INTRODUCCIÓN A LA DISCUSIÓN DEL GÉNERO EN LA HISTORIA POLÍTICA

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Lola G. Luna
Universidad de Barcelona

 

 

Introducción del libro Los movimientos de mujeres en América Latina y la renovación de la historia política , Centro de Estudios de Género Mujer y Sociedad, Universidad del Valle, La Manzana de la Discordia, Cali, Colombia, 2003, 100 páginas

 

 

Una feminista hoy no declara la guerra a nadie: se limita a cambiar la vida.

Florence Thomas 

 

 

Introducción a la discusión del género en la historia política

 
Esta compilación gira en torno especialmente a un par de temas: que las luchas de las mujeres por diferentes reivindicaciones están excluidas de los intereses de la historia política, pero se trata de un tema importante a tener en cuenta en esta corriente historiográfica por las aportaciones que representa para su renovación, y que este tema a su vez forma parte de la historiografía de las mujeres, más concretamente de la corriente que se inspira en el género. Entiendo el género en el sentido en que lo ha definido la historiadora Joan W. Scott: como una construcción histórica y como un campo de articulación de relaciones y de producción de significados de poder, que operan desde la diferencia sexual a través del lenguaje y el discurso.[1] Entre los productos significativos de género aporto la construcción del maternalismo e identifico variados contextos históricos discursivos en los que se construyen movimientos sociales de mujeres. A fin de explicar la diversidad de estos movimientos y sus formas de acción se señala en algunos de ellos al maternalismo como vía de inclusión formal de las mujeres como sujetos sociales y políticos, y por tanto, como motor inicial de la acción; en otros movimientos el motor es la crítica patriarcal. Más adelante se desarrollan algunas notas acerca de cada uno de los artículos que constituyen los capítulos del libro, ahora, en primer lugar deseo justificar más ampliamente el título.

 

 

1. El silencio acerca de la historia política de las mujeres

 

Una de mis preocupaciones historiográficas es cómo se puede insertar la historia de las mujeres en la historiografía general - al no considerarla por mi parte como un objeto de estudio aislado -, cómo participa de las diversas corrientes, y cómo encierra aportaciones para la historia política, social, cultural, etc. Más concretamente me interesa esa inserción de la historiografía de las mujeres en su vertiente política, en un intento de salir del silencio que aún la envuelve, solamente roto al nombrarla a veces como un nuevo tema, generalmente considerado aparte, y del que las mujeres son las responsables de su investigación. Es innegable que el origen de la historia de las mujeres ha sido la conciencia de algunas historiadoras de que faltaba su escritura y la explicación de su ausencia, de ahí el carácter específico que ha tenido su aparición, pero actualmente el grado de complejidad que ha alcanzado esta historiografía plantea nuevos retos e inserciones en la historiografía general. Parto de la apreciación lógica de la naturaleza política de las luchas de las mujeres, especialmente de los Movimientos Feministas, de los Movimientos de Madres contra la Violencia y de los Movimientos por la Sobrevivencia politizados. Todos ellos han producidos resultados de carácter político: cambios en las leyes y en las instituciones, nuevas legislaciones e instancias específicas con Programas propios para resolver sus problemas, y lo que es más importante: cambio en las mentalidades y en la vida cotidiana.

Además, las luchas, y los logros de las mujeres son hechos políticos relacionados con la ideología, las ideas políticas, en suma, con problemas de exclusión y de subordinación, que pueden ser analizados en términos de poder a través del género y sus significados.

La crisis de la historia política tradicional se produjo en la década de los setenta, entre otras razones, porque tenía como objeto de estudio el acontecimiento único, a los poderosos, sus experiencias y las instituciones de gobierno. Su renovación hizo revisar sus temas e incorporar las experiencias históricas de otros grupos sociales, también incorporar nuevas metodologías, enriqueciéndose con aportes de la sociología y la ciencia política.[1] Según Mina:

 

La renovación consiste en superar las críticas que en su día hicieron los fundadores de Annales a la historia política y hacer suyos los postulados que sirvieron para renovar la historia económica y social

Es decir: "interdiciplinariedad", "investigar a las masas" y adoptar la "larga duración"[2].

Hay que indicar que hasta ahora en la investigación de los desposeídos y las masas, no se han incorporado los temas de la historia política de las mujeres, como son: los diferentes movimientos de mujeres ya señalados antes, la participación de mujeres en los movimientos políticos masculinos partidistas y sindicales, sus relaciones con el estado y las instituciones para la igualdad, las biografías de las líderes, etc. En cuanto a las posibilidades del género para el análisis político hay un desentendimiento total y no se encuentran referencias a obras que ya existen muy consistentes en esta línea.[3] No obstante, siguiendo con el ejemplo de los movimientos de mujeres voy a señalar cómo su historia se inserta en algunas de las preocupaciones de la historia política actual.

La historia inmediata guarda una relación fructífera y estrecha con la historia política, de manera que ésta, como ha recordado Sirinelli, "ha sido fermento para la historia del tiempo presente"[4]. Y es en la contemporaneidad dónde encontramos la mayoría de los acontecimientos y cambios más importantes que se han producido en las vidas de las mujeres. La historia política, por tanto, puede enriquecerse con el conocimiento del hecho político de los movimientos de mujeres, hasta ahora más estudiados desde la sociología y la antropología que desde la historia misma. De éstos se desconoce un pasado y unas raíces que en algunos casos, como el de los Movimientos Feministas (en su primera ola sufragista) y los Movimientos por la Sobrevivencia, se remontan más allá de las décadas recientes, en las que se producen las eclosiones más conocidas de los Movimientos Feministas (de segunda ola) y de los Movimientos de Madres contra la Violencia.

En el campo de la cultura, otra de las preocupaciones de la historia política, la historia política de las mujeres tiene muchas posibilidades. Mantiene Sirinelli que la cultura política son: valores, creencias, ideologías, memoria específica, textos, vocabulario, formas de sociabilidad, o:

En otros términos, la cultura política es, a la vez, una especie de código y un conjunto de referentes formalizados en el seno de un partido o de modo más ampliamente difundido, en el seno de una familia o de una tradición política.[5]

 

No hay duda que los movimientos sociales de mujeres aportan elementos en esa línea, porque son una expresión importante de formas de sociabilidad política. Y ya que la cultura política como objeto de estudio, remite a una más larga duración que la historia inmediata o del tiempo presente,[6] interesan especialmente estos movimientos para interpretar sus formas de hacer política como nuevas formas, porque proceden de una experiencia histórica relacionada con la diferencia sexual.[7] Y es por la diferencia sexual que la cultura política de los movimientos de mujeres es novedosa, porque ésta no se produce en la inmediatez de sus expresiones, sino que hunde sus raíces en un tiempo histórico de carácter estructural, que también ha marcado la experiencia masculina.

En torno al acontecimiento se ha producido una gran discusión por parte de los historiadores políticos y se le ha redefinido en relación a la larga duración, huyendo de su consideración puntual en la historia política tradicional. Para René Remond es "fundador de mentalidades"[8], para Michael Vovelle es "revelador de tendencias profundas", "estructurante y desestructurante"[9], para Paul Ricoeur "se inscribe en el tiempo largo como parte de un discurso"[10], y Julliard, en la línea de Remond, lo considera "productor de estructuras"[11]. Si tomamos un acontecimiento como es la obtención del voto de las mujeres en Colombia en 1954, es evidente que no es un acontecimiento único, aislado, lo había precedido una lucha que se estructura en los años treinta, pero que tiene antecedentes en proclamas anteriores, y dónde las mentalidades conservadoras y liberales entraron en juego por un tiempo largo que dura hasta hoy. El cambio para las mujeres, aunque formal en cuanto a la participación política se refiere, fue especialmente visibilizarse como sujetos en el sistema político, en el que empezaron a producirse algunas transformaciones décadas después, como por ejemplo, nuevas leyes o la creación de una Consejería de Género. Tampoco hay que olvidar la producción de significados maternalistas que el acontecimiento del voto dio a la luz. El discurso populista maternalista del general Rojas Pinilla llevó a la prensa, a la radio y a la calle, que las mujeres eran ciudadanas importantes porque eran madres, algo que hasta ese momento se pensaba pero no en términos de derechos ciudadanos, y que ahora se convertía en ideología política.[12] Además, la vida de las mismas sufragistas cambió y dejaron una herencia de reivindicaciones pendientes que recogieron las feministas colombianas de los setenta y ochenta.

 Mirando el panorama historiográfico latinoamericano de la nueva historia política, se encuentran algunas excepciones incluyentes de las mujeres como la de María Fernanda G. de los Arcos, que las recuerda como parte de los "gobernados", sujetos ahora considerados activos y con voz.[13] Junto a ésta, Carlos Miguel Ortiz al referirse a los nuevos campos de investigación abiertos por los programas de doctorado de la Universidad Nacional de Colombia señala entre ellos la "Historia de los géneros y sus interrelaciones", incluyéndose el concepto de género, que puede ser entendido en un sentido más amplio que el del más fácilmente incorporado de las relaciones sociales de género.[14] Unos años antes, en el recuento numérico realizado por Medófilo Medina de la producción historiográfica política colombiana del siglo XX no aparecen trabajos relacionados con las mujeres,[15] pero este historiador abogará por derribar tabiques, abrir ventanas y hacer la historia del "Aquí y el Ahora",[16] iniciando inclusiones de las mujeres en la historia política colombiana[17]. Pienso que la invisibilidad de algunos trabajos de historia política de las mujeres en los balances historiográficos tiene que ver con la parcelación que ha supuesto la historiografía de las mujeres, porque en otros recuentos colombianos, como el de Jorge Orlando Melo, se recogen las nuevas aportaciones de la historiografía de las mujeres desde una sensibilidad bastante incluyente y se ha hecho el esfuerzo de insertar dicha producción en las grandes corrientes historiográficas, aunque se consignen en nuevos campos de la historia social algunos trabajos que a mi juicio participan del campo de la historia política.[18] Lo que estoy planteando es que hay una doble consignación de la literatura histórica sobre las mujeres: por un lado se ha ido consolidando como una vertiente historiográfica propia, desarrollando conceptos específicos que han ido explicando la subordinación, la exclusión de la escritura de la historia, etc., pero al mismo tiempo participa (no olvidemos su hermandad con la historia social) y aspira a hacerlo cada vez más de las grandes corrientes historiográficas.

Por otro lado, estas nuevas actoras han puesto a su vez en cuestión la universalidad del sujeto contenida en anteriores interpretaciones. Posiblemente por esta razón el objeto de estudio "mujeres" cada vez está más frecuentemente unido a la posmodernidad, pues ha tenido la virtud de convertirse en testigo de cargo de la diversidad de sujetos reales. Sin entrar en esta ocasión en el debate sobre historiografía y posmodernidad, deseo fijar mi posición como historiadora hija del positivismo, hermana del marxismo, y con cierta experiencia maternal, que no maternalista, en el feminismo, porque como dice Remond "no hay mirada inocente sobre la historia", "lo honesto es dejar claros los presupuestos".[19] Me reconozco en la postura de Jersy Topolski cuando argumenta, primero, que no hay una historiografía posmoderna, sino influencias de la posmodernidad en el hacer la historia, y segundo, que los nuevos campos de investigación y los nuevos enfoques teóricos son cambios que se van fraguando sin grandes rupturas de paradigmas historiográficos[20]. Por ejemplo, Appleby, Hunt y Jacob, que no rechazan las puertas que abren las teorías de la posmodernidad, en relación a la democratización universitaria en Estados Unidos señalan que:

 

Grupos recién admitidos en la universidad demostraron gran receptividad a las proclamas escépticas posmodernas cuando verificaron que los principales representantes de las tres mayores escuelas de historia excluían o trataban de manera estereotipada a mujeres y minorías. [21]

 

En cierto modo, es lo que mantengo en el primer capítulo, cuando digo que el enfoque del género se gesta como específico de la historiografía feminista después de que historiadoras de las mujeres hubieran dado un paseo por la historia social y el materialismo histórico. Y es desde una postura abierta con dosis de eclecticismo, que me gustaría insertar la historia de los movimientos sociales de mujeres en la historia política que se hace hoy día. Y añadir, que da que pensar que historiadores etiquetados como posmodernos nieguen esa filiación, como es el caso de Hayden White[22] o de Joan W. Scott, que precisa su postura como de post-estructuralista[23]; no será que esa etiqueta en historia ha llegado a ser banal?.

 

La actualización de la historia política pasa no sólo por incorporar algunos temas relacionados con los sujetos femeninos, sino también por incorporar conceptos de la historiografía de las mujeres, como es la diferencia sexual y el género, que son políticos porque explican la exclusión y las formas que adquiere la inclusión de las mujeres en los ámbitos de la política. Además, también es un hecho político su exclusión de la historia escrita hasta hace unas décadas, por tanto:

Si durante los dos últimos siglos la historia ha ocupado un lugar importante en la interpretación del conocimiento acerca de la diferencia sexual, entonces tal vez sea en el examen de la historia como parte de la "política" de la representación de los géneros dónde encontremos la respuesta a la pregunta de la invisibilidad de las mujeres en la historia escrita en el pasado.[24]


En mi interpretación me inclino por el enfoque del género, aún muy polémico, pero "útil"[25] para la historia política, porque como dice Castellanos:

"es una categoría íntimamente ligada a las relaciones sociales, al poder y los saberes"[26]

Elena Hernandez Sandoica ha recogido excepcionalmente este sentido del género en su historiografía general, cuando se refiere al género como un concepto que se refiere "al poder en la historia",[27] y como una:

(...) elaboración deconstruccionista, desenmascaradora de las opacas estructuras del poder constituido (poder social, poder académico, poder intelectual, poder científico...) (...) El saber llamado "histórico" o "historiográfico", en su totalidad, reclamaría pues, urgentemente, una reescritura, una reordenación de sus fundamentos.(...) Una reflexión que, por fuerza, sólo teniendo en cuenta el género podría hacerse satisfactoriamente.[28]

 

Aunque la autora más adelante no acaba de distinguir claramente la diferencia entre historia de las relaciones de género e historia del género[29], pues aunque las primeras forman parte de la segunda - como señala Castellanos - sólo son una parte, y no alcanzan a explicar el contenido político del género.[30]

Pienso que hay varios temas en las investigaciones sobre la historia política de las mujeres: unos generales, que se refieren a las acciones de las mujeres que tienen que ver con el poder, la participación, las instituciones, el estado, el sistema político en general, etc. Hay un tema más específico, que atañe directamente al liberalismo y a la democracia, y es la exclusión del ejercicio de derechos ciudadanos y su inclusión por cualidades "diferentes" a las masculinas. Cuando en el siglo XIX comienza a implantarse el liberalismo en los países latinoamericanos, las mujeres quedan fuera de los derechos de ciudadanía, al igual que había sucedido en Europa, y de ahí surgió el hecho histórico de los movimientos sufragistas. Pero para entender la exclusión de las mujeres del estado liberal y de estados democráticos más recientes, hay que conocer cómo se produjo aquella, preguntarse por qué no eran consideradas ciudadanas, y, por qué después de ser incluidas en los derechos de ciudadanía siguieron siendo excluidas del ejercicio de la política, y, por qué actualmente siguen estando ausentes de los centros de decisión en los países democráticos. Para responder a estos interrogantes cabe investigar, entre otros aspectos, los significados políticos de género codificados en el lenguaje de los discursos liberales y democráticos, porque atañen a las raíces más profundas de la exclusión. Hay un tercer tema, también muy específico, que es el de la igualdad en el sistema democrático, como un acontecimiento también político y que plantea el interrogante de por qué las políticas de igualdad aplicadas en el mundo occidental, y en los países del sur con cultura occidental dominante, no se corresponden con una mayor celeridad en la presencia de las mujeres en los centros de decisión (salvo algunas excepciones norteeuropeas), y han de ser aplicadas desde fórmulas de discriminación positiva, que por otro lado, tan mala prensa tienen. Aquí la historia política tiene un tema de investigación de nivel profundo, de larga duración, que puede aportar luz a ese misterio de que las mujeres aún permanezcan en las orillas de la política democrática.

 

 

 

 2. Para una historia política con mujeres

 

El orden de los capítulos de esta compilación da cuenta de los tramos de mi itinerario de investigación seguidos en los años en que se escribieron los artículos que les dan vida. No puedo decir que estaban planeados de antemano, pero lo cierto es que fluyeron con cierto orden, y las cuestiones que se esbozan en los dos primeros se desarrollan en los tres siguientes, y los conceptos de género, diferencia sexual y maternalismo aparecen nombrados en los primeros capítulos y luego alcanzan cierta ampliación en los siguientes. El concepto de maternalismo es el que tiene un despliegue mayor a través del ejemplo del gaitanismo colombiano. Está en proyecto una investigación más amplia de esa línea, siguiendo la tipología que se ofrece de los movimientos de mujeres en el capítulo cuarto. Entonces, en la reunión de los artículos se puede ver la continuidad en el proceso de investigación y cómo éste nos lleva por unos caminos y no por otros, gracias a procesos vitales en los que nacen nuevas ramas y hojas del tronco inicial, que ha sido y es mi interés por la historia política y los movimientos de mujeres en América Latina.

"Para una historia política con actores reales" es un artículo de carácter historiográfico, que en la primera parte hace algunos planteamientos (que se desarrollan en la segunda) acerca de cómo se inserta la historia de las mujeres en el momento crucial que se vive de cambios en los paradigmas, de aparición de nuevos objetos de estudio y enfoques históricos. Entre la pluralidad de formas de hacer historia a que se ha llegado, se propone la diferencia sexual como un elemento a historiar desde el enfoque teórico del género, como vía para superar las limitaciones del enfoque de un patriarcado universal en el que las mujeres aparecen como víctimas pasivas, de forma que se puedan visualizar sus actuaciones históricas, políticas y se explique cómo se produjo la subordinación y su naturalización. Se apunta el camino inicial seguido por la historia de las mujeres, recorrido junto a la historia social principalmente, hasta comenzar a construir sus propias herramientas de análisis, y es a través de esas ramificaciones historiográficas y del contenido de poder que se le atribuye al concepto de género, que se establece la vinculación entre la renovación de la historia política y una parte de la historia de las mujeres, aquella en la que éstas se relacionan con el poder. En la segunda parte se muestra el tratamiento que se le dio al poder en el análisis feminista a través de autoras clásicas como Kate Millet y Gerda Lerner y sus aportaciones acerca del patriarcado, que permitieron fundamentar el concepto de relaciones de género, y cómo éste no explica lo político que encierra la construcción del género. De ahí la necesidad de otra perspectiva para estudiar el género desde propuestas centradas en el lenguaje y la significación, que revele el porqué de las actuaciones políticas de las mujeres, y al mismo tiempo aporte elementos a la renovación de la historia política.

En el capítulo "La diferencia y el género en la renovación de la historia política", se recoge la crítica realizada al etnocentrismo occidental desde el que se ha escrito durante siglos la historia de América. Esta crítica se está llevando a cabo por historiadores e historiadoras de América Latina, Europa y Estados Unidos, desde hace ya algunas décadas. La "otredad" o "problema del otro", según Todorov, tiene que ver con múltiples diferencias: étnicas, culturales, de clase, entre mujeres y hombres. Aunque este autor sí lo señala, la mayoría de la comunidad académica poca atención ha puesto al "problema" de las "otras". De nuevo insistimos aquí sobre la necesidad de preguntarnos cómo ha funcionado la diferencia sexual en la historia, y por ende la diferencia sexual en la historia política. Escogiendo uno de los historiadores que hablan de la renovación de la historia política, François Xavier Guerra, se percibe el silencio y nuevamente la exclusión de la historia política de las mujeres en sus conceptos analíticos. Guerra apuesta por una historia con "actores reales" frente a la abstracción de los "actores sociales" de otros enfoques historiográficos, pero la realidad actoral de la que habla es parcial, en ella nuevamente falta una parte de los sujetos, los femeninos, que han estado en la escena de otra forma que los sujetos masculinos ciertamente, pero presentes al fin y al cabo. La pregunta que se plantea es qué formas y mecanismos de exclusión y de inclusión de las mujeres en la política se han producido desde la diferencia sexual, y se afirma que éstas forman parte de las construcciones de género.

"La otra cara de la política: exclusión e inclusión de las mujeres en el caso latinoamericano", se puede decir que sirve, por un lado, de presentación de los dos grandes temas que se desarrollan en los capítulos cuarto y quinto: los movimientos de mujeres, y el maternalismo, y por otro, su tema central es ahondar, tanto en las razones de la exclusión de las mujeres, como en las formas de su inclusión, en relación con el ámbito de la política del mundo occidental y occidentalizado. Para ello se recogen las críticas feministas a los clásicos y contractualistas de la filosofía y la ciencia política. La exclusión se presenta como motor del origen del feminismo (en su primera ola sufragista), y como una gran contradicción del sistema liberal democrático, en tanto que la forma de inclusión por el mismo sistema es la ideología maternalista, que ofrece reconocimiento social y poder doméstico a las mujeres, y al mismo tiempo les asigna múltiples deberes reproductivos. Dentro de esta hipótesis de inclusión maternalista, el caso latinoamericano presenta algunos movimientos de diferente signo: los Clubes de Madres y las Madres de Plaza de Mayo, cuestión que se desarrolla en el artículo siguiente.

En contraste con la diversidad de movimientos de mujeres, se recoge la expresión latinoamericana acuñada desde los liderazgos feministas de "movimiento social de mujeres", interpretándose como la confluencia de esa diversidad de movimientos en la década de los noventa y se buscan las razones de ella.

En "Contextos históricos discursivos de género y movimientos de mujeres en América Latina" se proponen una serie de conceptos: género, contexto discursivo y maternalismo, a fin de fundamentar e interpretar la tipología: Movimientos Feministas, Movimientos por la Sobrevivencia y Movimientos de Madres contra la Violencia, todos ellos movimientos de mujeres surgidos en América Latina en la segunda mitad del siglo XX. El género se entiende operando en contextos discursivos históricos y determinados, y produciendo significados relacionados con la diferencia sexual, que han originado subordinación y exclusión de las mujeres de ámbitos sociales y de la política; al tiempo, los movimientos de mujeres se ven como respuesta política a la exclusión y también como formas de inclusión en la política, tal como se concluía en el capítulo tercero. Ahora se pone la atención en cómo se constituye el sujeto "mujer" desde el discurso del estado en sus diversas manifestaciones: liberal, democrático, dictatorial, revolucionario; cómo lo hace desde discursos procedentes de la iglesia, del ejército, de la guerra; y cómo desde la crítica a esos mismos discursos se construyen movimientos de mujeres que cambian los significados de género. La dinámica política más ambigua corresponde a los Movimientos por la Sobrevivencia, que hunden las raíces de su arquitectura en el discurso maternalista político religioso y están amarrados a los deberes de la reproducción, pero hay fuentes que acreditan sus transformaciones de conciencia e identidad a través de la participación social y política. Más claramente políticos son los Movimientos Feministas, que se construyen en un proyecto propio de transformación y cambio, y los Movimientos de Madres contra la Violencia, que son respuesta a acciones de guerra y muerte contra sus hijos, centrados en utilizar el poder maternal contra las instituciones de dónde proceden los discursos en los que a su vez se han constituido. Esos movimientos, además, a través de la evolución de la identidad de sus mujeres se convierten en la crítica más evidente del maternalismo. En resumen, se trata de nuevas actoras políticas, constituidas históricamente en contextos discursivos y en la acción, al tiempo que son un tema, insisto, a considerar dentro de la historia política más actual y renovada.

En "Maternalismo y discurso gaitanista, Colombia 1944-48" se trata de interpretar la construcción del maternalismo a través del estudio de un caso concreto de movimiento político populista en un periodo de la historia colombiana. La idea central es que en América Latina, el populismo institucionaliza el maternalismo. Se aborda el movimiento nucleado en torno a la figura de Jorge Eliecer Gaitán, el líder más amado de Colombia y muerto violentamente en Bogotá el 9 de abril de 1948. El periodo escogido es un tiempo corto pero rico en cultura política popular y feminista, ya que es coincidente con un momento muy activo del movimiento sufragista en el que se presentaron en el Congreso varios proyectos para reconocer el voto a las mujeres. Entretanto Gaitán se hacía con el liderazgo del partido liberal cara a las elecciones, convocaba a las masas a la participación política en su movimiento, y entre ellas invocaba específicamente a las mujeres, reglamentando de manera excepcional su representación política, y pactaba con algunas líderes feministas el reconocimiento del voto (sobre éste establecía un reconocimiento escalonado). La construcción del maternalismo en el discurso populista de Gaitán no es original, su arquitectura está en la sintonía de la época, que fundamenta los reconocimientos de ciudadanía en las virtudes y atributos femeninos y en sus significados hogareños y reproductivos. Aunque Gaitán, retóricamente, les reconoce también capacidades profesionales más allá de la maternidad. Lamentablemente no se pudo ver hasta dónde sus promesas se hacían realidad. Este estudio de caso cierra el volumen con el objetivo de ejemplificar la propuesta teórica mostrada en los capítulos anteriores.

Básicamente las correcciones de los textos han consistido en suprimir algunas notas y añadir otras nuevas. También han desaparecido algunos párrafos repetitivos y se han clarificado frases obscuras en algunos de los artículos.

Por último unas palabras sobre las fuentes y de agradecimiento. Los años en que se escribieron los artículos fueron los posteriores a la recogida de documentación videográfica sobre los movimientos de mujeres en América Latina, por lo que muchas ideas están impregnadas de esa experiencia; especialmente el capítulo cuarto está basado en ella. Una vez más deseo expresar mi agradecimiento por todas las palabras, corazones y puertas que se me abrieron en esta investigación. Conocer tan gran diversidad de mujeres enriqueció tanto mi trabajo como mi persona, en ningún momento me sentí ajena o forastera y con ellas percibí que algo nos une por encima de nuestras diferencias, de qué se trata es objeto de discusión en estos tiempos de sujetos fragmentados, pero diría que tiene que ver con el género. Espero haber interpretado correctamente sus acciones. Por el valor que tienen estas fuentes en video, quiero aprovechar la ocasión para comunicar que ahora ya disfrutan del soporte en CD, que evitará su desaparición, y que pueden ser reproducidas. Otras deudas intelectuales son con Joan W. Scott, Gabriela Castellanos y con esa latinoamericanista de corazón que ha sido Elsa Chaney. Las primeras con sus obras me hicieron entender los vericuetos del género y la tercera con su libro Supermadre me puso a pensar en el maternalismo y me honró con su apoyo y amistad; no puedo hacerme a la idea de que ya no esté con nosotras. También quiero recordar con afecto y gratitud por la atención que me prestaron a los y las estudiantes de licenciatura y doctorado de la Universidad de Barcelona, con quienes he compartido a lo largo de los años muchas de estas ideas, que iban acompañadas del visionado de las fuentes videográficas. Además fueron importantes y de agradecer las invitaciones y el acogimiento que tuve en los Encuentros Feministas Latinoamericanos y del Caribe realizados en Brasil, Argentina y Chile, que me hicieron vivir y ver de otra manera la historia política de las mujeres, y en dónde las amigas colombianas me adoptaron siempre. Finalmente decir que este libro debe su aparición al Centro de Estudios de Género de la Universidad del Valle (Cali), a las amigas y colegas de La Manzana de la Discordia, y especialmente a Gabriela Castellanos, Directora del Centro, porque sin sus iniciativas e interés en publicar la producción feminista, no lo hubiera logrado. Desde luego, las equivocaciones y los olvidos son de mi responsabilidad.

Barcelona, noviembre 2001



NOTAS

[1].. Sobre estos aspectos y las primeras voces renovadoras hay un buen resumen historiográfico con énfasis en una de sus cabezas, René Remond, en: Mina, María Cruz. "En torno a la nueva historia política francesa", Historia Contemporánea, nº 9, Bilbao, 1993. Ver también, Julliard, Jacques. "La Política", en: Le Goff, Jacques y Nora, Pierre. Hacer la Historia, v. 2, Ed. Laia, Barcelona, 1979; y Balmand, Pascal. "La Renovación de la Historia Política", en Bourdé, Guy y Martin, Hervé. Las Escuelas Históricas, Ed. Akal, Madrid, 1992

[2].. Mina, María Cruz, op. cit., p. 63

[3].. Un ejemplo de historia política, en la que se muestra la construcción de varias sujetos de la lucha por los derechos de ciudadanía en Francia en sus correspondientes contextos discursivos, es la última obra de Joan W. Scott. La Citoyenne Paradoxale. Les feministes françaises et les droits de l´homme, Albin Michel, Bibliothèque Histoire, París, 1998 (1ª 1996)

[4].. "El retorno de lo político", Historia Contemporánea nº 9, Bilbao, 1993, pp. 26 a 29. Sirinelli forma parte del grupo francés, encabezado por René Rémond, considerado como uno de los renovadores de la historia política en las últimas décadas, que dirigió la obra pionera: Pour une histoire politique, Le Seuil, París, 1988

[5].. Ibid., pp. 30-31

[6].. Sigue diciendo Sirinelli que:

Los fenómenos culturales (...) e incluyendo las culturas políticas, son de combustión más lenta que aquellos más específicamente políticos. p. 31

[7].. Para Joan W. Scott, la diferencia sexual "es un sistema históricamente específico de diferencias determinadas por el género". "Sobre el lenguaje, el género y la historia de la clase obrera", Historia Social nº 4, Valencia, 1989, p. 90

[8].. citado en Mina, op. cit., p. 66

[9].. Ibid., p. 67

[10].. Ibid., p. 69

[11].. op.cit., p. 249

[12].. Luna, Lola G. "El logro del voto femenino en Colombia: La Violencia y el maternalismo populista, 1949-1957", Boletín Americanista, nº 51, Barcelona, 2001

[13].. "El ámbito de la nueva historia política: Una propuesta de globalización", Historia Contemporánea nº 9, Bilbao, 1993, p. 43

[14].. Ortiz Sarmiento, Carlos Miguel. "El Camino de ayer y los retos de hoy", en: Ortiz Sarmiento, Carlos Miguel y Tovar Zambrano, Bernardo. Pensar el Pasado, Universidad Nacional de Colombia - Archivo General de la Nación, Bogotá, 1997, p. 14

[15].. Medina, Medófilo. "La Historiografía Política del Siglo XX en Colombia", en: Tovar Zambrano, Bernardo. La historia al final del milenio, v. 2, Universidad Nacional de Colombia, Bogotá, 1994, p. 435

[16].. Ibid. "La historia: hic et nunc", en: Ortiz Sarmiento, Carlos Miguel y Tovar Zambrano, Bernardo. Pensar el Pasado, Universidad Nacional de Colombia - Archivo General de la Nación, Bogotá, 1997, p. 71

[17].. Ibid. "Mercedes Abadía y el movimiento de las mujeres colombianas por el derecho al voto en los años cuarenta", en: VV. AA. Las Raíces de la Memoria, Universidad de Barcelona, 1996

[18].. Melo, Jorge Orlando. "De la nueva historia a la historia fragmentada: la producción histórica colombiana en la última década del siglo, Boletín Cultural y Bibliográfico, v. 36, nº 50-51, Bogotá, 1999, pp. 176-178

[19].. citado en: Mina, María Cruz. op. cit., p. 61

[20].. "La verdad posmoderna en la historiografía", en: Ortiz Sarmiento, M. y Tovar Zambrano, B. op. cit., p. 176

[21].. Appleby, Joyce; Hunt, Lynn; Jacob, Margared. La verdad sobre la Historia, Ed. Andrés Bello, Barcelona, 1998, p. 204

[22].. Ibid., p. 181

[23].. "Entrevista con Joan Wallach Scott", Estudos Feministas, v. 6, nº 1, Campinas (Brasil), 1998, p. 123

[24].. Scott, Joan W. "El Problema de la invisibilidad", en: Ramos Escandon, Carmen (comp.). Género e Historia, Instituto MoraUAM,

México, 1992, p. 65

[25].. Ibid. "El Género: Una categoría útil ...", op. cit.

[26].. Castellanos, Gabriela. "Género, poder...", op. cit., p. 23

[27].. Hernández Sandoica, Elena. Los caminos de la historia. Cuestiones de historiografía y método, Ed. Síntesis, Madrid, 1995, pp. 175-183

[28].. Ibid., p. 179

[29].. Me refiero concretamente al título del apartado de su obra: "El poder en la historia: historia de los poderes e historia de las relaciones de género", ibid., p. 175

[30].. Este aspecto se desarrolla en el capítulo uno



Otros artículos y curriculum de la autora en este blog:  

La historia feminista del género y la cuestión del sujeto

 

Apuntes sobre el Discurso Feminista en América Latina

Presentación y reseñas de libros:

Los movimientos de mujeres en América Latina y la renovación de la historia política

El sujeto sufragista, feminismo y feminidad en Colombia, 1930-1957


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