Aullagas

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JUSTICIA PARA LOS INDIOS: LOS AULLAGAS DEL PERÚ CONTRA SU ENCOMENDERO

 

Margarita Álvarez Martín

 

 

 

Después de promulgarse las Leyes Nuevas de 1542, al menos formalmente, parecía que se abría la puerta al reconocimiento de los derechos de los indios. La nueva coyuntura legal les amparaba, y desde Charcas su voz reivindicativa pudo oírse en la metrópoli a través de un pleito significativo iniciado en 1551. En el mismo, las acusaciones que los indios lanzaron contra los encomenderos por los excesivos tributos, el trabajo forzado y los malos tratos que les infringían, constataban la inobservancia de las nuevas leyes protectoras de los indios. La causa, así, aparece como escaparate de la dominación colonial, estructura sustentada, sin remedio, en el trabajo obligado de los indios, en condiciones de semiesclavitud.  Hombres y mujeres que sobre el papel eran “súbditos libres del rey”. Sin embargo, el juicio ganado por los indios posibilitaba un nuevo espacio de actuación para ellos dentro del sistema legal de los conquistadores.

En el marco de peligro que suponían para la Corona las sublevaciones provocadas en Perú al aplicarse la nueva legislación, el fallo a favor de los indios bien puede interpretarse desde la influencia del pensamiento lascasiano. También, como un efectivo instrumento de control real sobre los encomenderos. En la resolución del litigio resultaron condenados la mayoría de los encomenderos por los abusos cometidos contra los indios. Casi todos pagaron las indemnizaciones exigidas por la sentencia. Pero otros como Hernán Vela se resistieron. Aunque, al fin, de nada le sirvió, y para hacer frente al pago de la enorme suma con la que debía compensar a los indios aullagas de su encomienda se vio obligado a vender todos sus bienes, incluida la villa castellana de Siete Iglesias.

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La llegada de Colón a América supuso un cambio trascendental para las poblaciones americanas, en todos los sentidos. Se les abría la puerta a otros mundos, aunque en cierta manera también se les cerraba la propia. Europa, entonces, asistía de lleno a un proceso de cambio iniciado ya en el periodo medieval, donde eclosionaban brillantemente nuevas ideas y percepciones que pasarían con Colón y los conquistadores al nuevo mundo. También, llegaban mentalidades con resabios medievales y todo el entramado cultural de la identidad hispana. Pero, en definitiva, lo que impulsaba el mecanismo de la conquista eran las aspiraciones imperiales y la rentabilidad de los territorios recién descubiertos.

Este era el proceso que se cumplía en la conquista del Perú, y que motivó la llegada de los españoles a la zona de Charcas, en la actual Bolivia, donde se situaba la población de los Aullagas-Uruquillas, tierras del altiplano boliviano, al sur del lago Aullagas o Poopó, cerca del lago Titicaca[1]. Estos pueblos indígenas habitaban un área poblada desde el Paleolítico (Viscachani, 10.000-4.000 a.C.), período en el que se desarrollaron diversas civilizaciones, como la de Tiahuanaco con los aimaras, donde convivían unas ochenta naciones o reinos dispersos por un amplio territorio, aunque enfrentados entre sí (época de esplendor 100-1.200) y como la de los pescadores y recolectores Urus, de los que algunos piensan que fueron de las primeras poblaciones que vivían en la zona acuática del altiplano y la costa del Pacífico[2]. También los Aullagas-Uruqillas, insertados en la gran federación Quillaza, donde aparecían las diarquías Quillaca, Asanaqui y Siwaruyu-Aracapi[3]. Ocupaban, como se ha indicado, una espaciosa zona en los alrededores del lago Aullagas o Poopo[4]. Bartolomé Álvarez, cura párroco en 1588 y cronistas de estos indios, indicaba que los habitantes originarios de Ullagas pertenecían a la nación Uriquilla. Su espacio comprendía desde la orilla suroeste del lago Aullagas hasta las salinas de Tunopa y Coipasa, territorio por el que pasaba el camino de los incas[5].

El confusionismo histórico generado con respecto a estas las naciones y federaciones andinas, fue provocado por las divisiones indiscriminadas sobre las que se planificaron los repartimientos. En las que se ignoraron identidades culturales y filiaciones étnicas. Cuando los españoles llegaron a la zona los denominaron “aullagas y carangas “carangas de charcas”. Más adelante también se emplearían otras designaciones como las de quillacas, charcas y chichas”[6].

Como es sabido, el ayllu constituía el núcleo social fundamental de estas poblaciones, que se estructuraba sobre relaciones de solidaridad, reciprocidad y cooperación mutua entre sus miembros. Relaciones que articulaban, así mismo, el sistema del trabajo agrícola, su base económica primordial[7]. No obstante, el conjunto social se ordenaba jerárquicamente y la cabeza de mando eran los curacas (kurakas) y sus familias[8].

Estas poblaciones fueron conquistadas y hechas tributarias por el imperio Inca, el Tahuantinsuyo, en 1450. Anexionada, entonces, el área como el Collasuyo (Qullasuyu)[9]. Se hablaba, además de las predominantes aymara y quechua, el aullaga-uriquilla, pukina y quechua[10]. Otra conquista, la de los españoles, terminó con esta sujeción. Gonzalo y Hernando Pizarro, una vez capturado el inca Atahuallpa en Cajamarca, marcharon con cientos de españoles y miles de indios aliados hacia el Collasuyo (1534-38). En 1535 Almagro dirigió la primera expedición con la ayuda de nativos de la región. Decisiva fue la colaboración de Guarache, mallku de la cuatridiártica federación Killaka[11]. Aunque aplazada en aquel año por el frío su entrada en Paria, cuando reinició su periplo conquistador las siguientes poblaciones sometidas fueron las de la provincia de Aullagas, donde encontró “grandes poblados” que incorporó al reino de Castilla[12]. Después de ser asesinado Almagro, y en manos de la facción pizarrista el avance por el territorio, se vencían las últimas resistencias indígenas. En 1539 se aseguraba el control de aquel rico territorio, enclave de las minas de plata de Porco, con la fundación de la primera villa española: La Plata, más tarde Chuquisaca y actual Sucre.

 

Población de Pampa Aullagas, bajo el Cerro Pedro Santos Villca, al fondo, y el Cerro Santiago Punta. Más abajo el calvario denominado Colcapata Mallco. En primer plano el camino procedente de las tierras del Carangas[13]

 

Pizarro repartió las encomiendas a sus leales con prontitud. A Hernando de Aldana, por los servicios prestados en los alrededores de Cajamarca, le correspondieron como encomendados los más de diez mil indios bajo el mando del curaca  Guarache, el unu mallku, de la federación de los indios Quillaca.  Tomo plena posesión en 1540 de una encomienda que se beneficiaba de la explotación de las minas de Porco, donde sus indios habían estado ya trabajando para él. En esa toma de posesión se señala que Hernando de Aldana tenía la “posesión de los indios de Aullagas a siete años y más por çélula del señor marqués don Francisco Pizarro…”. El encomendero, entonces, recibía la otra parte de Aullagas, refiriéndose a toda la región Quillaca[14]. Aldana que se hizo rico con los tributos proporcionados por la gente de Guarache, tuvo, como español de calidad, un cargo en el cabildo de Cuzco, ciudad donde residió.

Pedro Alonso de Hinojosa, natural de Trujillo, que había llegado al Perú en 1534 junto con su paisano Hernando Pizarro (cuando vino a gestionar asuntos de la conquista que había encabezado su hermano), recibiría otra parte de los indios aullagas por haber estado como teniente de Francisco Pizarro en Cuzco cuando se sitió a Manco Inca. También estaría a su lado cuando éste se enfrentó con Diego de Almagro (vencido en Salinas en 1538). Pronto se trasladó a Charcas donde sería uno de los fundadores de la Villa de la Plata. Ese año fue recompensado con la encomienda de los Aullagas-Uruquillas y además obtuvo el cargo de regidor del cabildo de la recién fundada ciudad[15]. Estos nuevos encomenderos recaudaban tributos a los naturales mediante los curacas. Los indios eran enviados a trabajar a las minas de oro y plata, mientras los españoles se preocupaban de su bienestar, hacer dinero y construirse allí sus lujosas casas en sus recién fundadas ciudades.

 Para entonces el abuso de los indios era ya común entre la mayoría de aquéllos que se aventuraron a ir a América para hacer fortuna rápidamente a cualquier precio. El sermón de fray Antonio Montesinos (1511), denunciando el proceder de los encomenderos, inició la corriente de pensamiento a favor de los derechos de los indios en la Península. Su denuncia sería decisiva en el espíritu de las Leyes de Burgos-Valladolid (1512-1513). De la misma forma que resultó esencial en las Leyes Nuevas la campaña de Bartolomé de las Casas, quien expresara sentencias tan contundentes como la de que se trataba a los indios “peor que a estiércol de las plazas”.

Cuando llegó al Perú, en 1542, el virrey Blasco Núñez Vela, con el mandato expreso de aplicar las Leyes Nuevas, en su compañía fueron, como era usual, una corte de parientes, vecinos y amigos. Uno de ellos, era llamado Hernán Vela[16], vecino de Alaejos, pueblo de la provincia de Valladolid. Un joven decidido a medrar en tierras americanas y a superar allí su humilde origen. Sin duda, los relatos de los que regresaban ricos y ascendidos socialmente de los reinos de Indias tuvieron que influir en su ánimo para emprender la aventura del viaje ultramarino[17]. En 1544, fue recibida la comitiva virreinal en Lima por el gobernador del Perú, Cristóbal Vaca de Castro[18], en un clima que preludiaba las revueltas en rechazo a las leyes que limitaban los privilegios de los encomenderos. La sublevación era, no obstante, inevitable ante la decisión de Núñez Vela por aplicar la ley en contra de los intereses de los encomenderos.  Tratando de controlar aquella situación de franca rebeldía a la Corona, Blasco Núñez Vela mandó encarcelar a Cristóbal Vaca de Castro. Mientras, Gonzalo Pizarro, que había asumido el liderazgo de los pizarristas, tomaba el mando del movimiento insurgente. Probablemente, y como se ha apuntado, esperando apoyos para un posible poder independiente de la metrópoli. Finalmente los encomenderos se enfrentarían al virrey en el llano de Iñaquito (1546), donde éste fue decapitado. Desde España se envió al visitador Pedro de La Gasca para pacificar la zona. Hernán Vela se unió al abulense La Gasca en Panamá, y en la batalla de Xaquixaguana (1548) lograron derrotar a Gonzalo Pizarro. Una vez que el visitador logró terminar con los enfrentamientos procedió a reordenar la concesión de las encomiendas. Política de favores que pretendía calmar a los alzados y recompensar a los fieles de la Corona. Aunque no alcanzaron para recompensar a todos los que se sentían con derecho a ellas[19].

Dentro de esta dinámica, las encomiendas se dividieron y redividieron. Después de la posesión de Aldana las diarquías Quillaca fueron repartidas de nuevo. Los Quillaca y Asanaqi de Aldana pasaron a Diego de Ocampo, pero como éste murió pronto se dividieron en dos partes, cuya titularidad correspondió a Pedro de Portugal y Diego Pantoja. En la siguiente fase, La Gasca le arrebató la encomienda de Aullaga-Uruquilla a Pedro de Hinojosa, para recompensarle con una de las más ricas del territorio, la de Hacha Chaqui y demás pueblos, que había pertenecido a Gonzalo Pizarro. La encomienda de Aullaga-Uruquilla que había quedado sin dueño se la entregó a Hernán Vela[20].

Desde el 22 de noviembre de 1548 Hernando Vela tuvo la encomienda que le otorgaron:

 …en el término e jurisdicción de la villa de La Plata y provincia de Las Charcas todo el repartimiento de indios con sus caciques y principales indios e pueblos mitimas a ellos sujetos que tuvo encomendados el general Pedro de Hinojosa en los Aullagas[21].

 

Era uno de los repartimientos más ricos de la provincia, de cuyos indios comentaban los demás encomenderos:

…son muy granjeros e artificiosos y tienen mucha habilidad”; “…los ha visto en las minas de Potosí sacar plata de ellas mejor que otros [...] son tenidos por más antiguos en saber sacar la plata y que tienen mucho ganado…[22].

En el legajo del pleito[23] no deja de reflejarse el ánimo de las reformas en beneficio de los indios. Así, figura en el otorgamiento de la encomienda a Hernán Vela. Cuando La Gasca puso tasa a los encomenderos de indios señaló la disminución que había habido de los mismos. Lo relacionó con las cargas que soportaban, y por eso encontraba conveniente exigir los tributos sólo a los que estaban obligados. Evitar, también, que los mandaran forzados a las minas, donde morían en buen número, como en Potosí; o que se les sacara de sus lugares de origen y tierras, haciéndoles abandonar sus casas doscientas y trescientas leguas, para que cada semana les dieran las cacillas de plata, de manera que la mayoría que enviaban no volvía a sus casa “…y questo se guarde cumpla y ejecute y se averigüe quien lo quebrantasen…”[24].

Gracias a las Leyes Nuevas, cuando le dieron la encomienda a Hernán Vela ya incluía la cláusula de restitución, donde se pide que dejase tranquilos a los “curacas, a sus mujeres e hijos y a los indios a su servicio, y que les adoctrinara en la fe católica. Que les tratase bien y procurase su conservación, pidiéndoles tributos moderados, los que pudieran dar, apercibiéndole de que de no hacerlo así se le tomaría la demasía, “…en parte de pago para lo que adelante vieredes de haber conforme a tasaciones que de los tales tributos que hubieran de dar los dichos indios se hiciera”[25].


Ruinas del antiguo pueblo de Pampa Aullagas, hoy llamado Uriquillas. Se encuentra en el Camino Troncal de Potosí hacia Arica (Chile). En estos parajes las llamas se utilizaban como medio de transporte[26]. 

 

Pero Hernán Vela no lo tuvo en cuenta y se dedicó desde entonces a sacar el máximo partido de su encomienda. Parece mentira que aquel que luchó al lado de la Corona por las Leyes Nuevas, cayera preso de ellas. Desde que tuvo la encomienda, el veintidós de noviembre de 1548, hasta el veintiséis de febrero de 1551, que se le dio la tasa (dos años, tres meses, cuatro días), el hombre pobre que marchó de Alaejos a América había hecho una considerable fortuna. En la villa de La Plata adquirió unas casas en la calle Grande (junto a Santo Domingo), donde trabajaron los indios de su encomienda, que en Potosí también le hicieron unas casas y un molino. Llegó a hacerse con una hacienda que valdría más de setenta mil pesos de oro. Tendría por entonces unos treinta y seis años y había formado un hogar con una india con la que tuvo un hijo, Pedro Vela[27].

Lorenzo de Estopiñán (fiscal, tutor y curador de los indios), juez de comisión por la Real Audiencia de la Ciudad de los Reyes, en nombre de la Real Justicia y Defensa de los Indios, denunció a Hernán Vela el veinte de febrero de 1551 por maltratar y llevar excesivos impuestos a los indios aullagas de su encomienda, desde que tomó posesión en 1548 hasta 1551 que se le dio la tasa. Como ya se ha indicado Hernán Vela se resistió al pago que debía a los indios.  En marzo de 1552 la Audiencia le condenó con la pérdida del servicio personal de los indios. En 1560 concluyó el largo en el que se sentenciaba al encomendero castellano a pagar sesenta y cinco mil pesos de oro en plata corriente[28].

De la lectura de los legajos del pleito (1548-1551) se desprende que los aullagas, eran indios de “puna”[29], que no tenían en sus tierras más que papa, chuno y quinua[30] (el maíz lo traían de otros lugares)[31], ganado que les daba lana, leche y carne[32]. Entre las vestimentas aparecen ropas de lana y de abasta. Se indica, también, que se entendía con los españoles por medio de un interprete, un indio ladino. Se insiste especialmente en el hecho de que muchos fueron sacados de sus lugares de origen [33] y llevados al asiento de Potosí. Hernán Vela concertó con los indios principales de su repartimiento el trabajo de 200 indios, que residirían en las minas del lugar. De cada uno de ellos esperaba la ganancia de un marco de plata a la semana, la cacilla[34]. En cinco semanas le proporcionaron mil marcos de plata (cinco mil pesos de oro). Para sacar la cacilla los indios iban acompañados de Poma, indio principal, mientras Barrientos, la mano derecha del encomendero, los vigilaba[35]. Las duras condiciones del trabajo en las minas provocaba, como ya se ha dicho, entre los indios importantes bajas. Las resistencias a las imposiciones del requerimiento eran una reacción lógica y en cuanto se presentaba la ocasión huían a sus pueblos, para cuidar de sus tierras, ganado y familia. Al respecto, quedaron muy claras en el pleito las amenazas de Hernán Vela a los indios que huían, así como las continuas palizas y otros castigos llevados a cabo.

Los aullagas se quejaron, porque mientras estaban en Potosí no podían sembrar en esos años. Como pasaban muchas penalidades para sacar la plata los curacas le quitaron veinte indios, por eso Hernán Vela les dio de “bofetones, coces y palos”. Después como en lugar de ciento ochenta fueron ciento setenta, muy enfadado dejó encerrados en su casa a tres indios principales, amenazándoles y abofeteándoles hasta que pactó con ellos que le volverían a llevar los ciento ochenta indios. En otra ocasión como sólo le dieron ciento setenta cacillas, los prendió, los metió en un “bufo” y no los soltó hasta pasados tres días, cuando los otros indios le dieron los marcos de plata que le faltaban. Por esos diez marcos de plata que le faltaban, mandó a un negro que desnudase a Cari, indio principal de cuarenta años, y que le colgase de los pies de un palo del techo de su casa, azotándole hasta hacerle saltar sangre. No paró hasta que el indio le prometió que le daría los marcos de plata que le faltaban[36].

Dos indios principales no pudiendo resistir más huyeron. Hernán Vela los prendió y los mandó azotar desnudos, con las manos atadas a unos travesaños, En otra ocasión, los indios principales escaparon para refugiarse en el repartimiento de los indios chácaras, que pertenecía a de Pedro de Hinojosa, junto al Río Grande. Hernán Vela, enfurecido, los mandó prender. Cuando se los entregaron “en una cadena liados las colleras, en su casa en el asiento de Potosí, los metieron en “un bufo”. Él no estaba entonces allí, se encontraba en La Plata, y como cayó enfermo, de “cámaras de sangre”, tardó mucho tiempo en ir a Potosí. Los indios estuvieron presos con sus mujeres durante uno o dos meses, tiempo excesivo para unas personas no habituadas al encierro. La angustia y el miedo pudieron con el ánimo de una de las parejas, Poma y su mujer Taquima, que se ahorcaron atándose un cabo de una soga de lana al cuello y el otro al dedo pulgar del pie. Este suceso conmocionó a los indios del repartimiento y sería decisivo en la condena de Hernán Vela.

Además de estos excesos, en las cuentas detalladas dadas por los indios de la encomienda a su encomendero, figura que le llevaron con sus “carneros”[37] mucha cantidad de maíz desde La Plata a Potosí y que les pegaba y azotaba si les faltaba alguna carga. Incluso se relatan castigos más cruentos, como la amenaza de quemar a uno de ellos pasándole un brasero grande de carbón por encima. En otros pasajes del pleito se relata que les hacía pagar las cargas de maíz que le faltaban, no teniendo en cuenta el ganado que se les moría del cansancio y frío, ni los indios que enfermaban y morían en el camino. Así como les pedía cargas de “chumo” (chuno), “quina” (quinua) y vestidos de ropa de lana. Y exigía, para su uso personal doce indios ordinarios para llevarle la hierba, además de pedir cada semana una oveja cada tercer día, maíz para los caballos, carbón, leña, candela y otras cosas. Con la intención de controlar el pago de tales tributos dos españoles permanecían constantemente en los pueblos de los indios. Los indios también se quejaron de los trabajos a que los obligaron en las casas, el molino de Potosí y en la villa de La Plata de Hernán Vela. El encomendero negó todos los hechos que se le imputaban[38].

El visitador La Gasca nombró equipos de “jueces pesquisidores”, fiscales especiales, para descubrir los abusos y solicitar acusaciones de los indios contra los encomenderos. Éstos eran juzgados y si eran culpables se les exigía la restitución. En la audiencia de Charcas Lorenzo de Estopiñán condenó a los encomenderos a que restituyeran diferentes montos. Sólo unos pocos apelaron, resistiéndose a aceptar la culpa, como lo hizo Hernán Vela[39]. La mayoría de los encomenderos hicieron la restitución arreglándolo fuera de la corte. De 1550 data una lista con las restituciones judiciales contra los encomenderos de Charcas[40]. Por ejemplo, a Lope de Mendieta, los indios carangas de su encomienda, le pusieron pleito ante la Audiencia de Charcas, por los abusos a los indios de su repartimiento de Chuquicota (se calculó que les había llevado en exceso setenta mil pesos). En las cláusulas testamentarias de Mendieta se decía que “restituyan al dicho repartimiento la cantidad de dinero que les pareciere…”. Pero su heredero, Juan Ortiz de Zárate, aplicando esta frase “al pie de la letra”, les restituyó a los indios Carangas, aunque no en la cantidad que les correspondía[41].

A Felipe II, tan endeudado en esos momentos, también parecía interesarle:

 Yten converna proveer que en el Perú se usan los negoçios que hizo Lorenzo de Estupiñán de Figueroa sobre excesso que huuo por los encomenderos y sus criados en la cobranza de los tributos de los yndios que es negoçio de mucha yimportancia y provecho para el rrey y de que se podría sacar más de seteçientos mill pesos[42].

De los numerosos procesos que abrió Lorenzo de Estopiñán de Figueroa para mirar los excesos en tributos y los malos tratos a los indios, parece que solamente se habían determinado dos:

…en que fueron condenados los encomenderos que fueron el General Hinojosa en çiento y veinte mill pesos por los quales se compusieron los herederos con los yndios en cuarenta myll, y Hernán Vela que murio en esta tierra en sesenta mill. Su Majestad provea que se acaben y concluyan a lo que fuere seruido[43].

 

El general Hinojosa concertó con los indios su pago, pero Hernán Vela como hemos visto no. En el pleito contra Hernán Vela varios fueron los factores que jugaron en su contra. Uno es la ya mencionada nueva visión que se tiene sobre las encomiendas, expuesta en las directrices que le dieron cuando le otorgaron la suya, “…y a los demás indios a ellos sujetos los tratéis bien y procuréis su conservación pidiéndoles tributos moderados y tales que buenamente los puedan dar…”[44]. Por otro lado, la labor minuciosa de Lorenzo de Estupiñán, que en su defensa recoge todas las quejas de los indios con todo detalle. También los indios de su encomienda declaran abiertamente en su contra, describiendo minuciosamente todos los abusos sufridos, tanto físicos y psicológicos, como de excesivos tributos. El monto con el que se le condena es extraído de las elaboradas y detalladas cuentas (de absolutamente todo lo que les pudo llevar Hernán Vela) proporcionadas por los propios indios, que presentan una cuenta individualmente, ambas muy similares[45], donde muestra que cobraba más de lo que constaba en la nueva tasa de La Gasca. El apoyo explícito del fiscal está presente en todo esto, ya que de otro modo los indios no lo hubieran realizado[46]. Además, se le condena también porque no les adoctrinó en la fe católica, algo muy tenido en cuenta, pues no tuvo a ningún fraile como doctrinero, sino al contrario, se enemistó con alguno de ellos[47].

Pero, también, había enemigos entre los propios vecinos de Charcas, que declararon abiertamente en contra de él en el juicio, como su capataz, Juan de Barrientos, con el que se había enemistado unos meses antes de ser acusado, del que se señala que:

…tiene odio y enemistad capital con el dicho Hernán Vela y que no le hablaba por haber tenido con él palabras de enojo y haberle echado Hernán Vela de su casa y quitado la administración de sus haciendas y de los tributos de sus indios y por otras causas[48].

 

Otro era Baltasar Mejía, gran amigo del padre Loaysa, enemigo capital de Hernán Vela. La enemistad con Loaysa parece derivarse del incumplimiento de un ruego hecho a Hernán Vela para que no cumpliese una provisión en la Audiencia; además se constata que tuvieron una disputa en la plaza de Potosí, donde el padre Loaysa acusó a Hernán Vela de no haberse confesado y éste le afrentó llamándole “puto judío moro”[49]. Y un tercero fue el licenciado León, pues siendo Hernán Vela alcalde de Potosí le acusó de haber proferido algunas palabras de desacato al rey y en favor de Gonzalo Pizarro[50].Como señala Ana María Presta, la vida de los emigrados españoles en los territorios coloniales se sustentaba en las redes clientelares y de solidaridad entre paisanos, que no evitaba las rivalidades entre ellos[51].

Cuando en 1560 se falló la sentencia en contra de Hernán Vela, éste hacía ya tiempo que había regresado a España, probablemente sobre 1553. Se sabe con certeza que estaba en 1558 en la península, fecha documentada en las gestiones de inversión del capital americano que trajo consigo. Entre éstas figuran la adquisición de diferentes juros a particulares y la compra de la villa de Siete Iglesias (Valladolid) a Felipe II en 1558[52]. Pero el encomendero no disfrutaría mucho de sus adquisiciones, porque estando aún ocupado con diversos trámites, murió repentinamente en la ciudad de Valladolid, en el año de 1559[53]. Mientras tanto, en América, un avispado mercader sevillano, Alonso Castellón, que se encontraba en Potosí cuando fue condenado Hernán Vela se puso de acuerdo con los indios aullagas para defender su caso, acordó con ellos quedarse la décima parte de lo que cobrase, más todas las costas que hubiera. Castellón dejó su hacienda y marchó a Lima para obtener la carta ejecutoria. Con ella regresó a España y la presentó ante el Consejo de Indias pidiendo que se ejecutara la sentencia.

Concluido el pleito, Felipe II ordenó al licenciado Castro que obtuviera de los indios aullagas la cesión a la Corona de la carta ejecutoria contra los bienes de Hernán Vela. El arreglo que pretendía el rey no fue posible porque ya se le había adelantado Castellón[54].

Los herederos de Hernán Vela, su esposa Ana Gutiérrez en nombre de sus hijos Gonzalo e Isabel Vela apelaron, oponiendo ciertas nulidades. Pero todo fue inútil. Alonso Ruiz, juez de comisión del Consejo de Indias, fue el encargado de ejecutar la sentencia. Para poder hacer frente a la misma, la familia del encomendero se vio obligada a vender sus propiedades.

El licenciado Barreda, juez nombrado para secretar sus bienes, hizo pregonarles y poner edictos en diferentes lugares, Madrid, Toro, Zamora, Salamanca, etc., para que se pujase por Siete Iglesias, con su jurisdicción civil y criminal, señorío y vasallaje, alcabalas y las demás pertenencias compradas a Felipe II, y también por los otros juros y censos que tenía con diferentes particulares. Varios fueron los que pujaron por ella, y finalmente el día 14 de marzo de 1566, en la plaza mayor de Medina del Campo, se remató la villa de Siete Iglesias. Los juros y censos fueron a manos de don Antonio, hijo de don Cristóbal Vaca de Castro, el que fuera gobernador del Perú cuando llegó Hernán Vela con Blasco acompañando al virrey Vela.  Una curiosa coincidencia.

Conmoción general se viviría entonces en la villa española de Medina del Campo, famosa en el mundo por las importantes ferias que allí se celebraban, cuando en su plaza mayor, en pública subasta, se vendía al mejor postor un pueblo castellano, para pagar a aquéllos indios que desde tan lejanas tierras reclamaban justicia por el abuso de un castellano. El revuelo tuvo que ser tremendo, pues era lugar muy concurrido por todo tipo de gentes venidas del resto de Europa y también de Indias[55].

Hecha la venta, se acordó que el representante de los indios aullagas, el mercader sevillano Castellón, les llevara lo cobrado. Pero como era mucho el dinero que había por medio y todos querían beneficiarse de la cuantiosísima suma, hubo pleitos sobre pleitos, desde los propios descendientes de Hernán Vela al propio Alonso Castellón. En efecto, éste una vez recibido el dinero no pagó a los indios, sino que lo invirtió en géneros para embarcarlos rumbo a América con el fin de venderlos allí y obtener el doble de ganancias. Se lo reclamaban, pero como ya estaba gastado y no pudo hacer frente al pago la justicia lo encarceló y embargó todos sus bienes. Como consecuencia de este mal paso murió arruinado, y sus herederos continuaron pleiteando.  También en juicios estuvieron Antonio y Pedro, éste el famoso arzobispo de Sevilla que levantó el Sacromonte de Granada, y ambos hijos de Cristóbal Vaca de Castro. La causa de tales pleitos fue que los hermanos no acabaron de pagar el total comprometido en la compra de Siete Iglesias. Los conflictos judiciales continuaron con el siguiente propietario del pueblo, el célebre don Rodrigo Calderón, marqués de Siete Iglesias.  Incluso el rey no había perdido su interés por el dinero, y pretendía que lo cobrasen los indios para tomarlo a censo, por eso se continúo reclamando con insistencia[56].

Finalmente, se sabe que los aullagas recibieron el dinero en 1573. Aunque en lugar de sesenta y cinco mil pesos solamente llegaron cuarenta y siete mil ducados, todavía una enorme suma. Martín Rubio, señala que en 1575 Felipe II decidió tomar este dinero bajo juro o censo. Posteriormente  promulgó una cédula por la que mandaba al virrey Toledo que le despachase un juro sobre réditos de mil quinientos ochenta y tres pesos y seis tomines y diez granos ensayados, a razón de a treinta mil el millar. Los indios recibieron los intereses con carácter retroactivo desde el uno de enero del año anterior. Este dinero se ingresaba en las Cajas de las comunidades[57] y, junto con el que tenían de la venta del ganado y derivados lácticos, servía para cubrir las necesidades del pueblo[58].

A través de este pleito de los indios aullagas, es factible situar un contexto social en el que las poblaciones sometidas comienzan a tomar conciencia de las posibilidades de defensa que tienen dentro del sistema de los vencedores. Y no es baladí el hecho de que fuera una causa ganada por los indios. Pues, aún a falta de una investigación más extensa que proporcione valoraciones comparativas respecto a los casos presentados y los ganados, la significación de este triunfo en el aún temprano proceso de conquista del sur americano tuvo que ser de importancia en ámbito indígena. En todo caso la puerta estaba abierta, y otros casos posteriores afirman prácticas reivindicativas. Así lo muestra la investigación de Ana María Presta en el procedimiento judicial que siguió Juana de Hinojosa. El atrevimiento de esta mujer india debió dejar estupefacta a buen parte de la sociedad de los encumbrados encomenderos españoles. Juana, que había vivido en concubinato con el encomendero Pedro de Hinojosa y con él había tenido cuatro hijos, tras el asesinato de su pareja en 1553, pidió que se le nombrara un defensor y curador de su persona y bienes. Petición que pronto se vio apoyada por los amigos y la clientela extremeña del general Hinojosa[59].

Según señala Thomas Abercrombie, el momento es clave, y pleitos como el de los aullagas constituyó un incentivo para que los indígenas rurales participaran junto a los mestizos urbanos en el discurso y en los debates sobre la moralidad y legalidad de las encomiendas. El autor sostiene que los indios estuvieron profundamente comprometidos en la década de 1550, y que los alzamientos indígenas, como el Taki Onqoy, fueron efecto de estas reuniones. Entre 1550 y 1560 los pueblos indígenas buscaron liberarse de la sujeción a perpetuidad de los encomenderos, e intentaron aplicar una forma de autocompra, como pasaba entonces en las villas españolas, pues querían depender sólo del rey y tener la mayor autonomía posible[60].

Por otra parte, el reconocimiento legal de los derechos de los indios hizo que pronto un nutrido grupo de abogados y procuradores de causas se abalanzara sobre ellos. La pretensión, en buena lógica, era beneficiarse de la presentación y tramitación de los litigios entablados por los indios al gobierno colonial. Hay consenso en la investigación, que también subraya el autor citado anteriormente, para observar que aunque el pensamiento andino y su organización social eran ajenos a la cultura jurídica europea, los señores indígenas aprendieron pronto a manipular sus categorías y lógica en beneficio propio. En ello también les iba su propia legitimación en la sociedad de los vencedores y entre los suyos[61]. Honores Renzo señala que se inició una ofensiva legal enorme. Como pasó en julio de 1552 cuando Francisco López (procurador de causas de la Audiencia de Lima) se presentó en nombre del curaca Illacuxiguamán, para solicitar que se revocara la posesión de Pedro de Portocarrero sobre una porción de una estancia (Ciquillabamba), por haber sido emitida sin tiempo ni forma. Otros pedían la reducción de sus montos tributarios, y así un largo etc.[62]

El Marqués de Cañete en 1556 fue de los primeros en alertar del alto índice de litigios, del que acusaban a los abogados y procuradores que tramitaban sus causas en la Audiencia, en forma y juicio como las de los españoles, lo que según ellos estaba arruinando a la población andina mientras los letrados se enriquecían. El virrey Francisco de Toledo acabaría con todo esto, pues eliminó la asesoría privada al contemplar en sus meticulosas ordenanzas el nombramiento de funcionarios de la justicia real especializados en la asistencia jurídica de los indios. Fue la figura del “abogado y defensor general de los indios”[63]. La sujeción de las protestas indígenas no era sino otra de las medidas de control que junto a la política de las reducciones impuesta por el virrey iba afianzando el orden colonial.

 

El corregidor de minas castiga a los caciques (izquierda). El mayordomo que administra los bienes (derecha). Guaman Poma de Ayala (Charles, nº 529 y nº 820) 

 
Conclusión

 

Los efectos positivos de las Leyes Nuevas de 1542 se hicieron notar claramente en la región de Charcas, donde se condenó a la mayoría de los encomenderos a compensar a los indios por sus abusos. Se ponían, entonces, en evidencia el incumplimiento de las ordenanzas protectoras de los indios. Por otra parte, el juicio ganado por los indios abría a éstos un espacio de aprendizaje, de utilización de los resortes del sistema legal de los conquistadores. Era una práctica nueva para los vencidos, una táctica de supervivencia, pero también de resistencia. Las conexiones de esta nueva actitud indígena con el movimiento reivindicativo del Taqui Onkoy son posibles.  

En apariencia la situación de total subyugación de los indios comenzaba a cambiar. Aunque pronto todo esto lo cortaría de raíz la Corona, pues si ya era complejo el gobierno de la zona y controlar a los levantiscos encomenderos, las reivindicaciones de los indios no hacían sino añadir conflictividad a lo que en muchos momentos fueron situaciones de real peligro para el poder colonial. Para consolidar éste era prioritario afianzar la lealtad de los grupos de poder, pero contentar a los encomenderos iba en detrimento de los intereses de los indios. Se imponía, en definitiva, el organigrama básico de la dominación colonial. Antes, como ahora, quien tiene el poder tiene la llave que abre o cierra las puertas.


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NOTAS



[1] En la actualidad lo que queda de ellos es el pueblo que lleva su nombre, Pampa Aullagas, del repartimiento de Uriquillas, situado en el sector Sudeste del departamento de Oruro, al sur del lago Poopó. Fue creada en 1563 por el visitador Pedro Zarate y en 1872 pasó a formar parte de la provincia de Paria, para posteriormente formar parte de la provincia de Ladislao Cabrera. Como nos señala Román Pizarro, todavía recuerdan que su origen étnico se remonta al Jatun Quillazas. Aún se conservan en sus inmediaciones, restos de argamasa y cantos de lo que fuera la originaria población con el nombre de Uruquillas. Su nombre también ha perdurado en el Santuario de Quillacas (que guarda la imagen de Tata Quillacas) que se encuentra muy cerca de esta población. Al sur del lago Aullagas están los salares de Coipasa y Uyuni, una zona muy fría y dura. PIZARRO GARISTO, Román. . Consejero de la Provincia Ladislao Cabrera del Departamento de Oruro, (entre las gestiones 1996 al 1998). La Reseña Histórica de Pampa Aullagas. Municipio de Pampa Aullagas. [Word]. [12-4-2006].

[2] Los Urus vivían en la zona acuática que abarcaba el lago Titicaca, río Desaguadero y lago Poopó, zona de Coipasa y río Lacajahuira y, la zona del Pacífico entre Arica y Cobijaque. (Las zonas de los lagos, por Chuchito y Paria). PRESTA, Ana María. Los Encomenderos de La Plata, 1550-1600. Lima: Instituto de Estudios Peruanos, 2000, p.47; CALLISAYA, Pedro; ORTIZ, Jorge; SALAZAR, Ladislao. Entre el Crepúsculo y la Claridad, El Amanecer de los Primeros Hombres en el Mundo Andino, Los Uru. [en línea]. Oruro-Bolivia: 2003. [Consulta: 10-4-06] .

[3] Quillaca (Killaca), Asanaqui (Asanaqi), Aullaga-Uruqillla (Awullaka-Urukilla). ABERCROMBIE, Thomas. A. Pathways of Memory and Power: Etnography and History Among an Andean People. Wisconsin: University Wisconsing Press. 1998 a, p.155.

[4] Los K’ulta pertenecían a la diarquía Asanaqi, metidos dentro de las primeras fuentes coloniales dentro de los Quillaca. Posiblemente en el periodo incaico quedaran subsumidos dentro de otra macrofederación llamada Caranga (Qaranga). Al repartimiento de Aullagas Uruqillas, pertenecerían Salinas de Tunupa, después llamada Salinas de García Mendoza y Santiago de Huari. ABERCOMBRIE, Thomas, A. Caminos de la Memoria y del Poder: Etnografía e historia en una comunidad andina. Manuscrito no publicado. Oruro, 2005, s/n. (Se publicará en otoño de este año 2006).

[5] Bartolomé Álvarez en el Memorial que mandó a Felipe II, nos ofrece una magnífica visión del mundo hispano hacia este pueblo, especialmente por la visión católica que como sacerdote nos ofrece, donde se muestra claramente el choque de dos civilizaciones totalmente diferentes. ÁLVAREZ, Bartolomé. De las costumbres y conversión de los indios del Perú. Memorial a Felipe II (1588). Madrid: Ediciones Polifemo, 1988.

[6] ABERCROMBIE, Thomas. Pathways…Op. Cit., p. 145.

[7] El producto de la tierra era distribuido en tres partes: una para el sol, otra para el ayllu (la comunidad) y otra para el individuo.

[8] RENGIFO VASQUEZ, Grimaldo. El Ayllu. [en línea]. Lima: Cultura y Sociedad en los Andes: Documentos Disponibles en el Internet. 1996. [Consulta: 8-4-2006].

[9] El Tahuantinsuyu: Collasuyo al sur, Chinchasuyo al norte, Antisuyo al este y Cuntisuyo al oeste. Pese a que los Collas lucharon contra el inca Pachacu, no pudieron vencerles. El Collasuyu era de las zonas más pobladas, también la más rica en plata y oro. Charcas también fue llamado Collasuyu-Collao, por los españoles.

[10] PRESTA, Ana María. Los Encomenderos…Op. Cit., p.47; ALBO, Javier. Una lectura lingüística del Memorial de Álvarez. En ÁLVAREZ, Bartolomé. De las costumbres y conversión de los indios del Perú. Memorial a Felipe II (1588). Madrid: Ediciones Polifemo, 1988.

[11] ABERCROMBIE, Thomas. Pathaways… Op. Cit., p.143.

[12] GUZMÁN PALOMINO, Luís. Las primeras luchas de resistencia nativa en Bolivia, Argentina y Chile: 1535-1536. Un capítulo de la Guerra Libertaria de Manco Inka. [en línea]. [13-4-2006].

< http://cf.geocities.com/magpb/guerramancoinka.do>.

[13] Foto y comentario de PIZARRO GARISTO, Román. Op. Cit.

[14] ABERCROMBIE, Thomas. Pathaways… Op. Cit., p. 460.

[15] Otro pedazo de los Quillaca (Killaka), ya que otras partes se habían concedido a Hernando de Aldana. De esta manera los españoles sacaron Uriquillas-Aullagas de la federación Quillaca mayor. ABERCROMBIE, Thomas. Pathaways… Op. Cit., p. 149.

[16] Hernán Vela también citado como Hernán Núñez Vela, que era hijo de Hernando Bermejo, (aunque en Ávila a su padre se le conocía más por Hernando el Negro, apelativo con el que eran conocidos los miembros de su familia de ahí su posible procedencia morisca) y de Catalina Muñoz. Por llevar el apellido Núñez Vela, se cree que les unía al virrey algún tipo de parentesco. En el año 1539 solicitaron la certificación de hidalguía. ÁLVAREZ MARTÍN, Margarita. Personajes por Tierras de Medina. Entre Medina y Siete Iglesias: De la familia del Cid a los indios Aullagas del Perú. Valladolid: Diputación, 2003, pp. 108-111.

[17] En el navío figuran entre otros pasajeros, Polo de Ondegardo y Agustín de Zárate, tío de de éste. GONZÁLEZ PUJANA, Laura. La vida y la obra del Licenciado Polo de Ondegardo. Valladolid: Universidad, 1993, p. 40.

[18] Todo lo referente a don Cristóbal Vaca de Castro se puede encontrar en: VIFORCOS MARINAS, María Isabel; PANIAGUA PÉREZ, Jesús. El leonés don Cristóbal Vaca de Castro. Gobernador y Organizador del Perú. León: Hullera Vasco-Leonesa, 1991.

[19] ÁLVAREZ MARTÍN, Margarita. Personajes… Op. Cit.

[20] ABERCOMBRIE, Thomas. Pathways… Op. Cit.

[21] ÁLVAREZ MARTÍN, Margarita. Personajes…, Op. Cit., p.125. Archivo General de Indias. Sevilla. Signatura: EC-497- C. Pieza nº 23, s/n.

[22] Ibídem, p.137. AGI. EC-497-C. Pieza nº 21, f.25

[23] Los legajos del pleito contra Hernán Vela se encuentran en el Archivo General de Indias de Sevilla, (en lo sucesivo AGI). Escribanía de Cámara de Justicia (En lo sucesivo EC). Pleitos de la Audiencia de Lima. Escribanía 497C; Pleitos de la Audiencia de la Plata. Escribanía 844A; Pleitos de la Audiencia de Lima. Escribanía 497C y 497A.

[24] AGI. EC-497-C, pieza nº 21, f.12. Por la primera vez se penaría con un año del servicio de indios y la segunda vez, con dos años. Los tributos que se dieran en el tiempo de la suspensión serían la tercera parte para la Cámara, la tercera parte para el acusador y la tercera parte para el juez. ÁLVAREZ MARTÍN, Margarita. Personajes… Op. Cit., p.131.

[25] Ibídem, p.130. AGI. EC-497-C, pieza nº 23, s/n.

[26] Foto y comentarios proporcionados por PIZARRO GARISTO, Román. Op. Cit.

[27] Cuando se marchó a España, dejó allí a su hijo, que entonces tendría unos 7 años, en poder de su mayordomo Juan González. Después de la muerte de Hernán Vela no se volvió a saber de él, ni tampoco de ninguno de los bienes ý hacienda que dejó allí. Ibídem, p.155.

[28] ÁLVAREZ MARTÍN, Margarita. Personajes… Op. Cit.

[29] Puna: (quechua) Tierra alta, próxima a la cordillera de los Andes.

[30] Chuno, se trataría de chuño (quechua), patata helada y secada al sol. Las papas deshidratadas son muy usadas en los Andes. La quinua, son plantas cuyas hojas tiernas y semillas se comen. Diccionario de la Lengua Española 2001.

[31] En sus tierras no se cultivaba el maíz, iban a por él por varias rutas a La Plata o en sus valles. En el maíz que le llevaban a Hernán Vela se constata que mucho de este ganado moría en el camino, cansado y por las bajas temperaturas (de las escarchas). El trayecto era tan duro que incluso muchos indios enfermaban y morían. Entre Arequipa y puerto de Chula lo transportaban en llamas. ÁLVAREZ MARTÍN, Margarita. Personajes… Op. Cit., p.152.

[32] Entre los alimentos que le daban a Hernán Vela figuran: pescado, lechiguana, huevos de pato y gallinas, merenguillos de miel, perdices, huevos de la laguna, ovejas y corderos. Como animales de carga figuran ovejas y carneros. Ibídem, p.151.

[33] Román Pizarro señala que muchos indios procedía de lugares diversos, como los que pertenecían a la provincia de Carangas (Caingas). En general, los pueblos a los que pertenecían se encontraban en la ruta de Potosí-Chile-Arica. PIZARRO GARISTO, Román. Op. Cit.

[34] En Potosí el Cerro minero de Aullagas, haría perdurar el nombre de los indios que lo explotaron.

[35] ÁLVAREZ MARTÍN, Margarita. Personajes… Op. Cit., pp.142-150.

[36] Después Hernán Vela mandaría que le curasen las heridas con “ají”. Ibídem.

[37] En el pleito figuran como “carneros”, pero éstos no llevaban cargas. Serían llamas, animales potentes para la carga, como los siguen utilizando en la actualidad los aullagas, para realizar el trueque viajando hasta los Valles de Cochabamba, Sucre y Potosí, intercambiando la sal por maíz, trigo y otros productos (PIZARRO GARISTO, Román. Op. Cit. Similitud que también se refleja en el libro de Guaman Poma de Ayala. CHARLES, Jhon; ADORNO, Rolena. Tabla de dibujos de la Nueva Corónica y buen gobierno de Guaman Poma. [en línea]. [Consulta: 29-4-06].

[38] ÁLVAREZ MARTÍN, Margarita. Personajes… Op. Cit.

[39] ABERCROMBIE Thomas, A. “La perpetuidad traducida: del “debate” al Taki Onqoy y una rebelión comunera peruana”, pp. 82-9. En DECOSTER, Jean Jacques (Ed). Incas e indios cristianos. Elites indígenas e identidades cristianas en los Andes coloniales. Cuzco: Jean-Jacques Decoster, 2002, pp.79-120.

[40]De 1550 data una lista de restituciones judiciales en contra de los encomenderos de Charcas, con el importe de diferentes restituciones que oscilaban de 70.000 a 5.000 pesos. Entre ellos figuran: Lope de Mendieta (encomienda de Chuquicota), Pedro y Francisco de Isasaga, (encomienda de Colquemarca y Andamarca), Antonio Álvarez (encomienda de Orinoca), Hernán Vela (Aullagas), don Pedro de Portugal y Diego Pantoja (Quillacas y Asanaques), Lorenzo de Aldana (Paria), Gómez de Solís (Tapacari), General Hinojosa (Macha), don Alonso de Montemayor (Sacaca y Charcas), Martín Robles (Chayanta), Gómes de Alvarado (Pocona), Pero Hernández Payagua y Pedro de Portugal (Poxo). Con un importe total de 560.700 pesos. (Real Academia de la Historia (en lo sucesivo RAH.) Col. Muñoz, Cosas del Perú. Tomo 65 [A/92]:19:196r-197v, de Diego de Ocampo. ABERCROMBIE, Thomas. “Tributes to Bad Consciente: Charity, Restitution, and Inheritance en Cacique and Encomendero Testaments of Sixteenth-Century Charcas”, p. 260. En KELLOGG, Susan; RESTALL, Mattew. Dead Giveaways. Indigenous Testaments of Colonial Mesoamerica and the Andes. Utah: University of Utah Press, 1998 b, pp.249-289. En la actualidad se encuentra en la Real Academia de la Historia con la siguiente signatura: folio 198 del tomo 47 (A-92) signatura: 9/ 4826.

[41] PRESTA, Ana María. Los Encomenderos…Op. Cit., p.144.

[42] RAH. Colección Muñoz, Cosas del Perú, tomo 65 [A/92]:83r. ABERCROMBIE, Thomas. Tributes… Op. Cit., p. 285.

[43]Apuntamientos para el buen gobierno y asiento del Pirú. Ibídem, p.260.

[44] AGI. EC-497-C, pieza nº 23, s/n. ÁLVAREZ MARTÍN, Margarita. Personajes… Op. Cit.

[45] Cuentas detalladísimas una de Cayo Copa y la otra del curaca don Juan: 23.385 marcos de plata (de los 170 indios que estuvieron en Potosí), 290 piezas de ropa de abasta, 230 medias anegas de chuno, 456 ovejas en Potosí y 38 ovejas en el Rancho, 1514 huevos de la laguna, 384 amytos de pescado y 2 cargas de “indio sal”, etc. En total el fiscal Gaspar do Campo, como tutor y curador de los curacas le pidieron a Hernán Vela por la demasía de tributos, 630.815 pesos y 4 tomines de plata, por las cacillas, mantas, molino, casas y todo lo demás que le dieron. Hernán Vela respondió a estas acusaciones diciendo que eso había sucedido antes de la tasa, que no las había llevado y las que llevó fue porque los indios eran ricos y que los demás encomenderos llevaban tanto o más. Que después de la tasa (1549) no llevó más de los indicados. ÁLVAREZ MARTÍN, Margarita. Personajes… Op. Cit., pp. 151-153.

[46] Ibídem. Casi todos los indios declaran en el juicio contra Hernán Vela, salvo dos o tres que declararon a su favor. De los que hablaron en su contra se dice que fue a instancia de los españoles que declararon en contra de él, “…que los indios del repartimiento de Hernán Vela fueron sobornados indicados y atraídos por parte del dicho P. Loaysa clérigo y por parte del licenciado León, o del dicho Baltasar Mejía o del dicho Juan de Barrientos que testificasen en esta causa en contra de Hernando Vela e dijesen contra él que les había descalabrado y maltratado llevándoles tributos demasiados…”. AGI. EC-497-C. Pieza nº 21, f.36.

[47] Los tuvo sin adoctrinar, sin bautizar, aunque se le insistía en que les pusiese clérigo o religioso, o un buen español de “buena vida y ejemplo”. Ibídem, p. 155.

[48] Ibídem. G. de Acevedo, testigo en el juicio. AGI. EC-497_C. Pieza nº 21, f.29.

[49] Ibídem, p.154. AGI. EC-497-C. Pieza nº 21, f.30

[50] Ibídem.

[51] En este sentido se puede interpretar la muerte del general Pedro de Hinojosa[51], corregidor y justicia mayor en Charcas, que fue asesinado en 1553 por un grupo de conspiradores, que irrumpió en su casa para matarle mientras dormía y robarle todos sus caudales. PRESTA, Ana María. “Orígenes de los linajes de La Plata (Audiencia de Charcas), 1540-1640. La familia Hinojosa, Extremadura y América en clave mestiza”. Revista de Estudios Extremeños. [en línea] Número II, Mayo-Agosto 2005, Tomo LXI. Badajoz: Departamento de Publicaciones Excelentísima Diputación Provincial, 2005, pp.591-604. [Consulta: 20-3-2006].  

[52] Escritura de la venta y privilegio de Siete Iglesias por la princesa Juana de Portugal, en nombre de su hermano Felipe II, (Bruselas, 29-4-1558), con todos sus vasallos y jurisdicción civil y criminal. ÁLVAREZ MARTÍN, Margarita. Personajes… Op. Cit., pp. 96-99. Todo lo referente a esta villa castellana se puede encontrar en ÁLVAREZ MARTÍN, Margarita. La villa de Siete Iglesias de Trabancos. Valladolid: Diputación, 2002.

[53] Murió el 30 de julio de 1559 en Valladolid. Nombró por testamentarios a Diego López de Zúñiga de Salamanca y al padre Pedro Muriel de Alaejos. Su cuerpo fue llevado a enterrar a la capilla mayor de la iglesia de San Pelayo de su villa de Siete Iglesias. ÁLVAREZ MARTÍN, Margarita. Personajes… Op. Cit., pp. 101-108.

[54] Ibídem, pp.183-184.

[55] Ibídem, pp.163-170.

[56] Ibídem.

[57] Con la visita del virrey Toledo se estableció que los pesos pertenecientes a los indios se guardasen en las Cajas de la comunidad de cada uno de los cuatro pueblos de aullagas. Además se estipuló la presencia de 3 sacerdotes: uno en la Villa Real (Pampa Aullagas, creada en 1563 por Pedro de Zárate), otro que evangelizaría a las gentes de San Pedro de Condocondo en los Asanaques y a los de Santiago de Guari (San Pedro de Condo y Santiago de Huari), y el tercero en Salinas de Tunopa llamado después San Pedro del Villar y luego San Pedro de las Salinas, conocido en la actualidad por Villa de Garci Mendoza (fundada en 1604 por J. Gutiérrez de Garci Mendoza). MARTÍN RUBIO, Mª del Carmen. “Aullagas, un pueblo muy rico del altiplano boliviano”. En ÁLVAREZ, BARTOLOMÉ. De las costumbres y conversión de los indios del Perú. Memorial a Felipe II (1588). Madrid: Ediciones Polifemo, 1988.

[58]Esta caja debía estar en casa del curaca principal. La caja tenía 3 departamentos, en uno se ponían los libros y escrituras, en otros la plata de la tasa y en el último la plata de la comunidad. Esta caja se cerraría con 3 llaves, una la tendría el curaca principal, la otra el escribano del concejo y la otra el corregidor de ellos. Ibídem, pp. 50-51.

[59] De la enorme fortuna de Hinojosa, estos hijos mestizos heredarían sólo la sexta parte de su patrimonio, y el prestigio social de enorme peso por el apellido paterno que llevaban. Pero el grueso de la herencia no lo pudieron disfrutar al reclamarlo sus hermanos y sobrinos desde España, que lo disfrutaron sin haber puesto un pie en tierras peruanas. PRESTA, Ana María. Orígenes… Op. Cit.

[60] ABERCROMBIE, Thomas. La Perpetuidad Op. Cit.

[61] ABERCROMBIE, Thomas. Pathaways… Op. Cit., p. 603.

[62] RENZO, Honores. La asistencia jurídica privada a los señores indígenas ante la Real Audiencia de Lima, 1552-1570. [en línea]. Dallas: Latin American Studies Association, 2003. [Consulta: 9-4-06].

< http://www.uoregon.edu/~caguirre/Honores.pdf>.

[63] Ibídem.

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VIFORCOS MARINAS, María Isabel; PANIAGUA PÉREZ, Jesús. El leonés don Cristóbal Vaca de Castro. Gobernador y Organizador del Perú. León: Hullera Vasco-Leonesa, 1991.

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ARTÍCULO PUBLICADO EN: VARELA MARCOS, Jesús (Coord.). Cristóbal Colón y el Descubrimiento del Nuevo Mundo. “V Centenario de la muerte del Almirante en Valladolid”. Valladolid: Mª Monserrat León Guerrero, 2006., pp. 95-103. El texto publicado en este blog es una versión corregida del que apareció en el citado libro.

FOOGRAFÍA DE PORTADA

Grabados de Teodoro de Bry. Ingreet Juliet Cano "Imagen del cuerpo desnudo. Acercamiento a algunos dibujos y grabados del siglo XVI", en Revista Chilena de Antropología visual nº 3 (2003)

http://www.antropologiavisual.cl/articulo%20ingreet%20cano/imprimirIMAGEN%20DEL%20CUERPO%20DESNUDO.htm

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LA AUTORA

Margarita Álvarez Martín es licenciada en Historia por la Universidad de Valladolid. En la actualidad cursa estudios de doctorado.

El espacio de investigación de la sobredotación intelectual es otro campo de su interés en el que desarrolla una intensa actividad.


Publicaciones


Libros

Historia de Castrejón. Valladolid: Diputación de Valladolid, 1994.

La villa de Siete Iglesias de Trabancos. Valladolid: Diputación de Valladolid, 2002.

Personajes Relevantes por Tierras de Medina: Entre Medina y Siete Iglesias de la familia del Cid a los Indios Aullagas del Perú. Valladolid: Diputación de Valladolid, 2003.


Artículos en libros

“Situación de los niños con sobredotación intelectual en España”, en ALONSO, Juan A. The International policy of education. The World of Information: Oportunities and Challenges for the gifted and talented. The 14 th Biennial Conference of the World Council for Gifted and Talented Children. Barcelona: Juan A. Alonso ED.D & Yolanda Benito, Ph.D., 2001.

“Situación de los niños con sobredotación intelectual en España”, en ALONSO, Juan A.; RENZULLI, Joseph; BENITO, Yolanda. Manual Internacional de Superdotados, Madrid: Fundamentos Psicopedagógicos, 2003, pp. 221-240.

“Justicia para los indios: los aullagas del Perú contra su encomendero”, en VARELA MARCOS, Jesús (Coord), Cristóbal Colón y el Descubrimiento del Nuevo Mundo. “V Centenario de la muerte del Almirante en Valladolid”. Valladolid: Mª Monserrat León Guerrero, 2006., pp. 95-103.


 Artículos en periódicos y revistas

“Mirando un Pueblo”, en Argaya. Nº 2. (1989), pp. IV-V, y en el diario de Valladolid El Norte de Castilla. 6-VI-1990, página central.

“Entrevista a María Kodama” y “Entrevista a Darío Álvarez” sobre Jorge Luís Borges, en Amanece. Nº 1 (dic. 1999), pp. 4-5. Especial del congreso “Versos de oro y sombra. La poesía de Borges en el espejo de los poetas de hoy”.

“¿Qué opinan los padres al respecto?” en Ilustre Colegio Oficial de Doctores y Licenciados en Filosofía y Letras y en Ciencias”. Colegio Profesional de la Educación. Nº 148. (oct. 2003), p.28.

 “Alumnos Supertodados, el derecho a recibir la educación que necesitan” y “Pulso a la Historia”, en Artículo 20. Nº 40. (2004), pp. 12-13 y pp.16-17.

“Mariano Barbacid, director del CNIO”, en Artículo 20. Nº 41. 2004, pp. 14-15.

“De viaje con el Che”, en Artículo 20. N. º42. 2004, pp. 40-41.

“De regalo la espada del Cid por el casamiento de Isabel”, en Argaya.  N º 29. Monográfico de Isabel

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