso contrato con Larrea, capitán del navío San Pedro, para dirigirse a Fernando Poo, Annobón, o cualquier otro destino donde pudiese encontrarse Argedelos. De esta forma dos proyectos de Gálvez se vinculaban en un cortísimo espacio de tiempo a la sociedad formada por los hermanos Llano con sede en Málaga. Y nos consta su particular implicación: “... nos constituye en el más sublime reconocimiento, por la dignación que merecemos en haber sido de la Real aprobación; conociendo desde luego deberla a la protección de V. E...”75.Tal vez la decisión de que el comercio a Filipinas tuviese la titularidad de la gaditana “Ustáriz y San Ginés” y no la de “Llano y San Ginés”, con la que se acometían los anteriores proyectos, podría deberse a que aquélla se trataba de una sólida empresa con diecisiete años de antigüedad y propietaria de una importante flota, reuniendo las características que se habían exigido a los anteriores ofrecimientos de tráfico con las islas, según explicamos en la primera parte de nuestro relato. No sucedía así con la empresa malagueña, de reciente creación y con un limitado número de barcos. El segundo de ellos, el San Pedro, de porte de 588 toneladas, debía dirigirse en auxilio de los expedicionarios de África76.

En enero había vuelto el paquebote77 Santiago portando notas de las tropas de Argelejo e indicando las dificultades que estaban encontrando78. Inmediatamente se ordenó la salida de un buque de apoyo, y con este objeto se contrató en su totalidad el San Pedro, exceptuando el alojamiento de la tripulación y el sitio necesario para rancho, aguada y pertrechos79. El fletamento a cobrar sería, como mínimo, de ocho meses a partir del primero de febrero de 1779, correspondiente a 400 de las toneladas del buque a razón de 8 pesos por cada una, incrementándose si se alargase en el tiempo, y se pagaría, además, Mesa de oficiales. Si quedase el barco libre, una vez cumplido su cometido, se le autorizaba para partir a Montevideo u otro puerto por cuenta de los contratantes80.

Argelejo murió a bordo de la fragata Santa Catalina el 14 de noviembre de 177881, aunque la noticia no llegó a Cádiz hasta el 12 de marzo siguiente82. Dado que el San Pedro retrasó su salida, esperando un vestuario que debía llegarle desde Sevilla, y que el 16 de marzo aún no había podido zarpar, por tenerse noticias de que habían pasado al océano seis embarcaciones argelinas83, partirían hacia África conociendo el fallecimiento de Argelejo y la dramática situación de los expedicionarios, cuyos escasos supervivientes, tras numerosas peripecias, abandonaron África de regreso a Montevideo el 30 de diciembre de 178184.

Paralelamente a la ejecución de los movimientos reseñados, de Málaga a América, de Cádiz a las islas y costas de África, se desarrollaba el importante proyecto en dirección a Extremo Oriente: el comercio directo de Cádiz a Filipinas por la ruta de Buena Esperanza.

 

III- Primer viaje a Extremo Oriente de El Hércules. Cádiz, Filipinas, Macao, Acapulco, Guayaquil, Callao (1779- 1782): un proyecto de “Ustáriz, San Ginés y Compañía”

Entre los variados informes que Francisco Leandro de Viana, conde de Tepa, elaboró sobre variados aspectos de las Islas Filipinas, destacamos, por su temática y fecha, el dirigido el 23 de agosto de 1778 al Consejo de Indias, referente a la suma importancia del comercio de las islas.85 La evidencia de tal realidad, las posibilidades que brindaba el Reglamento del Comercio Libre de octubre del mismo año y, como hemos puesto de manifiesto, el apoyo de Gálvez y la iniciativa empresarial de la compañía gaditana Ustáriz y San Ginés se plasmaron en la realización de un primer viaje comercial directo desde la Península a Filipinas, que daba comienzo el 2 de abril de 1779: “...en la mañana de hoy se hizo a la vela el navío El Hércules... con arreglo a la Real Instrucción de 12 de octubre del año próximo pasado y la Real Orden del 21 de febrero del presente...”86.

 Actuaba en calidad de maestre Domingo de Gorosarri, que debía entregar las mercancías y plata amonedada enviadas por la Compañía a los apoderados Domingo Francisco de Acevedo, José de Muguerza y Domingo Bautista de Olavarrieta.

Tabla 1

Las cuentas de habilitación del navío ascendieron a 84.316 pesos de 128 quartos por lo que se autorizó asegurarla en esa cantidad, haciéndose una primera póliza de 70.000 pesos el día 2 de abril, donde se explicita la salida de la nave, y una ampliación hasta 81.000 pesos, fechada el 10 de junio de 1779, cuando llevaba dos meses de navegación87.

La mercancía se valoró en el puerto de Cádiz en 3.896.955 reales de vellón de géneros españoles, sobre los que no se pagaron impuestos, y 397.336 reales de vellón de géneros extranjeros, que pagaron el 7%, 27.812 reales de vellón. En total 4.294.291 reales de vellón, es decir, 286.286 pesos. Anteriores trabajos no localizaron su carga88, pero nosotros hemos tenido ocasión de comprobar el detalle de sus 50 registros y conocer que los socios Ustáriz y San Ginés actuaban en 37 de ellos en calidad de cargadores, ascendiendo a 41 aquellos en que la mercancía viajaba de su cuenta y riesgo. No cabe duda que era una expedición gestada y asumida por la empresa que regentaban, correspondiéndoles carga por un valor de 3.821.274 reales de vellón. De ellos, 3.300.000 reales se referían a 164.000 pesos fuertes amonedados, destinados a la adquisición de mercadería del Extremo Oriente, y 316.020 reales correspondían al género extranjero, que les pertenecía en su totalidad exceptuando el registro número 27, a nombre de los Cinco Gremios Mayores de Madrid, valorado en 81.316 reales de vellón89, marcado con las siglas 5G y destinado a ser entregados a Francisco Antonio del Campo o a Pedro Antonio de Escuza. Los efectos del antiguo palmeo originaron en el registro elaborado según el nuevo sistema de Comercio Libre listas interminables de productos: hilos de oro, encajes, marcos, espejos, naipes, papeles o libros, cuya descripción hemos obviado por su excesivo detalle90.

No podemos olvidar la financiación del evento, para el que se formalizaron 36 operaciones por un total de 272.989 pesos de 128 quartos y 22.980 pesos fuertes. Los deudores más significativos fueron los propios socios de la empresa que asumía el proyecto, resultando obligados en un total de 21 operaciones por un total de 241.301 pesos de 128 quartos La mayoría de ellas se firmaron el día 17 de marzo, en la notaría de Fernández de Otaz. Teniendo en cuenta que ninguna se emitía sobre casco y quilla, puesto que habían asegurado el barco por el máximo permitido, podemos afirmar que la empresa financiaba la totalidad del coste de habilitación y una pequeña porción de mercadería, sumando entre ambos conceptos una inversión aproximada de 97.766 pesos de 128 quartos, un 26% de la operación.

Otros deudores significativos eran el maestre, que suscribía un total de 20.260 pesos fuertes y 26.398 pesos de 128 quartos, y el cirujano José de los Reyes, titular de operaciones por importe de 4.420 de esta última moneda91. El fallecimiento de éste último originó la tramitación de la liquidación de sus bienes, circunstancia que nos ha proporcionado datos de gran interés sobre el devenir de los expedicionarios, a los que haremos alusión en su momento.

Al mes de partir la nave se había enviado una carta reservada al gobernador de Filipinas afirmándole que el rey estaba resuelto a declarar la guerra a la Gran Bretaña. Se le indicaba que, durante la guerra, se permitiría el aprovisionamiento de las dos Américas con géneros de la China y el resto de Asia a través de Nueva España y el Perú, para mantener el nivel del comercio y de los ingresos de la Hacienda Pública92. Esta misiva influiría en el posterior equívoco del gobernador de Manila, que posibilitó el cambio del circuito previsto a la salida de Cádiz. Llegada a Filipinas la noticia de la declaración de la guerra, se alteraron los planes del Hércules, que veía impedida su vuelta por el camino previsto, provocando la petición de los apoderados de la Casa para despachar la expedición a Acapulco, después de tocar Cantón o Macao, para continuar a Lima, Guayaquil u otro de los puertos del Sur93. Parece que los expedicionarios conocieron el inicio de la contienda en camino, más allá de la bahía de Las Tablas, en el cabo de Buena Esperanza, continuando su navegación hasta Manila, donde llegaron con éxito94. El 8 de agosto el conde de Tepa escribía a Gálvez desde Manila haciéndole el halago de considerar que tal vez le había reservado Dios la gloria de dar a conocer el valor de las Filipinas, equiparable al vasto Imperio de las Indias Occidentales95. Tal misiva afianza nuestra sospecha del empeño personal del Secretario de Estado.

Nos consta que en los primeros días de 1780 se mantuvo el inicial objetivo. Así se manifiesta en la operación de riesgo de 33.000 reales de vellón que formalizó el cirujano José de los Reyes el 31 de diciembre de 1779 con el capellán de la fragata Juno, destinada a financiar la adquisición de mercancías en Cantón, donde tenían previsto dirigirse a primeros de marzo96. Igualmente en la primera carta que enviaba a su mancomunado, Don Francisco Gómez, el 8 de enero de 1780, describiéndole la abundancia de género existente en el mercado, la imposibilidad de colocar sus mercancías y la necesidad de demorar un año el retorno por haber llegado tarde a Manila y precisar de un tiempo prudente para comprar en Cantón y partir desde allí el mes de diciembre. Por tanto, el calendario fijado en ese momento comprendía salir de Manila en abril de 1780 (como al parecer lo hicieron el día 22)97, cargar en Cantón durante unos meses, largar velas a finales del año y llegar a Cádiz en junio o julio de 178198. La carta segunda es de muy distinto signo: fechada en Macao el 15 de enero de 1781, comunicaba que habían llegado a dicho puerto el 18 de mayo de 1780 y que tenían previsto dirigirse a Acapulco en los primeros días de abril de 1781: “...el viaje puede sernos de utilidad y ya tengo empleado nuestro dinero en género de costa...”99.

Llegados a este punto, debemos detenernos ante la evidencia del cambio de planes. Puesto que el 10 de mayo de 1780 había remitido el gobernador de Filipinas a José de Gálvez el oficio en que comunicaba el permiso concedido al navío Hércules para navegar a Acapulco, sabemos que dicho viaje se propone y se concede durante la vida de Francisco de Llano San Ginés, aunque por la fecha de la carta reseñada anteriormente conocemos que después de su fallecimiento (del que obviamente no tendrían noticias, por acabar de producirse) aún no se había iniciado la travesía que rompía el monopolio transpacífico. Además, según las noticias de que dispone el cirujano, el viaje se proyecta con el mismo circuito del Galeón: “De Acapulco es regular que volvamos a Manila”100.

Estimamos que entre el 16 de junio de 1779, en que se declaró la guerra, y el 10 de mayo de 1780, en que tenemos la primera constancia del cambio de planes, pudo producirse la llegada de instrucciones a los apoderados en Filipinas, pues creemos que difícilmente se debería a su iniciativa decisión tan importante. Más bien pensamos que San Ginés y Ustáriz verían en la declaración de la contienda un inmejorable pretexto para competir con el centenario Galeón.

En la tercera de las misivas, fechada en Macao el 6 de febrero de 1781, muestra José de los Reyes su preocupación por la respuesta de sus acreedores ante el cambio de ruta101. Preocupación que, en mayor escala, también afectaba a los nuevos responsables de la empresa tras la muerte de ambos socios, Francisco en los últimos días del año1780 y Juan Agustín en los primeros de 1781102. Según Juan Felipe de Madariaga, yerno y albacea de San Ginés, dada la nueva ruta que seguiría la nave resultaba imposible cumplir los plazos de retorno y los titulares de los préstamos se negaban a anular la cláusula que penalizaba con medio punto al mes, por todos los que corriesen después de pasados veinte de la salida de Cádiz. Por ello, solicitaba el arbitrio del rey, proponiendo que los acreedores y la compañía formasen una masa común y se repartiese en proporción a cada uno el resultado del viaje a la vuelta del navío. Como alternativa sugería que se liquidasen los préstamos en Acapulco, de forma que se conmutase el segundo riesgo, de Manila a España, por el de Macao a dicho puerto, según el importe de las escrituras, pero entregando peso doble de plata de aquel reino por sencillo que debía satisfacerse en Cádiz. La solicitud está fechada en esta ciudad el 23 de abril de 1781, y se afianzó con el memorial que el 2 de mayo dirigió a José de Gálvez Miguel José de Ustáriz, hijo de Juan Agustín. Le recordaba que la expedición se hizo “a sus impulsos” y en “crédito y beneficio de la nación”, y justificaba el cambio de circuito poniendo de manifiesto el peligro de permanecer en Filipinas, amenazada por los ingleses. Cifraba el importe de los préstamos en 330.000 pesos de 128 quartos (cantidad que excede en un 36% del montante registrado al que nos hemos referido anteriormente103) e indicaba que los acreedores no aceptaban las propuestas de la Casa y se consideraban libres de correr el segundo riesgo, alegando cambio de destino, ya que en las escrituras se estipulaba retorno a algún puerto europeo. Valoraba el viaje desde Manila a Acapulco en 400.000 pesos, entre el navío y la carga, y exponía que en caso de pérdida habría que añadir los 330.000 pesos de las obligaciones reseñadas, llegando a un descubierto de 700.000 a 800.000 pesos, que supondría la ruina de la Compañía104.

El 15 de mayo se encontraba el barco navegando y la Casa corriendo el riesgo total, por falta de acuerdo, por lo que se decidió imponer el arbitraje del presidente de la Casa de la Contratación al tener en cuenta que el motivo principal de lo ocurrido había sido la guerra, unida a las disposiciones del Monarca en cuanto a la retención preventiva de naves, que no deberían navegar sin conserva105. Instrucciones que habían sido mal interpretadas por el gobernador de Manila, tal vez agobiado por la mala disposición que el comercio local dispensaba a los nuevos competidores:

...en una palabra, si yo no estoy aquí, crea V. E. firmísimamente que estos honrados sujetos (bien diferentes de los de Manila) ya habrían levantado la casa, y tomado la resolución de volverse por donde pudieran, viendo doblegadas por este comercio las especies más contrarias a las sabias máximas de la corte, haciendo creer al público que la casa de Ustáriz y los Gremios de Madrid han venido a perder el Comercio de las Islas.106

Por esa predisposición a favor de los recién llegados o porque, efectivamente, la normativa se prestaba a interpretaciones, el gobernador José de Basco y Vargas autorizó el viaje directo desde China a Acapulco siendo desautorizado, de orden del rey, en misiva fechada en Aranjuez el 11 de junio de 1781 y previniéndole de la necesidad de realizar un escrupuloso fondeo en Acapulco para cobrar los derechos pertinentes, tanto los correspondientes al reglamento particular de Filipinas, como los que hubiera debido pagar en Manila si hubiese formalizado el registro de su carga, volviendo de Cantón antes de partir a América. Dicha prevención se enviaba también directamente al virrey de Nueva España en la misma fecha107.

Paralelamente a dichas disposiciones, y también en esa misma fecha de 11 de junio de 1781, se firmaba en Cádiz el acuerdo de los escriturarios, y Gálvez quedaba puntualmente informado:

Los riesgos desde Manila, a Acapulco, o otra cualquiera parte por donde haya emprendido viaje el navío Hércules, son por convenio enteramente de cuenta de la Casa de Ustáriz y San Ginés; y a consecuencia se asegura por sí, según tenga por conveniente, sin que los escriturarios tengan que ver con nada adverso en este asunto.

Los escriturarios, en obsequio de la alta inmediación intervenida en este particular y en logro de evitar todas cuestiones y complacer a la Casa en el caso ocurrido, admiten la proposición de ser pagados en México con solo la mitad del premio y sobre premio de sus escrituras, de modo que siendo el todo un 60%, con solo el 30% deben cobrar sus principales y premios, en igual cantidad de pesos de aquella moneda, para lo que habrán de darse libranzas de un tenor por la Casa en toda forma, a satisfacción de los escriturarios y otorgarse escritura de este acuerdo.

Que en el caso de no ser pagadas en el todo o parte y por tanto protestadas las libranzas a su presentación de vuelta, debe pagar aquí la casa el equivalente, a menos que se halle sin fondos suficientes en aquel día en cuyo caso se pacta por condición que se acordarán los plazos que se tengan por regulares para el pago.

Que el medio punto acordado en la escritura por la demora desde los últimos meses de la salida, se transige en que solo sea un cuarto, hasta el tiempo de haberse de pagar las libranzas, desde el cual, sino se verificase será medio punto al mes por la más demora que se concede.

Que en el caso de perderse el navío antes de llegar a Acapulco, como que sus fondos se imposibilitan para el pago allí, que este se habrá de hacer del principal y el 30% del premio y del cuarto % desde los veinte meses luego que se tenga la noticia en Cádiz, con las esperas o plazos que si fueren precisos se acuerden entonces.

Que el pago del principal y 30% que se ha de hacer en México ha de ser en pesos de aquella especie por peso de acá, y si la paga fuese aquí en otros tantos pesos de 128 quartos108.

 El 13 de diciembre de 1781 llegaba el Hércules a Acapulco valorándose su carga en 224.384 pesos, aunque aplicándole precios de compra en Filipinas quedaba reducida a 206.212 pesos109. Cifras ambas bastante alejadas de los 400.000 pesos en que las habían evaluado en sus escritos Madariaga y el joven Ustáriz. El registro de su carga, fechado en Acapulco el 2 de enero de 1782, ha sido publicado en anterior estudio, al que remitimos110. El virrey de Nueva España, al informar de la liquidación de los correspondientes derechos, indicaba a Gálvez que el 5 de enero de 1782 le habían ofrecido el navío para lo que se le ofreciera en caso de volver a Manila y que había autorizado dicha vuelta, condicionándola a que tenían que hacerla de vacío.

Sin embargo, el 25 del mismo mes continuaba el navío en Acapulco esperando se celebrase la feria, para lo que ya habían llegado los comerciantes mejicanos. Las expectativas eran buenas, hasta para el cirujano Reyes que, enfermo y cansado, había decidido no volver a Manila en el barco, cuya salida era inminente, y quedarse en México111. Tampoco el Hércules volvió a Manila, a pesar de lo previsto. Partió a Guayaquil para carenar y posteriormente llegó a Lima. En este puerto se iniciaba una aventura de muy distinto signo112.

 

IV- Segundo viaje a Extremo Oriente de El Hércules. Callao, Paita, Macao, San Blas, Callao (1783- 1785): un ardid de los comerciantes de Lima

Los autos de la liquidación post mortem que correspondían a Francisco de Llano San Ginés fueron iniciados el 3 de abril de 1782. Los bienes se encontraban afectos a los créditos de la compañía Ustáriz y San Ginés, de la que había sido socio, existiendo gran dificultad de segregación por la existencia de otro socio, igualmente fallecido: “...no pudiendo liquidarse las cuentas...sufriendo ínterin la común masa el mantenimiento de ambas familias, sin aquella independencia que a cada uno pertenece,...”113. El 12 de febrero de 1790, nueve años después del fallecimiento de Francisco, sus herederos decidieron poner solución a la compleja situación testamentaria, aun manteniéndose el interés particular de cada uno de los interesados.

Y deseando reducirnos a mejor situación, terminar el examen de las cuentas pendientes hasta este día, y hacer la división del caudal que nos corresponde, hemos reflexionado que en nada se perjudican las obligaciones que aún subsisten, pues siendo responsables los bienes del difunto señor Conde, lo es igualmente cualquiera de sus herederos y partícipe en dichos bienes...114.

De esta forma, las actuaciones que en el año 1798 ejerce Manuel Cano, segundo marido de Francisca Fernández Justiniano, viuda de San Ginés, contra la Casa de Aguado y Guruceta de Cádiz, por los productos de tres cargamentos de té remitido desde Cantón, se formalizan a nombre de la referida, aunque existieran otras partes demandantes “...interesados en las reliquias de la compañía de Ustáriz y San Ginés”115. A través del expediente incoado hemos podido completar la información de las peripecias del Hércules después de finiquitar el viaje expuesto con anterioridad.

El día primero de agosto de 1782 Juan Félix de Berindoaga, conde de San Donas, apoderado de la Casa en Lima, solicitó permiso de registro a Filipinas116. Sin embargo, cuatro días después escribía a Juan Felipe de Madariaga para hacerle saber que había procedido a la venta del Hércules al comerciante limeño José González Gutiérrez por el precio de 50.000 pesos fuertes. Era una operación que parecía lógica, puesto que la Casa, fallecidos los socios, estaba liquidando sus negociaciones mercantiles, principalmente las que tenía al otro lado del mar117. Según consta en el expediente referido, el 15 de julio de 1783 recibió Berindoaga aprobación de la venta del navío. Venta que el apoderado aseguraba que se había efectuado de forma sigilosa, puesto que el navío pensaba destinarse a realizar un viaje a nombre de la Compañía pero sin que la misma interviniera. Venta que la viuda de San Ginés alegaba que se había hecho de forma simulada y que en realidad no se había producido.

En 1782 José González Gutiérrez, que luego sería conde de Fuente González, era alcalde de Lima118. Consciente de la importancia económica de la operación que emprendía, incorporó a la misma a sus amigos119y a su yerno120. La licencia del visitador Escobedo otorgada al apoderado Berindoaga para navegar a Cavite y Macao tiene fecha de 5 de septiembre de 1782 y, al parecer, se acababa de denegar similar permiso a los comerciantes limeños121, lo que justificaría el engaño con el que se acometía la nueva operación. Posteriormente se concedió que el viaje partiera de Paita122y se cerrara directamente en Macao, sin pasar por Filipinas, en una evidente vulneración de las normas seculares123. Los asociados firmaron un papel de contrata con 21 disposiciones, previniendo que Berindoaga se embarcase como sobrecargo, para vigilar la expedición, llevando como segundo a Matías de Larreta y percibiendo, además de los beneficios de su participación, un 8% sobre las ventas124.

El 12 de junio de 1783 el rey aprobó este permiso hecho en tiempo de guerra125, advirtiendo que al haber llegado la paz no se permitía en lo sucesivo la introducción de ropas de China en Perú, por lo cual el barco debía navegar de retorno a Nueva España o a la Península, salvo imposibilidad, en cuyo caso deberían pagar los mismos derechos que se cobraban en Acapulco. También se les cobraría por la salida de Manila y por el dinero salido de Lima. Por último, se previno a Manila que si aún permanecían en su puerto cuando llegasen las instrucciones, se retornara a España por el cabo de Buena Esperanza. Las órdenes se cursaron para Perú y Filipinas el 26 de junio de 1783, pero en esa fecha el barco ya había salido de Paita, al parecer un tanto precipitadamente126.

La financiación del viaje, que ascendió a un montante de 600.000 pesos, se repartió entre los implicados127. Berindoaga participaba, a título propio, no sólo en la aportación de los 168.000 pesos que reflejaba el reparto sino, además, por los 31.198 pesos (que quedaron en 28.233 líquidos) que figuraban en la caja de soldadas. Aparecía también en otra partida, de dudosa titularidad, que nominaban “el navío en su particular”, con una aportación inicial de 28.801 pesos, incrementada en los 49.517 percibidos por fletes y minorada por gastos varios, quedando reducida, en la liquidación de Macao a un remanente de 40.402 pesos.

Tabla 2

Dicha liquidación quedaba resumida en tres partidas: negociación, Berindoaga por la caja de Soldadas y “el navío”. El reparto del montante, que ascendía a 612.200 pesos, se distribuía entre la adquisición de ropas, que según las facturas había supuesto una inversión de 455.261 pesos (que posteriormente quedaban reducidos a 450.026 al deducir unos gastos de 5.239 pesos) y una importante partida que, con el nombre de “en riesgo a Europa” y valor de 156.939 pesos, daría lugar a la posterior reclamación de José Manuel Cano, en representación de la viuda de San Ginés, a la que hemos aludido anteriormente. Más adelante nos extenderemos en la explicación de dicha partida128.

Tabla 3

El 10 de mayo de 1785 fue expedida una Real Orden para que el Hércules volviese cuanto antes a España. El conde de Gálvez, virrey de Nueva España, contestaba el 25 de noviembre que, en función de la licencia concedida en Lima a Berindoaga por el Superintendente de Hacienda, Don Jorge Escobedo, y por el virrey del Perú, Agustín de Jáuregui, el barco había salido de Paita el día primero de abril de 1783. Que había fondeado en Macao, en época de paz, el 10 de agosto del mismo año, que había salido de dicho puerto el 26 de junio de 1784 y que, tras graves problemas con la tripulación, afectada por el escorbuto, había llegado a San Blas el 17 de noviembre129,donde no pudo secuestrarse la cargazón ni cumplirse la referida Orden de 10 de mayo de 1785, porque en esa fecha ya había salido para El Callao130. En cuanto a Croix, virrey del Perú, respondió desde Lima que el navío y los sujetos que lo gobernaban regresarían a España atendiendo a los deseos de Su Majestad131.

El 26 de marzo de 1785 había partido el barco de San Blas132. La relación de mercancías ha sido publicada en anterior trabajo, al que remitimos133. Parte de la carga había sido vendida en dicho puerto sin avería, parte se vendió averiada y algunos de los efectos desembarcados quedaron en el puerto sin vender. Todo ello afectó a la liquidación del viaje de retorno, que quedaba, a precios de Asia, como puede apreciarse en el cuadro adjunto134, con un liquido resultante de 410.242 pesos135.

Tabla 4

Tabla 5

Comparando dicha valoración con las efectuadas utilizando precios de Nueva España y Perú podemos apreciar la importancia económica de la expedición, la cuantía de su beneficio, máxime si consideramos que estas cantidades eran aplicables a las mercaderías trasportadas136, sin incluir el montante del “riesgo a Europa”, al que aludimos anteriormente y que explicitamos a continuación.

Matías de Larreta, segundo de Berindoaga, había entregado a riesgo, con un premio del 100%, los 156.939 pesos referenciados a la Casa “Sevire, Lian e Fita”, que enviaba tres cargamentos de té de Cantón a Cádiz, consignados a “Verduc, Kerloguen, Payan y Compañía”. Como garantía, en febrero de 1784 libraron en Cantón ocho letras, por importe total de 313.877 pesos fuertes, que deberían ser pagadas a los cuarenta días de llegados los buques portantes a Cádiz. Los consignatarios contra quienes se giraron las letras no aceptaron fechas ni importes, y el gobernador de la plaza les liberó del pago inmediato, previa consignación judicial y a espera de las resultas de la venta. En tanto se produjo el fin de los negocios de la Casa Verduc y se depositaron escrituras, pagarés y obligaciones de la misma en la Casa gaditana “Aguado y Guruceta”.

El 15 de diciembre de 1785 Larreta había endosado las letras a Don Antonio López Escudero. Fallecido éste, resultó su heredero y albacea Juan Matías de Elizalde. Contra este último sujeto pleiteaba diez años más tarde José Manuel Cano, segundo marido de la viuda de Francisco de Llano San Ginés, que entendía que tanto Larreta como Elizalde eran testaferros de Berindoaga, que la venta del Hércules fue figurada, al no recibir sus propietarios el importe de la venta, y que, por todo ello, la Casa de Ustáriz y San Ginés participaba de la expedición. En la instrucción consta que Cano había encontrado cierta documentación que le había hecho iniciar las pesquisas y que, por otra parte, en el Comercio de Cádiz se levantaban voces que susurraban sobre la venta del Hércules y sobre el viaje a la China137. La primera resolución a favor de Elizalde se produjo el 14 de mayo de 1796 y la apelación de Cano, considerada negativamente, en agosto del mismo año. El 8 de agosto Cano respondía con un recurso de atentado, nulidad, agravio, e injusticia notoria. Además, recordaba que cualquier fraude contra la Casa lo era contra la Real Hacienda, su acreedora. En 1798 se resolvió el recurso y todavía el 17 de mayo se pasaba a consulta, con recomendación en contra, la pretensión del demandante de que no se aplicasen las sentencias. Y eran tan subidas de tono las “poco decorosas y aún indecentes exclamaciones” que hizo Cano en su representación, que se indicaba resolutoriamente:

... se le hará saber mi Real desagrado, por tan indebido proceder, apercibiéndole, que si en lo sucesivo incurriere en igual defecto, se le castigará con todo el rigor de las leyes...138

A lo largo del pleito quedaron patentes varias cosas139. Pero sobre todo, la verificación de que, aunque existiera una posición deudora de Berindoaga, el “riesgo a Europa” se trató de un negocio ajeno a la Casa Ustáriz, y la certeza de que ésta tampoco participó de la compañía que se formó en Lima para acometer el viaje a Extremo Oriente.

Aunque durante un tiempo nos hemos apartado de la suerte seguida por el Hércules, debemos retomar nuestra exposición en el punto dejado. Croix, virrey del Perú, expidió un primer Decreto, fechado de 14 de noviembre de 1785, que no surtió efecto, y un segundo, con fecha 12 de enero de 1786, demandando información sobre las circunstancias del navío, puesto que los permisos emitidos en su momento implicaban su vuelta a España140. En los mismos se involucraban a Berindoaga, como apoderado de “Ustáriz y San Ginés”, y a Ventura Martínez, que era, por esas fechas, capitán del buque. El primero entregó una prolija representación explicando que precisaba de 150.000 pesos para emprender el viaje de regreso y que carecía de fondos para su desembolso. Por tanto, y como única solución, había decidido la venta de la nave aunque, debido a su mal estado, no encontraba comprador141. Es decir, que no confesaba las verdaderas circunstancias de la embarcación y seguía simulando su pertenencia a la compañía que representaba.

Croix resolvió hacer inspeccionar el Hércules por personal cualificado142que cifraron en 120.000 pesos la cantidad necesaria para que la nave pudiese salir hacia España: “...de lo cual di aviso a el Superintendente Subdelegado de la Real Hacienda Don Jorge Escobedo, con cuyo dictamen determiné se les hiciese saber manifestasen si tenían o no proporciones para habilitar dicho buque. Con lo que dijeron reducido a serles imposible la habilitación di vista al Ministerio Fiscal”143.

En tanto, una Real orden de 18 de octubre de 1786 reiteraba la orden de regreso del Hércules a la Península144. Se hicieron nuevamente avalúos y consultas y la instrucción fue poniendo de manifiesto que al buque se le habían efectuado carenas y reparaciones y que había realizado una expedición del Callao a Guayaquil del 7 de octubre de 1786 a 21 de febrero de 1787, que luego había salido hacia Talcahuano el 24 de marzo y que se encontraba en el curso del viaje145. Como sabemos, todas estas actividades eran ya ajenas a los iniciales propietarios, pero Berindoaga seguía sin aclarar la realidad de la situación.

Todavía, un nuevo Decreto de 21 de mayo de 1787, repetía a los implicados la obligación de dirigirse inmediatamente a España. Ventura Martínez, el antiguo capitán, se encontraba en China, embarcado en la Astrea. Matías de Larreta atestiguaba que no había documento alguno que le ligara al barco y que sólo había viajado en calidad de apoderado de sus compañeros en el caudal registrado que había de utilizarse en Cantón y que, una vez concluido el viaje, también quedaba concluido su poder. En cuanto a Berindoaga, se decidía a explicar, ¡por fin!, que el navío se había vendido oportunamente al señor conde de Fuente González con arreglo a las órdenes de sus dueños, que éstos habían aprobado la venta en documento que conservaba para su resguardo y que presentaría en caso necesario, y que después se había vuelto a enajenar hallándose en manos de un tercer poseedor: “...todas las cosas han mudado de semblante...”146.

Le constaba que el conde lo había vendido a Vicente Larriva por la menguada cifra de 20.000 pesos, al encontrarse en estado lamentable. Argumentaba que las dos ventas fueron públicas y se pagaron en ambas los derechos correspondientes, por lo que entendía que existía imposibilidad civil y natural de hacer volver el navío a Cádiz147. El día 7 de junio, un mes antes de las últimas manifestaciones de Berindoaga, había muerto José de Gálvez, que tal vez nunca llegara a enterarse de la verdad del viaje realizado por los comerciantes limeños bajo el engaño y la argucia.

El 16 de enero de 1788 el caballero de Croix enviaba un extenso escrito al bailio frey Antonio Valdés, sucesor de Gálvez. Citaba las diferentes órdenes y decretos que se habían producido en el tiempo, así como el informe definitivo de Berindoaga, e indicaba que el Superintendente Escobedo había sido consultado y que éste se inclinaba a apoyar la solicitud de aquél de no obligar al retorno de la nave, razón por la que él mismo pasaba el asunto a consulta148.

Por real Orden de 22 de agosto de 1788 se aprobaron las providencias adoptadas al respecto de haberse suspendido el retorno del Hércules149.

 

V- Conclusiones

La muerte puso fin a las aspiraciones de Francisco de Llano San Ginés. Conocemos la implicación personal del marqués de Echandía, Juan Agustín de Ustáriz, en el giro habitual de la sociedad, puesto que en los documentos de la misma se alternan la firma de ambos asociados150, pero desconocemos el grado de apoyo que hubiese prestado al proyecto de Extremo Oriente terminada su compañía con el finado. Su inmediato fallecimiento, tres meses después del de Francisco, nos priva de llegar a conocer sus intenciones. El fracaso del empeño filipino ha sido adjudicado a la fuerte oposición del Consulado de Manila151, sin hacer referencia a la desaparición de sus protagonistas, que no sólo estaban acostumbrados a enfrentamientos similares, sino que gozaban del apoyo, y tal vez del empuje, de las más altas instancias.

En otro aspecto, ha sido adjudicado genéricamente a “los Ustáriz” el intento de emprender la aventura a Filipinas. Posiblemente porque un breve primer estudio sobre la Casa, que ha sido referencia profusamente utilizada bibliográficamente, establecía un continuo en la actuación de la misma desde sus comienzos en 1762, reconociendo la existencia de un gran paréntesis de información en que se conocía la incorporación de otro socio, que se identificaba como poseedor de fábricas de estampados y sombreros en la isla de León152. En realidad, en ese “paréntesis” se había producido, como indicamos al comienzo de nuestro relato, el concurso de acreedores de Hermanos Ustáriz y Compañía y la asunción de los activos y pasivos de la empresa por una nueva, que giró durante ocho años con el nombre de Ustáriz San Ginés y Compañía, formada por Juan Agustín de Ustáriz, primo de los anteriores propietarios de la sociedad, y Francisco de Llano San Ginés, que no era propietario de las fábricas aludidas sino hermano de José de Llano, titular de las mismas153. Por tanto, en el momento de producirse el viaje a Filipinas los hermanos Ustáriz llevaban siete largos años distanciados de la dirección de su anterior compañía y eran otros los protagonistas del intento.

Por último, se ha estimado como posible la perentoria necesidad de utilizar los barcos para no seguir cosechando pérdidas de su inactividad como la posible causa inmediata del atrevido paso de la empresa154. Ciertamente que durante el año 1777 sólo prepararon una expedición, pero en el ejercicio de 1778 fueron tres las naves enviadas, cumpliendo la operativa habitual de la compañía, cuyos barcos, a pesar del importante tonelaje, solían presentar problemas de exceso de carga dando lugar, en ocasiones, a la descarga obligada de parte de la misma. Por otra parte, se vivía un periodo de paz y se preveía la posibilidad de nuevos permisos hacia Caracas, que permanecía al margen de los puertos liberados para el comercio155. Por todo ello nos inclinamos más por la hipótesis, puesta de manifiesto en nuestro trabajo y, como hemos indicado, sospechada por otros autores, de que desde el centro del poder, y muy posiblemente a través del Secretario de Estado José de Gálvez, se incitara el desarrollo de semejante proyecto.

El 10 de marzo de 1785, desaparecidos Francisco y Juan Agustín, se creaba la Compañía de Filipinas. Aceptando la crítica del futurible, no nos resistimos a concluir que de haber disfrutado ambos socios de más larga vida, y considerando la aplicación de la cláusula de preferencia del contrato de 1779, tal vez hubiese sido otra la historia de la comunicación comercial con Extremo Oriente.



ANEXO I.- Valor de la carga transportada en el viaje del Hércules a Filipinas en 1779

(AGI, Indiferente General, 2417 A)

Tabla 6

ANEXO II.- Financiación de la expedición del Hércules a Filipinas: Cádiz, 1779

(AGI, Consulados, libro 436)

Tabla 7



 

NOTAS

1 El título de este trabajo pretende ser un homenaje a mi profesor, Antonio García-Baquero. De él aprendí a no aceptar la fuerza y persistencia de los tópicos y a intentar la revisión de los hechos históricos puntuales mediante el análisis riguroso de los documentos y bajo el punto de vista de una explicación global. Ver: GARCÍA-BAQUERO GONZÁLEZ, A.: “Los resultados del libre comercio y el “punto de vista”: una revisión desde la estadística” Manuscrits, 15, 1997, 303-322. Utilizamos la posterior publicación en GARCÍA-BAQUERO GONZÁLEZ, A.: El comercio colonial en la época del Absolutismo Ilustrado problemas y debates, Universidad de Granada, Granada, 2003, 187-216, p. 187.

2 MARTÍNEZ SHAW, C. El sistema comercial español del Pacífico (1765-1820), Discurso de ingreso en la Real Academia de la Historia, Madrid, 11 de noviembre de 2007, p. 32.

3 Parece que Gálvez se preocupaba de mover varios hilos con dirección a Filipinas. Como ejemplo, la observación de Capella y Matilla Tascón: “Al propio tiempo, los Cinco Gremios, por insinuación del ministro de Indias, embarcaron en la fragata La Juno, que zarpó de Cádiz, 502.332 reales de vellón en especie de plata...” CAPELLA, M. y MATILLA TASCÓN, C.: Los Cinco Gremios Mayores de Madrid, Madrid, Imprenta Sáez, 1957, p. 303. También Carmen Parrón Salas, aunque no se refiere explícitamente a Gálvez, intuye que la compañía Ustáriz y San Ginés actuó movida por instrucciones de algún superior que quería utilizarla como pionera en un viaje aún desconocido. PARRÓN SALAS, C.: De las reformas borbónicas a la república: el Consulado y el comercio marítimo de Lima 1778-1821, San Javier (Murcia), Academia General del Aire, 1995, cifrado pp. 309-318. Más adelante explicaremos nuestras propias sospechas de la posible implicación de Gálvez.

4 Archivo General de Indias (AGI), Indiferente General, 2.486.

5 Como es sabido, los Cinco Gremios Mayores de Madrid obtuvieron en 1776 licencia oficial para registrar géneros en los navíos de la Real Armada que viajaban a Filipinas, instalando dos factorías en Manila y Cantón. No se descartaba la posibilidad de fletar, en un futuro, sus propios barcos. MARTÍNEZ SHAW, C. El sistema comercial..., p. 31. Los Cinco Gremios también sufrían los delicados momentos que, en general, se atravesaban. En junio de 1778, aprestándose para salir en la expedición de azogues a Veracruz, denunciaban la escasez de cargadores, “a causa de lo abatido del comercio” y recordaban los antiguos naufragios sufridos en la isla de la Anguila, la pérdida de la fragata Nuestra Señora de Guadalupe en el terremoto de Guatemala y las dificultades para vender los géneros portados en las Flotas de Córdoba y Ulloa, provenientes principalmente de las sederías valencianas. AGI, Indiferente General, 2.485.

6 AGI, Títulos de Castilla, 6, R.17.

7 Carmen Yuste especula que algún ministro interesado solicitase sus textos. Ver YUSTE, C.: “La percepción del comercio transpacífico y el giro asiático en el pensamiento económico español del siglo XVIII. Los escritos de fray Iñigo de Abad y Lasierra” Memorias del segundo congreso de Historia Económica. México, 27 al 29 de octubre de 2004. [en línea] Asociación Mexicana de Historia Económica. [Consulta:21/04/200]. La autora centra su trabajo en el análisis de los textos de Abad con una somera alusión a la carta del comisionado.

8 AGI, Estado, 47, expedientes 10 y 11. Entre la información proporcionada por el comisionado de los Cinco Gremios figura la rentabilidad de los préstamos a riesgo, estimando que en 18 o 20 meses se obtenía entre Filipinas y Acapulco un 46% de beneficio, teniendo las operaciones habitualmente dos fiadores y sin comenzar a correr el riesgo hasta la vela. También estimaba que el ramo de seguros podría ser interesante, al no existir oferta y haber sondeado la posibilidad de demanda.

9 AGI, Estado, Expediente 11.

10 AGI, Indiferente General, 2.486. Se mantenía la obligación de depositarlas en los almacenes de la Aduana para su control antes de ser enviadas a América, con arreglo al artículo 51 del Reglamento del Comercio Libre.

11 Ibídem. El coste por el camino tradicional a través de Nueva España ascendía a unos 1.000 pesos fuertes. Varias notas sobre el transporte de 37 frailes entre los navíos Jasón y Hércules pueden analizarse en AGI, Filipinas, 337, L. 19, folios 494R-495R.

12 Ibídem.

13 Ibídem. Del marqués de Echandía al rey. Resolución en el margen.

14 MARTÍNEZ SHAW, C. El sistema comercial..., cifrado 20-23.

15 AGI, Ultramar, 641. Sobre este proyecto ver COSANO MOYANO, José: “Un nuevo intento de comercio directo con Filipinas: la compañía de Aguirre, del Arco y Alburquerque”, Anuario de Estudios Americanos, Sevilla, Escuela de Estudios Hispanoamericanos, 1978, tomo XXXV, pp. 261-281. No hemos encontrado referencia del autor al similar proyecto de Van Dahl al que nos referimos seguidamente.

16 En otras ocasiones Van Dhall y Wandahal, según los documentos.

17 AGI, Ultramar, 642. Bibliográficamente, debemos indicar que Lourdes Díaz - Trechuelo cita brevemente un proyecto de Van Dahl, fechándolo en 1764 y remitiendo a fuentes de la Biblioteca del Palacio Real. Estima que las quince condiciones que se consideraban en el mismo revisten cierta importancia porque muchas se reflejan en la erección de la Real Compañía de Filipinas. También pone de manifiesto que 20 años antes de dicha erección resultaba evidente el ambiente favorable a la iniciación del tráfico a las islas. Ver DIAZ- TRECHUELO SPINOLA, María Lourdes: La Real Compañía de Filipinas, Sevilla, Escuela de Estudios Hispanoamericanos, 1965, pp. 19-22.

18 Van Dahl llegó a Cádiz en 1726, contando 23 años. Era hermano del barón de Dari y pariente del barón de Osterman, ministro de Rusia, el cual le había colocado en casa de un comerciante de Ámsterdam que, según la afirmación del propio interesado, era director de la “Compañía Oriental”, empleo que argumentaba para probar su experiencia de comercio con Filipinas. AGI, Ultramar, 642.

19 AGI, Ultramar, 642.

20 Ibídem. Resolución de la Junta de Filipinas de 21 de agosto de 1769.

21 Ibídem. Resolución de 12 de diciembre de 1769.

22 Archivo Histórico Nacional (AHN), Órdenes Militares, Santiago, 8.381. Expediente de Juan Bautista de Ustáriz, conde de Reparaz, y de su hermano Juan Felipe, aspirantes conjuntos, fechado en Madrid, 11 de agosto de 1756. En el expediente se incluyen varios testamentos de antecesores que proporcionan variada información familiar.

23 CARO BAROJA, J.: La Hora Navarra del XVIII (personas, familias, negocios e ideas), Pamplona, Comunidad Foral de Navarra, 1969, Capítulo XI, pp. 317-339.

24 Juan Miguel era licenciado en Leyes por la Universidad de Salamanca en 1745. Archivo Histórico Universidad de Salamanca (AHUS), Expediente 795. Permaneció en Salamanca hasta contraer matrimonio en 1749. Ver ROJAS Y CONTRERAS: Historia del Colegio Viejo de San Bartolomé, Madrid, 1767-1770, pp. 845-847. Posteriormente residió en Madrid, donde fue síndico personero del común. CARO BAROJA, J: La Hora... pp. 318-319.

25El testamento de Juan Bautista Ustáriz facilita datos sobre estos dos últimos hermanos. En el año 1810 Juan Miguel se encontraba residiendo en la casa solariega de la familia y José Joaquín era canónigo en Lima, habiendo renunciado a todos sus bienes y derechos. Archivo Municipal de Jerez de la Frontera. (AMJF), legajo, 1.233. Ruiz Rivera afirma que Juan Francisco fue agente de la Casa Ustáriz en Veracruz en 1768 y que José Joaquín actuó como apoderado y agente de la Compañía en Lima en 1770. RUIZ RIVERA, J.: “Rasgos de modernidad en la estrategia comercial de los Ustáriz, 1766-1773” en Temas Americanistas. Sevilla, nº 3, 1983, pp. 12-17.

26 María José Arazola ha identificado a Juan Agustín dentro de los comerciantes navarros asentados en Cádiz que ejercieron el comercio en la ruta de Buenos Aires. Ver ARAZOLA CORVERA, M. J.: Hombres, barcos y comercio en la ruta Cádiz-Buenos Aires (1737-1757), Sevilla, 1998, p.354.

27 CAPELLA, M. y MATILLA TASCÓN, A.: Los Cinco Gremios Mayores de Madrid, Madrid, 1957, p. 285.

28 Las relaciones de matriculados en el Consulado de Comerciantes gaditanos puede servirnos para datar cronológicamente su actividad. Juan Agustín figura en la ampliación de 1739. En cuanto a los hermanos Juan Bautista y Juan Felipe pertenecen a la relación de 1755, cuando éste último tendría escasamente 21 años. La matriculación de Juan Francisco es posterior y se produce en 1760. Juan Miguel no llega a aparecer en las diferentes relaciones, por lo que podemos suponer, avalados por los demás datos que manejamos sobre el personaje, que residió constantemente alejado de Cádiz, muy posiblemente en Madrid. RUIZ RIVERA, J.: El Consulado de Cádiz. Matricula de comerciantes (1730-1823), Cádiz, Diputación Provincial de Cádiz, 1988, pp. 130 y 210.

29 VICENS VIVES, J.: Historia económica de España, Barcelona, 1975, p. 523. Otros autores, que se citan seguidamente, coinciden en dichas dataciones.

30 Ruiz Rivera indica que el primer plazo terminó a finales de 1759. Pensamos que debió ser a finales de 1758, para que se cumplieran los seis años reseñados. RUIZ RIVERA, J.: “La Casa de Ustáriz, San Ginés y Compañía” en La Burguesía mercantil gaditana 1650-1868, Cádiz, 1976, pp. 183-199. Sobre la formación de la compañía ver CAPELLA, M. y MATILLA TASCÓN, A.: Los Cinco Gremios…, p., 117.

31 Archivo Histórico de Protocolos de Madrid (AHPM), legajo 19.103, protocolo de Antonio de Badiola.

32 Más información recopilada sobre los Ustáriz en MARTINEZ DEL CERRO GONZÁLEZ, V. E.: Una comunidad de comerciantes: navarros y vascos en Cádiz (Segunda mitad del Siglo XVIII), Sevilla, Junta de Andalucía, Consejo Económico y Social de Andalucía, 2006. Igualmente en un trabajo anterior de la misma autora: “La integración de los hombres de negocios navarros y vascos en la sociedad gaditana. La familia Ustáriz (Siglo XVIII)” en V Congreso de Historia de Navarra (Pamplona 2002). 269-282.

33AGI, Indiferente General, 2.485. Copia del contrato de la fábricas firmado por el marqués de Esquilache en el Pardo el 30 de marzo de 1762. Ruiz Rivera reseña todas las cláusulas del contrato, utilizando la documentación existente en el Archivo General de Simancas. Ver RUIZ RIVERA, J.: “La Compañía de Ustáriz, las Reales Fábricas de Talavera y el comercio con Indias” en Anuario de Estudios Americanos XXXVI. (Sevilla 1979), 209-250. Algunos años antes Ramón Carande había realizado idéntico trabajo. CARANDE THOVAR, R.: “Colección de documentos inéditos reproducidos literalmente de los originales que se conservan en el Archivo de Simancas, relacionados con los asuntos que se tratan en los libros III y IV de la presente obra, referentes a la expansión y actividad de los Cinco Gremios Mayores en España, Europa y Ultramar” en CAPELLA, M. y MATILLA, TASCON, A.: Los Cinco Gremios…, anexos.

34 AHPM, Protocolo 19.595 de Don Martín Bazo Ibáñez de Tejada, folio 228.

35 Julian Ruiz, sin citar fuentes, afirma que al año una de las partes solicitó la disolución de la misma. RUIZ RIVERA, J.: “La Compañía..., p. 232.

36 AGI, Indiferente General, 2.486. Informe de 16 de agosto de 1771.

37 AHN, Consejos, 907. Con anterioridad, en un último intento de recuperación, habían puesto al cuidado de Don Francisco de Llano San Ginés y Don Agustín de Ustáriz los barcos de la casa y encomendaron a Don Joaquín de Cester las fábricas de Talavera. Datos de Cester en Archivo General de Simancas (AGS), Secretaría y Superintendencia de Hacienda, Consultas al Consejo de Castilla, legajo 82. Más información en AHN, Consejos, legajo 8.026 y en AGS, Secretaría y Superintendencia de Hacienda, Consultas al Consejo de Castilla, Legajo 80. Cester murió el 25 de octubre de 1776, siendo director de las fábricas del Reino de Galicia y Principado de Asturias.

38 AHN, Consejos, 907.

39 AHPC, San Fernando, 63, folios 449-452. Poder para testar de Francisco. AHPC, Cádiz, 4.529, folios 2.806-2.819. Testamento de José de Llano San Ginés.

40 AGI, Títulos de Castilla, 6, R.17. Actualmente trabajamos en nuestra Tesis Doctoral con la documentación del Archivo de la Nación Argentina relativa a las actividades de Francisco en Buenos Aires.

41 Ambos hermanos se matricularon en el Consulado en 1771. RUIZ RIVERA, J.: El Consulado..., p. 202.

42 Otros estudios de las dos compañías en HERRERO GIL, M. D.: “Francisco de Llano San Ginés y el comercio con Indias. El socio desconocido de la Compañía gaditana Ustáriz y San Ginés” en Actas del III Congreso de Historia de Andalucía, Córdoba, 2001, pp.369-390, y en HERRERO GIL, M. D. “El crédito de la Mirandola y la Compañía Ustáriz y San Ginés. Historia de un apunte contable y de los hombres que lo generaron y mantuvieron”, trabajo de investigación de Doctorado dirigido por Don Antonio García-Baquero González. Inédito.

43 AGI, Buenos Aires, 57. Carta nº 39 de 9 de mayo de 1777 de Cevallos a José de Gálvez. Dicha carta es citada por José Torres Revello, lo que nos ha permitido localizarla. TORRE REVELLO, J.: La Sociedad Colonial, Buenos Aires, Ediciones Pannedille, 1970, p. 74.

44 Según la documentación del navío que hemos utilizado en el presente trabajo, Molviedro era vecino y del comercio de la ciudad de Sevilla, residente en Cádiz, actuando como asentista general de provisiones para el ejército en los cuatro reinos de Andalucía. Por los datos que barajamos en nuestra Tesis Doctoral en elaboración conocemos que Francisco San Ginés había desarrollado un puesto similar durante su estancia en Argentina.

45 AGI, Contratación 1.768 registro de salida; Contratación, 2.810 liquidación del registro; préstamos en Consulados, libro, 421; Contratación, 5659 bienes de difuntos de los fallecidos Diego Bosque y Fernando Díaz, primer y segundo cocinero; Lima, 652, N.72, remisión de caudales de las Cajas Reales del Perú y en AHN, Consejos 20.220,1 información sobre varias reclamaciones posteriores relacionadas con la expedición.

46 AGI, Contratación, 1.423 a 1.426, registros de salida de la Flota. Regreso del barco en Contratación, 2.580. Préstamos en Consulados, libro 440.

47 AGI, Indiferente General, 2.485. 21 de diciembre de 1773:“El Rey quiere saber los sucesos ocurridos con la Compañía de Ustáriz Hermanos sobre la compra del Navío Hércules, que salió con registro para el Sur, contrato que se hizo con los chilenos, y alijo de ropa del Buen Consejo transbordado a el citado Buque

48 Ibídem. Memorial al rey.

49 Ibídem. Carta de los navieros al Sr. presidente de Contratación. En el mismo legajo se encuentra la misiva de Real Tesoro a Arriaga por si procedía la bajada de fletes al margen del Proyecto de 1730 y la carta de Juan Agustín de Ustáriz a Julián de Arriaga, fechada el 20 de octubre de 1772, explicando que se basaban en la que autorizaron anteriormente a los navíos Jason y Toscano y en el problema de escasez de carga que obligaba a novedosas actitudes: “...se ha formado un duelo extraordinario por los demás navieros del Sur a términos de criminoso, y delincuente, como si el buscarse uno el remedio de su daño, o, ruina fuese delito mercantil.”

50 Ibídem. 21de diciembre de 1773.

51 Ibídem. El presidente de la Casa de la Contratación informaba al rey que el Hércules se había comprado con particular convenio entre las partes, que “Ustáriz y San Ginés” había manifestado debidamente la situación y que todo el asunto se había llevado con legalidad y eficacia. Nos encontramos, de nuevo, con una actuación a favor de la política empresarial de los socios, aunque ello provocase, entre los demás interesados en la Carrera, no pocas situaciones de preocupación por su continuada agresividad.

52 Ibídem. 21de diciembre de 1773.

53 RUIZ RIVERA, J.: “Intento gaditano de romper el monopolio comercial novohispano- filipino”, IV Jornadas de Andalucía y América, Sevilla, Escuela de Estudios Hispanoamericanos, 1985, volumen I, pp. 147-179, (p. 152)

54 Registro de salida en AGI, Contratación, 1.776 y de llegada en Contratación, 2.821. Ver también información en Indiferente General 2.485 y en Contratación, 4.928. Los préstamos están registrados en Consulados, 430 y el envío de pesos provenientes de las temporalidades en Quito, 239,N.37.

55 El Erario Público pagó de fletamento al Hércules a razón de 120 reales de vellón por tonelada, según contrato firmado por su maestre el 16 de septiembre de 1776, pagaderos con carácter retroactivo desde el 17 de julio. Un importe total de 66.858 reales de vellón al mes, con pago anticipado de cuatro mesadas. A continuación se relacionan las fuentes para el estudio de la expedición.

56 Los datos de salida en AGI, Contratación, 1.383 A y B. En Contratación, 1.734 se encuentra el registro abortado del Hércules que se traspasó a la Victoria, devolviendo los derechos a los interesados. Los registros de vuelta en Contratación 2.761 y en Indiferente General 2.415. También existen relaciones valoradas de cargas en Contratación, 4.937 y los préstamos están registrados en Consulados, libro 433.

57 AGI, Filipinas, 118, N.13 y Filipinas, 343, L.12, F. 59R-65R.

58 PÉREZ DE COLOSÍA RODRÍGUEZ, M. I.: “Rasgos biográficos de una familia ilustrada” en MORALES FOLGUERA, J. M. y ALFAGEME RUANO, P. (coords.): Los Gálvez de Macharaviaya, Málaga, Junta de Andalucía y Benedito Editores, S. L., 1991, 19-131. También ANTOLIN ESPINO, M. del P.: “El virrey Marqués de Cruillas (1760-1766)” en CALDERON QUIJANO, J. A. (director): Los virreyes de Nueva España en el reinado de Carlos III (1759-1779), Sevilla, Escuela de Estudios Hispanoamericanos, 1967, tomo I, 1-157.

59 REDER GADOW, M. “Aspectos militares” en MORALES FOLGUERA, J. M. y ALFAGEME RUANO, P. (coords.): Los Gálvez de Macharaviaya, Málaga, Junta de Andalucía y Benedito Editores, S.L., 1991, 201-249, (p. 243).

60 Aurora Gámez Amián indica que José de Llano era amigo personal de Gálvez y que se comprometió a establecer en la villa natal de éste dos fábricas. Debemos objetar que la carta entre ambos que cita la autora para corroborar su afirmación no era de José, sino de Francisco, por lo que debemos atribuir a éste tanto la amistad con Gálvez como la iniciativa reseñada. Ver GAMEZ AMIAN, A.: Málaga y el comercio colonial con América (1765-1820), Málaga, 1994, p. 39. También María Soledad Santos afirma la existencia de tal amistad con José, pero no cita fuente que avale su consideración. SANTOS ARREBOLA, M. S.: La proyección de un ministro ilustrado en Málaga: José de Gálvez, Málaga, Publicaciones de la Universidad de Málaga y Obra Social y Cultural Cajasur, 1999, pp.22-57.

61 AGI, Contratación, 1.383 A y B. La expedición partió de Cádiz el 13 de noviembre de 1776. Estaba compuesta por 20 barcos de guerra y 96 mercantes, fletados por la Real Hacienda. El Hércules y el Toscano, incautados a la casa “Ustáriz y San Ginés”, navegaban transportando 34 oficiales y 477 soldados de los 9.194 que constituían el total de las fuerzas.

62 Indistintamente se utiliza el nombre Argelejo y Argelejos.

63 CENCILLO DE PINEDA, M.: El Brigadier conde de Argelejo y su expedición militar a Fernando Poo en 1778, Madrid, Instituto de Estudios Africanos, 1948, pp. 58 y siguientes.

64 DE CASTRO, M. y NDONGO, D.: España en Guinea. Construcción del desencuentro: 1778-1968, Toledo, Ediciones Sequitur, 1998, p. 9.

65 España siguió, no obstante, sirviéndose de los esclavos aportados por otras naciones. Ver en CENCILLO DE PINEDA, M.: El Brigadier..., p. 66. También en SOLANO, F. de: “Reformismo y cultura Intelectual. La biblioteca privada de José de Gálvez, Ministro de Indias” en Quinto Centenario, Universidad Complutense de Madrid, 1981, volumen 2, 1-100, (p.15): “Gálvez intentó que el mundo hispano tuviese un punto de abastecimiento negrero independiente”.

66 Carlos Martínez Shaw recuerda que en 1779 esa posibilidad era presentada por el ilustrado Juan Bautista Muñoz. MARTÍNEZ SHAW, C. El sistema comercial..., p. 21.

67 Manuel Cencillo de Pineda informa que en 1785 Gálvez, en calidad de presidente de la recién formada Compañía de Filipinas, exponía en Junta de Gobierno la importancia de dicha colonización en el camino comercial hacia Asia. CENCILLO DE PINEDA, M.: El Brigadier..., pp. 174-175.

68 AGI, Indiferente general 2.485. Miguel José de Ustáriz, hijo del fallecido marques de Echandía, a José de Gálvez. Madrid, 2 de mayo de 1781.

69 AGI, Indiferente General, Carta de Francisco a Gálvez fechada el 28 de mayo de 1779.

70 Ver, por ejemplo, GAMEZ AMIAN, A.: Málaga..., p. 39.

71 Información muy variada sobre la Casa de Giro en AGI, Indiferente General, 2485. Aurora Gámez Amián les adjudica el navío San Pablo (en vez del San Pedro), e indica, a nuestro parecer de forma errónea, que las concesiones del rey se hicieron a la compañía “Ustáriz y San Ginés”. Hemos buscado sus fuentes infructuosamente, puesto que ni en los legajos 2.317 ni 2.140 de Indiferente General del Archivo General de Indias, que ella cita, hemos localizado la información a que alude, no pudiendo por tanto comprobarla. Por el contrario, el legajo 2.485, de la Sección Indiferente General del citado Archivo, contiene los documentos donde se conceden todas las condiciones que ella reseña, incluido el monopolio del transporte de papel y barajas, a la Casa de Giro de los hermanos Llano. Ver GAMEZ AMIAN, A.: Málaga..., p. 39. Por su parte, María Soledad Santos Arrebola indica que la sociedad malagueña era una sucursal de la gaditana del mismo nombre que estaba en expansión y que, por tanto, se regía por la normativa correspondiente a la central. Desgraciadamente no remite a fuentes que pudiésemos comprobar al respecto, pero no hemos encontrado ningún documento que avale dichas afirmaciones. También pone de manifiesto que la casa no se mantuvo en Málaga, pero no se hace eco del fallecimiento de uno de sus socios, circunstancia, a nuestro parecer, determinante para explicar la liquidación de la misma. Ver SANTOS ARREBOLA, M. S.: La proyección..., pp. 22-57. Por nuestra parte, analizando la titularidad de la documentación que conocemos hasta este momento, estimamos que la sociedad de ambos hermanos se formaliza con ocasión del tráfico malagueño, actuando anteriormente en Cádiz José de forma individual y Francisco en sociedad con Juan Agustín de Ustáriz y no existiendo, por tanto, la “expansión” referida.

72 AGI, Consulados, libro 436, folio 921.

73 Antonio Miguel Bernal indica que se formalizaron 5 operaciones por un total de 224.274 pesos. BERNAL, A. M.: La financiación de la Carrera de Indias. Dinero y crédito en el comercio colonial español con América, Sevilla, Fundación el Monte, 1992, p. 733

74 DE CASTRO, M. y NDONGO, D.: España en..., p. 10.

75 AGI, Indiferente General, 2.485 José de Llano San Ginés a José de Gálvez, Cádiz, 2 de marzo de 1779.

76 El día 1 de febrero, en que se firma el contrato del San Pedro, aún no se había producido la aceptación del funcionamiento de la Casa de Giro malagueña y desconocemos si ya se había protocolizado notarialmente la formación de la sociedad “José de Llano San Ginés y Cía”. El contrato del barco lleva la firma de Larrea, capitán, sin indicar el nombre de la sociedad que lo apodera. Un escrito de Reggio, director general de la Armada, a Argelejo dice que el buque es “propio de la casa de Ustáriz, San Ginés y Compañía”. La equivocación es comprensible dada la vinculación entre las compañías y por el hecho de que Larrea emitió instrucciones para que el pago del fletamento con la Real Hacienda se abonase a la cuenta deudora de “Ustáriz y San Ginés” con el Real Erario, actuación frecuente en José de Llano, que solía ceder pagos a su hermano, cuya sociedad con Ustáriz solía financiarle a través de concesiones de préstamos. El enmarañamiento de todas las sociedades fue puesto de manifiesto por los propios interesados. Sirva de ejemplo el testamento del conde de Reparaz, Juan Bautista de Ustáriz: “...yo hice la tontería de dar pago a mi deuda a la testamentaría de Ustáriz y San Ginés...ambas casas están arruinadas, y todo hecho un caos, sirva de aviso esta verdadera maraña...”.

AGI, Arribadas, 97, documentación de la contrata y proyecto; Arribadas, 437, pago de 387.600 reales de vellón de fletamentos; Arribadas, 411, registro de salida de la nave a nombre de “Llano, San Ginés y Cía”; Consulados, libros 429 y 430, operaciones crediticias concedidas a José de Llano por “Ustáriz y San Ginés” e importe de 186.592 pesos; Contratación, 2.585, Cádiz, a 26 de septiembre de 1777, cesión de José de Llano a su hermano Francisco de 40.658 reales y 28 maravedíes de vellón que la Real Hacienda le debía por fletes de 450 quintales de azogue que trasportó en su navío Nª Sª la Divina Pastora, alias El Brillante. Archivo Municipal de Jerez de la Frontera (AMJF), Legajo 1.233, testamento del conde de Reparaz.

77 CENCILLO DE PINEDA, M: El Brigadier..., pp. 109-110. Cencillo aclara que la tipología del barco, bergantín, según citamos con anterioridad, se había armado en paquebote, es decir, para transporte de pasajeros, miembros de la expedición. Ver p. 81.

78 El Santiago fue enviado por decisión de la Junta de Jefes de la expedición en reunión celebrada el 6 de septiembre de 1778. DE CASTRO, M. y NDONGO, D.: España en..., p. 12.

79 AGI, Arribadas, 97. Por parte de la propiedad de la nave se prometía el mantenimiento correcto de la embarcación durante el tiempo que durase el fletamento, se admitían las instrucciones que fuesen ordenadas en cuanto a derrotas y conservas, se prohibían las arribadas (salvo por falta de víveres), se responsabilizaban de los descalabros y averías así como de la carga y descarga de las especies que por los ministros del rey se le indicase, siendo de cuenta de la Real Hacienda los riesgos del cargamento.

80 Ibídem. En AGI, Contratación 5.524, N.2, R.13 autorizaciones para viajar concedidas a Antonio José Riveiro y Cristóbal de Acosta, carpintero y herrero, que parten en el San Pedro.

81 “El día 14, a las nueve de la noche, falleció el Brigadier Conde de Argelejos. Este caballero había sentido el 24 de Octubre en Fernando Póo los primeros accesos de una fiebre catarral, de cuyas resultas se le aumentó unas diarreas inveteradas, que fue la causa de su muerte. En el discurso de su enfermedad recibió dos veces los Santos Sacramentos e hizo un codicilo nombrando por albacea al capellán D. Juan Marciano y al Teniente de Fragata Baltasar Mejías, embarcados uno otro en el “Santa Catalina”. El día siguiente se arrojó el cadáver al agua con toda la decencia que permite la estrechez de una embarcación”. DE LAS BARRAS Y DE ARAGON, F.: Documentos y datos referentes a la expedición del conde de Argelejos al Golfo de Guinea, Madrid, Publicaciones de la real Sociedad Geográfica, Serie B, número 308, S. Aguirre, impresor, 1953, pp. 75-76.

82 CENCILLO DE PINEDA, M: El Brigadier..., p. 111. En la página 39 copia del certificado del capellán de la fragata.

83 AGI, Arribadas, 97. Manjón en contestación a Gálvez el 23 de febrero. El 15 anterior Gálvez le había instruido:”...avivará todas sus providencias para que con toda brevedad, y sin pérdida de tiempo, salga a navegar el citado navío San Pedro...”

84 DE CASTRO, M. y NDONGO, D.: España en..., p. 30. También el regreso a Montevideo en CENCILLO DE PINEDA, M: El Brigadier..., p. 110.

85 AGI, Filipinas, 687.

86 AGI, Indiferente General, 2.417 A. Cádiz, 2 de abril de 1779, de Manjón a Gálvez. Dice acompañar relación de mercancías y pasajeros indicándose, en una relación de la Contaduría Principal de la Real Audiencia de Contratación a Indias, que se autoriza a embarcar a 24 religiosos y 2 legos, de la orden de Descalzos de San Francisco, dirigidos a la provincia de San Gregorio. También se autoriza a Don Cayetano Seiu, alumno del colegio chinés de Nápoles, que se restituía a su patria y no había podido embarcar en El Jason, que ya había partido. En cuanto a las mercancías, adjuntamos como anexo I la relación localizada.

87 AGI, Consulados, libro 436. Ver Tabla I

88 RUIZ RIVERA, J.: “Intento gaditano..., p. 153. El autor se refiere al legajo del Archivo General de Indias Contratación, 1.785, donde se encuentra una carpeta del registro vacía.

89 Lourdes Díaz- Trechuelo aporta la cifra de 96.288 reales. Al no citar fuente no hemos podido analizar la discrepancia. DIAZ- TRECHUELO SPINOLA, María Lourdes: La Real Compañía..., p.18.

90 AGI, 2.417 A. Ver anexo I.

91 AGI, Consulados, libro 436, registros de préstamos y seguros. Ver anexo II.

92 AGI, Filipinas, 687. Gálvez, 18 de mayo de 1779.

93 AGI, Indiferente general, 2.485. Juan Felipe de Madariaga, apoderado de la testamentaría de su suegro Francisco de Llano San Ginés, en petición al rey fechada el 23 de abril de 1781.

94 AGI, Contratación, 5.689, N.2.

95 DIAZ- TRECHUELO SPINOLA, María Lourdes: La Real Compañía..., p.23.

96 AGI, Contratación, 5.698, folio 49.

97 AGI, Indiferente general, 2.486. Informe de Basco y Vargas a Gálvez. Fechada el día anterior, es decir, el 21 de abril. Más adelante insistimos en esta “carta aventurera”.

98 AGI, Contratación, 5.689, carta primera del cirujano José de los Reyes.

99 Ibídem, carta segunda de José de los Reyes.

100 Ibídem, carta segunda. Curiosamente en esta misiva indicaba a su mancomunado que iba a escribir a los Gremios: “que les dieron los 4.000 pesos”. No tenemos ninguna constancia de semejante operación que parece poner de manifiesto la existencia de riesgos no registrados.

101 Ibídem, carta tercera de José de los Reyes.

102 AHPC, San Fernando, 635, folios 449-452. Testamento de San Ginés; AGI, Indiferente General, 2.486. Carta de Miguel José de Ustáriz a Gálvez el 22 de marzo de 1781 solicitando que su tío, Juan Bautista de Ustáriz, se entienda de los permisos concedidos a su padre, que acaba de fallecer.

103 Remitimos de nuevo al anexo II.

104 AGI, Indiferente General, 2.485. De Juan Felipe de Madariaga, que firma el 23 de abril de 1781 en virtud de poder de Ustáriz, San Ginés y Cía., a Gálvez, desde Cádiz. Parecida comunicación desde Madrid el 2 de mayo firmada por Miguel José de Ustáriz.

105 AGI, Indiferente General, 2.486, 18 de mayo de 1781. De Gálvez a Manjón.

106 Ibídem. De José Basco y Vargas a Gálvez, 21 de abril de 1780. El 30 de diciembre esta carta, calificada en la documentación de “aventurera”, fue remitida desde Cantón, donde llegó en El Hércules, a través de un barco neutral con bandera sueca hacia Copenhague. Desde allí es de suponer que se enviaría a España, aunque no tenemos constancia de este último tramo.

107 Ibídem.

108 Ibídem.

109 Ibídem. Informe del virrey de Nueva España fechado el 10 de enero de 1782.

110 RUIZ RIVERA, J.: “Intento gaditano..., pp. 173-175.

111 AGI, Contratación, 5.689, N.2. Cuarta carta de José de los Reyes. En el expediente figuran, además, variados datos familiares y crediticios. Reyes murió en febrero de 1782 en la venta del Atajo, camino a México, sin haber pagado sus préstamos. Las operaciones se habían emitido con un premio del 40%, más un incremento del 20%, por mayor coste del seguro, si se declaraba la guerra, y medio punto por demora al mes, pasados los 18 primeros.

112 Sobre la salida a Guayaquil aporta Julián Ruiz Rivera algunas consideraciones sobre liquidaciones de derechos pendientes. RUIZ RIVERA, J.: “Intento gaditano...”, p. 162

 113AHPC, San Fernando, 97, folio 213.

114 Ibídem.

115 AHN Consejos 20.243, N. 3, 39 verso.

116 RUIZ RIVERA, J.: “Intento gaditano...”, p. 165.

117 Otro de los navíos de la Compañía, el Aquiles, que partió de Cádiz el 19 de febrero de 1779, fue destinado al Real Servicio por Orden de 15 de enero de 1780. Según Carmen Parron, dicho documento puede consultarse en AGI, Lima, 1.546. Esta autora califica a “Ustáriz Hermanos”, en 1776, como “empresa semiestatal”. En realidad en dicha fecha la referida sociedad ya había sido sustituida por la compañía “Ustáriz y San Ginés” y no nos consta que tuviese ninguna participación del Estado. Ver PARRON SALAS, Carmen: De las reformas borbónicas a la república: el Consulado y el comercio marítimo de Lima 1778-1821, San Javier (Murcia), Academia General del Aire, 1995, pp. 309-318.

118 MAZZEO, Cristina Ana: El comercio libre en el Perú: las estrategias de un comerciante criollo, Jose Antonio de Lavalle y Cortés (1775-1815), Lima, Editorial de la Pontificia Universidad Católica del Perú, 1994, p. 95. Según esta autora en 1785 fue conde de Fuente González al casarse con Rosa de la Fuente González de Argandoña. Sin embargo, hemos podido comprobar que en la concesión del título, solicitado en 1783 y resuelto favorablemente el 4 de octubre de 1785, consta que se consideraron méritos propios: había pertenecido al regimiento de dragones de Carabaillo de 1764 a 1773 y de Lima en 1773 y 1774 y había sido Prior del Tribunal de Consulado en enero 1782 y uno de los alcaldes ordinarios. AGI, Títulos de Castilla, 4, R.14.

119 AHN, 20.243, N. 3, folios 69-70. Repartieron la compañía en 32 participaciones. Don José González y Don Juan Félix de Berindoaga tenían ocho de ellas cada uno, Don Fernando de Rojas y Don Antonio López Escudero disponían de seis, también cada uno, mientras que Don Antonio y Don José Matías de Elizalde suscribían cuatro entre los dos.

120 MAZZEO, Cristina Ana: El comercio libre..., pp. 94-98. Una hija de José González estaba casada con José Matías de Elizalde, que fue socio de su hermano Antonio en la denominada “Compañía General de Comercio”

121 PARRON SALAS, Carmen: De las reformas borbónicas..., p. 376-378. La autora, que desconoce el posterior engaño de los comerciantes a las autoridades limeñas, afirma que a aquellos tuvo que sentarles “como un jarro de agua fría” la autorización otorgada a “Ustáriz y San Ginés”. Opinamos, por el contrario, que debió sentarles muy bien, pues posibilitaba su negocio oculto. Por otra parte, Julián Ruiz Rivera afirma que este segundo viaje, con un aumento considerable de inversión con respecto al primero, patentiza la mayor organización de la Casa de Ustáriz en la capital peruana. Aunque indica que en el mismo participaron otros comerciantes, sin desarrollar tal afirmación, desconoce que dichos comerciantes actuaban al margen de la Casa que figuraba como titular del evento. Ver RUIZ RIVERA, J.: “Intento gaditano...”, p. 169.

122 Posiblemente prefirieron este puerto pues, como es sabido, estaba menos controlado que el de Lima.

123 Carmen Parrón se pregunta si Ustáriz era tan poderoso como para conseguir tales excepciones y afirma la existencia de muchos “cabos sueltos” en torno a sus negocios. PARRON SALAS, Carmen: De las reformas borbónicas..., pp.378. Dichos “cabos sueltos” dejan de serlo cuando se cubren las lagunas motivadas por la falta de información global, por el desconocimiento de la sucesión de los hechos que concurrieron y de la personalidad de sus protagonistas.

124 AHN Consejos, 20.243, N 3.

125 No debemos extrañarnos de que a pesar de la muerte de los socios se aprobara el proyecto que ficticiamente se solicitaba a su nombre. La deuda que mantenían con el Erario era muy alta y cualquier ingreso de la Casa vendría bien para su cobro, que resultaba preocupante para el presidente de la Casa de la Contratación: “... con motivo de haber fallecido Don Francisco de San Ginés, conde de Torrealegre, socio, y principal director de la Compañía, me ha parecido interesante a la Real Hacienda, informarme de sus débitos en general, y particular de los socios...” AGI, Indiferente General, 2.485. Carta de Manjón a Gálvez. La relación de deudas que adjunta está fechada el 4 de enero de 1781, a escasos días del fallecimiento de Francisco. Según Julián Ruiz Rivera el permiso resultó desaprobado. Nosotros estimamos que se aprobó aunque con las matizaciones a que nos hemos referido. Ver RUIZ RIVERA, J.: “Intento gaditano...”, p. 164.

126 Las respectivas órdenes aparecen firmadas por José de Gálvez. Ver AGI, Indiferente General, 2.485. El 5 de diciembre del referido 1783, Berindoaga escribió a Juan Felipe de Madariaga explicándole que, debido a las presiones de sus compañeros se había visto obligado a partir sin dejar saldadas sus cuentas y si haber entregado el importe de la venta del navío. Esta circunstancia sería esgrimida trece años más tarde por Manuel Cano entendiendo que tras la venta, que él entendía simulada, del navío, Berindoaga había financiado parte de la operación con el saldo, a favor de la Casa, de su cuenta de apoderado. La referencia de tal carta en ANH, Consejos, 20.243, N. 3, 40 dorso.

127 Ver Tabla II. Elaboración propia a partir de los datos obtenidos en AHN, Consejos, 20.243, N.3.

128 Tabla III y restos de datos económicos en AHN, Consejos, 20.243, N. 3.

129 El barco tuvo la desgracia de varar en San José, en el cabo de San Lucas, donde perdió el timón: “...quebrándose tanto que desde allí, sin intermisión ocuparon hasta aquí veinte hombres en la Bomba, con los cuales no podían agotar la mucha agua que hacía...en este deplorable estado con sumo trabajo hicieron su arribada, y consiguieron inmediatamente hacer su descarga, reparar su buque...atumbarlo para carenarlo y hacerle las obras precisas que haya menester.” AGI, Indiferente General, 2.486. Informe fechado el 30 de diciembre de 1784 de José Camacho, responsable del puerto de San Blas, a José de Gálvez

130 Ibídem. Esta carta, dirigida a José de Gálvez, hacía la reflexión de que en un principio la orden del año 83 se había concedido para Cavite, pero Berindoaga había conseguido cambiarla a Cantón: “...todo lo mueve él y consigue los permisos con respecto a la protección Real a favor de la Casa de Ustáriz”.

131 Ibídem. Igualmente la misiva se dirige a José de Gálvez

132 Ibídem. De Gálvez al virrey de Nueva España. Se repite en ella la narración de los hechos ya conocidos.

133 RUIZ RIVERA, J.: “Intento gaditano...”, pp. 175-177.

134 Tabla IV. Elaboración propia. Datos en AHN, Consejos, 20.243, N.3.

135 De las cifras de reparto inicial se deducían la avería, los 3.949 pesos de 24 cajones que resultaron estar cargados con ladrillos, los 19.549 pesos de lo vendido en San Blas sin avería y lo dejado en ese puerto pendiente de facturar, todo ello valorado a precios de Asia.

136 Ibídem. Tabla V. Elaboración propia. Datos en AHN, Consejos, 20.243, N.3.

137 Ibídem, folio 42.

138 Ibídem, folio 133 verso.

139 Entre ellas, el descuido, durante tantos años, de los responsables de la Compañía “Ustáriz y San Ginés”, motivado en parte por los sucesos ocurridos a la misma por el fallecimiento de los socios, en parte por las desavenencias domésticas que impedían defender la causa común.

140 AGI, Indiferente General, 2.485.

141 AGI, Indiferente General, 2.485. Fechado en Lima, 24 de marzo de 1786.

142 Por el ingeniero D. Antonio Cazulo y por los maestros mayores de calafates y carpinteros del navío de guerra Santiago de la América.

143 Ibídem. Informe retroactivo de Croix a Antonio Valdés, 16 enero 1788.

144 AGI, Indiferente General, 2.486. En la Orden se hace referencia al permiso del año 1783 para el viaje a Cantón y a la orden de regreso de 1785.

145 Ibídem. Informe fechado en Callao el 7 de mayo de 1787.

146 Ibídem. Declaración fechada en 16 de julio de 1787.

147 Ibídem.

148 Ibídem. Informe de Croix a Valdés. Se nos ocurre pensar que Escobedo, que sufrió aparentemente en su día el engaño de los comerciantes limeños, es posible que tuviese una cierta complicidad.

149 RUIZ RIVERA, J.: “Intento gaditano...”, p. 171.

150 Ver, como ejemplo, los documentos de los legajos AGI, Indiferente General 2.485 y 2.486.

151 DIAZ-TRECHUELO SPINOLA, María Lourdes: “Filipinas en el siglo XVIII: la Real Compañía de Filipinas y otras iniciativas de desarrollo” en ELIZALDE PEREZ GRUESO, Dolores (edit.): Las relaciones entre España y Filipinas: siglos XVI-XX, Madrid; Barcelona, Casa Asia; Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 2002, pp. 87-122, (p.94): “...la Casa Ustáriz y San Ginés de Cádiz no pudo vencer la fuerte oposición del Consulado de Manila”. En trabajo anterior la misma autora había afirmado que la Casa Ustáriz y San Ginés de Cádiz había conseguido libertad de derechos de entrada y salida, pero que tropezó con la oposición del Consulado de Manila y no llegó a hacer negocios de importancia. DIAZ- TRECHUELO SPINOLA, María Lourdes: La Real Compañía..., p. 19; Ver también MARTÍN PALMA, M. T.: El Consulado de Manila, Granada, Universidad de Granada, 1981, p. 123. En la misma línea se ha especulado con la idoneidad del tráfico naviero malagueño ejercido por Francisco afirmando que no se llegaron a hacer realidad las esperanzas puestas en San Ginés, sin hacerse eco de la muerte del mismo. SANTOS ARREBOLA, M. S.: La proyección ..., pp.22-57.

152 RUIZ RIVERA, J.: “La Casa de Ustáriz ...”, p. 187.

153 Archivo Municipal de San Fernando (AMSF), legajo 1.551.

154 RUIZ RIVERA, J.: “Intento gaditano...”, pp. 148-149.

155 Datos barajados en la elaboración de la Tesis Doctoral que actualmente preparamos.

 


Fotografía de portada: El Galeón de Manila o galeón de Acapulco. Pintura de Nicéforo Rojo, S. XX. Museo Oriental de Valladolid. Fuente: Web del Museo Oriental


Otro artículo de la autora en este blog y su curriculum:
Francisco de Llano San Ginés y el comercio con las Indias: el socio desconocido de la Compañía gaditana “Ustáriz y San Ginés”


Primer premio del concurso Nuestra América 2011, por el trabajo "El mundo de los negocios de Indias: navieros, comerciantes y financieros en el Cádiz del siglo XVIII"
Europapress.es
Agendaempresa.com
Grupo Historia Moderna Universidad de Sevilla



EN IMÁGENES

El galeón de Manila. Instituto Nacional de Antropología e Historia, México


gravatar.comAutor: Carmen Parrón Salas

Hola, andaba rastreando na cosa en la red y me he encontrado con mi querido Hércules de golpe y porrazo en este blog, que yo desconocía.

Bien hallado. No he tenido tiempo de leer el texto en profundidad, solamente lo he ojeado por encima, hurgando en lo que me interesaba. Parece currado a fondo. Enhorabuena. Me lo bajo del blog y lo leeré despacio. Me viene bien porque tengo en marcha la reedición de mi libro y calibro la posibilidad de que sea edición de las "revisadas y ampliadas". Puede ser mangnífico agregar materiales de la investigación que hice durante años en archivos y que, muy desafortunadamente y no por mi culpa, no han podido ver la luz.

Y muy buena la cita tan académica que has seleccionado para el encabezamiento del trabajo. Lástima que no viva D. Antonio para verla.

En fin, volveré por el blog a ver si aparecen más novedades herculinas. Ahora he de seguir con mi rumbo. Un saludo y buen viento de Poniente, María Dolores.

Fecha: 08/11/2010 02:29.


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